55° FESTIVAL DE GIJÓN: VALIE EXPORT, EUGENE GREEN, PETRA VOLPE Y KARIM MOUSSAOUI

This entry was posted on November 20th, 2017

Invisible Adversaries, Valie EXPORT

Por David S. Blanco

Avanza el FICX y nos adentramos en una tercera jornada un tanto decepcionante. La primera cinta del día fue la argelina Until The Birds Return, competidora en la sección oficial y participante en Un Certain Regard del festival de Cannes este mismo año. La quinta película de Karim Moussaoui es un críptico de historias que se relacionan entre sí, sin aparente conexión y con lugares abiertos para excursiones y salidas incluso del género dramático. Podemos ver largos números musicales que interrumpen drásticamente el velo dramático sobre el que se sustenta toda la película, uno en concreto, que parece sacado de la inclasificable Holy Motors de Leos Carax. Aunque aparentemente esta película no puede ser más opuesta a la del director francés.

Moussaoui realiza un ejercicio de cine social y contenido, seco, como una radiografía de varias capas sobre la realidad de su Argelia natal. La violencia, que es el eje central de su obra, se nos muestra de todas las formas posibles, desde la verbal a la física, pasando por la omitida y aceptada. El problema que le veo a esta cinta, es que, a nivel formal, me resulta extremadamente plana. Aunque la temática que aborde esté tan localizada en un país como Argelia, los movimientos de cámara, y la planificación, parecen una especie de versión internacional estándar por la que se rigen una gran mayoría de películas actuales. No hay ni un solo cuadro amenazante, estimulante, o enigmático para el espectador. Todo es crudo, seco y hostil. Posiblemente, como la realidad que él mismo quiere describir, y aunque sea consecuente, no entusiasma.

Invisible Adversaries, Valie EXPORT

Parece increíble que la mejor película del día – y probablemente, de todo el festival – sea una que fue rodada hace cuarenta años. El festival de cine de Gijón ha tenido a bien de presentar en esta nueva edición una retrospectiva sobre la directora austriaca Valie EXPORT, una de esas autoras tan desconocidas, pero a la vez, tan apasionadas por el arte en su más profunda concepción.

En este caso, me dispuse a ver Unsichtbare Gegner (Invisible Adversaries) en una preciosa proyección de 16mm, con cambio de bobinas, y un proyector pesado, de esos que hacen un ruido constante y machacón. Era el entorno perfecto para darse cuenta de cómo seguimos yendo en retroceso, tanto en la vida, como en el cine. Resulta increíble que el trabajo de esta directora sea visto en pleno 2017 como algo transgresor, único, e impactante. Invisible Adversaries tiene en cinco minutos de metraje más creatividad que la que han tenido varios totems del séptimo arte a lo largo de su carrera, y todo esto, al servicio de una historia que algunos tildaron “Como si Godard hiciese una de ciencia ficción feminista”. Personalmente, me parece que Godard nunca ha hecho algo tan desenfrenado, y quizás la comparación debería venir de directores como Vera Chytilová o Konstantin Lopushanksy, compañeros -injustamente olvidados- de las atmosferas frías, enigmáticas y abstractas.

La película, como ya he apuntado, es un festival audiovisual. Hablamos de una película de bajo presupuesto en 1977, y cuenta con sorprendentes juegos de transparencias por opacidad entre personas y cuadros estáticos, movimientos de cámara que parecen rodados con drones, una narrativa rota que se permite jugar mediante el montaje con el simbolismo poético -y provocador-de lo más cotidiano de nuestro día a día, y sobre todo, esa constante referencia a los elementos duales, sugiriendo en todo momento teorías tan dispares como que la protagonista sufra algún tipo de trastorno mental esquizofrénico, o que la tierra esté siendo invadida por unos seres que han sabido camuflarse entre los humanos y son altamente indetectables.

Sea cual sea la interpretación del espectador, uno solo puede rendirse ante la valentía y la falta de tabúes a la hora de tratar temas como el sexo, o la experimentación del cuerpo humano. Para EXPORT, parece que el cuerpo no es más que el envase de un alma voluble, perdida en una realidad que desconocemos y que aún está por explorar. Y añadiría, para EXPORT, parece que el cine, no es más que un contenedor que recoja al resto de las artes, para intentar explicar una realidad que se cuestiona y desconoce, y que, por suerte para los amantes del cine, aún está por explorar. Dudo que vaya a ver algo mejor en este festival.

Attendant les barbares, de Eugene Green

Tras la cinta de EXPORT, tocaba pasarse por quizás el gran plato fuerte de la competición de este festival, el estreno mundial de En Attendant les barbares, del cineasta radicado en Francia, Eugene Green. Esta cinta, que el propio director califica como cine de autor, nace de un taller con doce actores que no se limitaron simplemente a actuar durante el rodaje, sino que tuvieron funciones de eléctricos, scripts o auxiliares de los distintos departamentos cinematográficos.

Con esta base, Green articula una historia con los elementos mínimos del lenguaje. Toda la película funciona a través de tres escalas estáticas, con planos medios como eje principal de la historia, primeros planos para acentuar el énfasis de alguna expresión, y generales para reubicar la acción en el espacio. Estas escalas funcionan a través de un sencillo sistema de plano-contra plano, con la clásica peculiaridad del cine de Green, de que estos contra planos son frontales y directamente perpendiculares a la cámara. Los actores nos hablan directamente a nosotros.

Y la historia, que comienza con un grupo de seis personas pidiendo asilo ante la llegada de unos barbaros, es una búsqueda de la luz a través de las tinieblas por parte de sus protagonistas. Con tan solo un espacio oscuro e indeterminado, y una iluminación básica a contraluz, Green consigue crear un relato seco y cómico sobre las realidades sociales – y terrenales- en las que estamos sumergidos en nuestro día a día, desde la importancia de la tecnología hasta la escala social a la que pertenecemos.

Quizás el gran pero de la película, emerja a partir de la segunda mitad, cuando Green toma la decisión de enviar a nuestros protagonistas a visionar una representación teatral del texto Jaufré. Durante la última media hora de película, asistimos a una representación en verso con un alto componente teatral, que indaga en la importancia de la vida tras la muerte, a través de las pinturas barrocas de Nicolas Tournier.

Y en este último tramo, ese minimalismo en la puesta en escena de Green se empieza a tonar demasiado simple, al no verse aprovechados ninguno de los elementos del lenguaje que te aporta una película. Lo que hace bien, pero el sonido no tiene ningún papel más allá que acompañar los movimientos de los personajes, la música brilla por su ausencia, y el montaje solo cose planos estáticos, pero no crea relaciones entre ellos. Green crea una obra que se queda a medio camino entre el teatro y el cine.

Y tocaba finalizar la irregular jornada con The Divine Order, la segunda película de la suiza Petra Volpe y una nueva competidora en la sección oficial del festival. La cinta nos lleva a 1971, cuando en la supuestamente avanzada Suiza, las mujeres aun no tenían el poder de ejercer el derecho a voto. Ante esta situación, Volpe nos ensambla una película cuyo adjetivo más repetido seria “amable”, por su ligereza en la planificación, los diálogos, las situaciones o el uso de su música, pero que yo antes calificaría como prescindible. Porque la cantidad de lugares comunes a los que asistimos en esta cinta, es para record mundial. Desde los maridos autoritarios que quieren una esclava en la cocina, a mujeres “mojigatas” que viven bajo la férrea dictadura religiosa y que observan con sorpresa cualquier referencia sexual, todo esto, bañado bajo un barniz blanco y en típico componente de historia reivindicativa, de mostrar colectivos unidos, manifestaciones y el subtítulo “basado en hechos reales”.

Ni el acercamiento, ni el planteamiento formal llega a ser mínimamente interesante en ningún momento en The Divine Order. Entiendo que la temática feminista sería mucho más interesante si se abordase en el presente, y no en el pasado, pero da igual, yo solo quiero ver la filmografía completa de Valie EXPORT.