BAFICI 2017: LIBERAMI Y EL ESPANTO

This entry was posted on April 26th, 2017

Por Mónica Delgado

Tanto en Liberami como en El Espanto las creencias y supersticiones son la materia prima para lograr la desnudez de un par de comunidades que parecen vivir atrasadas en el tiempo. Si bien ambos films optan por diversas miradas y estilos del documental, sus diferencias se afianzan de manera contundente en el modo en que abordan la fe y la persistencia de sus personajes ante la situación que los agobia.

Liberami, film de la competencia internacional del Bafici de este año, se propone como un film de seguimiento a un grupo de “poseídos” en una pequeña comunidad al sur de Italia, en Palermo, que acuden a la parroquia del padre Cataldo, franciscano y septuagenario, quien más que exorscista se vuelve en consejero espiritual o en improvisado psicólogo. Cataldo más allá de los rituales de agua bendita y crucifijos, se impone como un ente moral que va ayudando a los “poseídos” a resolver problemas de diversa índole, desde dilemas de acreedores en cobro de deudas, niños con hiperactividad, o infidelidades. Su labor se va desacralizándose para volverse un oficio terrenal, de asesoría marital o incluso de expertise psiquiátrica.

La mitología o imaginario del exorcismo queda aquí subvertido, transformado en un matrimonio masivo entre las palabras bíblicas y los efectos de la unción, donde los creyentes comparten histeria y actos de liberación. La sala de espera de la iglesia se torna espacio de encuentro entre los fieles, sobre todo mujeres que acuden a las ceremonias de sanación semanalmente, como si fuera un club donde se pueden compartir de las experiencias de posesión.

La cineasta Federica di Giacomo elige no mostrar el rostro completo de algunos “poseídos” y más bien los presenta como entes en éxtasis, eufóricos, viviendo su “posesión” en las sesiones que el padre Cataldo organiza para hacer exorcismo a granel. La cineasta prefiere mostrar más a mujeres que se vuelven gatos, adolescentes que escupen o dispuestas a lanzar algún puñete. En ese sentido el documental afirma este paradigma de la histeria femenina en ebullición, como una sensibilidad inherente a punto de estallar en cualquier momento, mientras los hombres que acuden donde Castaldo se asumen racionales, con demandas terrenales concretas y sin evidencia de desbordamientos. Lo esencial de este film está en la manera en cómo la cineasta propone un tiempo detenido, como si la edad media con su oscurantismo hubiera tomado posesión pero de la racionalidad del siglo XXI. Una vuelta a los miedos internos y primarios.

El valor de Liberami está en el diálogo que se establece entre estas asesorías antisatánicas y antiposesiones del franciscano Cataldo, de vida frugal y coherente con la orden que profesa, con las escenas del congreso de exorcistas, que reúne a todas las facciones de la iglesia católica, desde las más progresistas hasta las más conservadoras, donde el mismo acto de arrancar demonios a los fieles se ha vuelto un método para seguir captando adherentes o mantener el poder mismo de la iglesia.  Sin embargo, para Cataldo, las sesiones de exorcismos se traducen en un verdadero contacto con la comunidad, que puede extender incluso a través de un teléfono móvil (con exorcismos delivery o en tiempo real), y que lo conectan con la esencia de su religión a partir de una idea primigenia: la lucha entre el bien y el mal.

Por otro lado, El Espanto parte de una premisa similar, la de demostrar el atraso frente a la racionalidad o la ciencia pero aquí desde una serie de testimonios a habitantes de El Dorado, un pueblo argentino atorado en el tiempo. Si en Liberami se muestran esta aversión por acudir a un especialista y la opción de acudir a los consejos del cura del barrio como una posibilidad creible, en El Espanto queda expuesta la necesidad de apostar por los milagros de la curación casera, de los rituales con sapos y gallinas para la cura de enfermedades, antes que acudir a un médico, pero con una mirada que parece no compartir ni respetar las creencias de los entrevistados: las extraen, las muestran, pero solo para confirmar que se trata de seres que aún viven de espaldas a la ciencia.

Para los cineastas de El Espanto no hay necesidad casi de mostrar los ritos de curación, sino que confían en el poder de lo que los habitantes de El Dorado narran. Y allí se pierde la posibilidad de rastrear el valor de la curación para estos pueblerinos, se deja de lado lo físico de estos procesos de sanación y se apuesta por darle un peso a los testimonios (de personajes listos para el retrato, mirando a la cámara), que si bien crean una nueva capa de significados no permiten que el espectador compruebe o verifique la  naturaleza de estas creencias, que se asumen como prácticas religiosas y de fe. Así, vamos descubriendo los miedos, las costumbres, los prejuicios, que no se cuestionan sino que en algunos momentos se ridiculizan y que permiten asumir la tesis de los directores de antemano: que el espanto, la enfermedad que no tiene casi cura, es apenas una experiencia intangible, soñada, que no se puede registrar, observar sino solo mencionar. Creencias sobre creencias.

Dirección: Federica di Giacomo
Dirección de Fotografía: Regine De Lazzaris, Carlo Sisalli Guión: Federica Di Giacomo, Andrea Sanguigni Sonido: Mariano Blanco, Mirko Cangiamila, Danilo Romancino Edición: Aline Hervé, Edoardo Morabito Productor: Mir Cinematografica, Opéra Films
Italia Francia, 2016
Directores: Martín Bechimol y Pablo Aparo