BAFICI 2018: MOCHILA DE PLOMO DE DARÍO MASCAMBRONI

This entry was posted on April 10th, 2018

 

Por Pablo Gamba

Darío Mascambroni vuelve a participar en la competencia argentina del Bafici con Mochila de plomo (2018), su segundo largometraje. Hace dos años la ganó con su ópera prima, Primero enero (2016). El realizador, quien es parte del nuevo cine de la provincia de Córdoba, estrenó ambas películas en la sección Generation Kplus del Festival de Berlín. Se trata de filmes protagonizados por niños y que relatan momentos decisivos relacionados con la figura paterna.

Tomás, el personaje principal de Mochila de plomo, al comienzo es presentado como un jovencito de 13 años que juega como cualquiera de su edad. Pero tiene noticia de que está por salir de la cárcel el asesino de su padre, y una pistola y balas llegan a sus manos. Se entera, además, de dónde podrá enfrentarlo.

La narración comprende encuentros del protagonista con varios adultos, con los que tiene conversaciones en las que tratará de aclarar la imagen borrosa de su padre. Se le siente llevar un peso cada vez mayor a la espalda, como la metáfora del título. Pero todo está calculado en función del momento culminante. No es la tensión incómoda y misteriosa que se iba revelando en el filme anterior.

Mochila de plomo contrasta también por su trama de venganza con Primero enero, que seguía el tiempo que pasaban un padre y su hijo en el campo, en vísperas de la venta de una casa de veraneo por divorcio. La de la segunda película no es una narración dispersa o débil, que dé espacio a la observación de cómo se desenvuelven los personajes en sus circunstancias, ni a la característica deriva moderna, que expresa la angustia del que afronta una situación límite.

Si en su ópera prima Darío Mascambroni se presentaba como un prometedor continuador de la vertiente del nuevo cine argentino inspirada en el neorrealismo, la segunda película representa un giro hacia un cine igualmente austero pero en el que lo genérico canaliza la sensibilidad. La mayor virtud de Mochila de plomo es, por ende, también uno de sus dos principales problemas: haber hecho relucir las dotes de Facundo Underwood como niño actor, en contraste con la observación amorosa del personaje de Primero enero.

El otro problema es que en esta película se vuelve una vez más la mirada hacia la pobreza para contar historias sobre el crimen. Es algo que tiene en común con otro paradigma del nuevo cine argentino, Pizza, birra, faso (1998), aunque sin personajes como los de Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro. Hay que apreciar, sin embargo, la distancia marcada por Mascambroni –al igual que por los realizadores de esa otra película– con la pornomiseria y la estetización de la violencia que han marcado el cine latinoamericano sobre la marginalidad.

Competencia argentina
Dirección: Darío Mascambroni
Guion: Darío Mascambroni, Florencia Wehbe, Pipi Papalini
Producción: Fernanda Rocca, Darío Mascambroni
Fotografía: Nadir Medina
Montaje: Lucía Torres
Sonido: Martín Alaluf
Música: Jerónimo Piazza, Jorge Nazar, Rimando Entre Versos
Interpretación: Facundo Underwood, Gerardo Pascual, Agustín Rittano, Elisa Gagliano, Oswaldo Wehbe, Rubén Gattino
Duración: 68 minutos
Argentina, 2018