CANNES 2017: LAS HIJAS DE ABRIL O LAS MATERNIDADES EXTREMAS

This entry was posted on May 30th, 2017

Por Anne Wakefield Hoyt

Producto de sociedades rurales, los cuentos de hadas clásicos representan a las brujas como ancianas feas. En el campo de la Europa medieval de donde surgen esos relatos, ser vieja—estéril—era ir en contra del orden natural de las cosas, de  la fecundidad de la tierra. Las Hijas de Abril indirectamente se refiere a ese atavismo cuyo eco nos llega en  las historias con los que crecimos. Abril (Emma Suárez) es una cincuentona, guapa; lejos de lo que en otros tiempos se consideraría vieja y fea, pero—a pesar de su nombre—ya no esta en la primavera de la vida. Su hija Victoria (Ana Valeria Becerril), de 17 años, por el contrario, sigue los designios de la naturaleza y esta embarazada. Estas dos fuerzas antagónicas se enfrentarán en un cuento de horror alejado de la visión estereotipada de la entrañable relación madre/hija.

Antes de ver a Victoria, la escuchamos. Mientras su media hermana, Clara (treintona y descuidada), prepara el desayuno, Victoria gime de placer a través de una puerta al fondo de la cocina. Victoria surge de la recamara desnuda, satisfecha, sonriente. Bella, con su largo cabello rubio, Victoria se pasea por la estancia sin cubrirse revelando de repente su avanzado estado de ingravidez. Tras de ella surge el responsable de los gemidos (y de que este encinta), Mateo (Enrique Arrizon), también de 17 años. Las hermanas viven solas en una casa en Puerto Vallarta, un pueblo de la costa del Pacifico mexicano. También escuchamos a Abril antes de verla, a la distancia; a través de una llamada que le hace Clara. Significativamente, Victoria no quiere hablar con ella. Su madre, se nos sugiere, es una figura ausente; desconoce el estado de su hija. Ante la realidad económica que se hace cada vez mas apremiante, Clara decide llamar a Abril y revelarle la situación.

Así, como el viento, llega de repente Abril, alegre, optimista, en plena forma. La mujer acepta sin juzgar el embarazo de Victoria. Su presencia es recibida con beneplácito por ambas hijas y nada parece indicar un historial de dificultades que justifique hechos futuros. Se menciona de pasada al padre de Victoria,  un hombre 15 años mayor que Abril, quien se ha vuelto a casar con una mujer mucho más joven con quien tiene dos hijos pequeños. A abril también le tocan los gemidos de placer de Victoria en la mañana. Su reacción es acercarse a la puerta para escuchar mejor y reírse divertida. Un incidente que no podría significar nada, pero que en retrospectiva veremos como es quizás el principio de una situación que, literalmente, se saldrá del quicio de la puerta.

A pesar de la enorme responsabilidad que se les viene encima, Victoria y Mateo no parecen muy preocupados, el embarazo para ellos es el producto natural de su amor. No saben como lo mantendrán, pero si que formarán una familia.  Abril no solo ofrece apoyo emocional sino económico a su hija. Hay indicios muy sutiles de una disfunción en la conducta maternal. Por ejemplo. Abril obliga a Clara a ponerse a dieta y vigila lo que come, preocupada más que la muchacha misma de su apariencia física. Cuando se hace evidente que los jóvenes necesitaran mas ayuda financiera que la que ella les puede dar, Abril decide ir a buscar al padre de Victoria. Antes de tocar el timbre, Abril observa por la reja una escena de armonía familiar. El hombre (José Ángel García) departe alegremente con su esposa e hijos. Advertido de su presencia, García se acerca agresivamente a Abril y le prohíbe la entrada a su casa, cerrándole también simbólicamente la puerta a la posibilidad avizorada de rehacer su vida con una nueva familia.

El nacimiento de la niña de Victoria hace aun más patente la situación de Abril, y de cómo, la naturaleza la rinde, a pesar de su apariencia juvenil, infértil—en más de un sentido. El giro aventurado que le da el director y guionista Michel Franco a la historia, convierte a Abril, que es española, en un modelo de madre que se resiste al heredado en la tradición cinematográfica mexicana. Solo entendido en un sentido alegórico se puede justificar lo que sigue en  Las Hijas de Abril  porque visto literalmente acusaría una falla de guión por implausible. Es decir, los números no sumarían, aunque los símbolos estén ahí. Elevado del todo impersonal y frio de la narrativa, podemos intuitivamente sumar las señales. Abril llega con las mejores intenciones de poner orden, pero la voluptuosidad del lugar, la vegetación exuberante y la naturalidad con la que los jóvenes viven su sexualidad, conspiran para despertar ecos de un asunto que psicológicamente es siempre problemático para las mujeres: aceptar que su ciclo fértil ha terminado. Europea moderna, liberada y racional, Abril se niega a aceptar el rol que tradicionalmente en las sociedades rurales se les daba a las abuelas  (quedarse atrás cuidando a los niños, mientras los hombres y mujeres jóvenes salían a trabajar la tierra). Al final, ni a Abril—ni al guion—le quedaba de otra que asumir el papel que se les daba a las viejas en la imaginación: ser la bruja del cuento.

UN CERTAIN REGARD
Director: Michel Franco
Escrito por: Michel Franco
Fotografía por: Yves Cape
Editado por: Michel Franco, Jorge Weisz
Cast: Emma Suárez, Joanna Larequi
Premio del jurado – Un Certain Regard
México
103 min
2017