CINÉMA DU RÉEL 2017: MARTIRIO DE VINCENT CARELLI, ERNESTO DE CARVALHO Y TATIANA ALMEIDA

This entry was posted on April 3rd, 2017

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Por Aldo Padilla

El exterminio de los pueblos indígenas en Latinoamérica no cesó con la independencia de España. La colonización se ha arrastrado por mucho tiempo, y el poder contemporáneo no ha logrado adaptarse totalmente a aquello que se presenta de forma distinta, a lo que no se moldea a los cánones impuestos con la occidentalización, y parece que todo aquello que representa una amenaza al supuesto equilibrio adquirido en los últimos años debe ser exterminado. Esta idea aparece representada en Silencio de Martin Scorsese, donde Occidente es visto como una amenaza frente a la zona de confort de las costumbres japonesas del siglo XVI, mientras que en el caso de Latinoamérica el agente externo es más antiguo que la sociedad actual. ¿Cómo combatir a algo que está tan arraigado en la tierra misma? Pareciera la paradoja de un árbol que buscar sobrevivir sin raíces.

En siglos pasados, las difusas fronteras entre Paraguay y Brasil dieron lugar a que los indígenas guaraníes en ambos países se muevan libremente de un punto a otro. Recién en este siglo frente a la infinita maquinaria agrícola brasilera, Paraguay ha reclamado esa frontera para plantar campos inmensos de yerba mate, soja o el producto que demande el momento. Mediante todo tipo de triquiñuelas el gobierno brasilero ha logrado arrinconar en pequeños espacios a los pueblos del sur, cuya prueba antropológica de su antigua existencia son pequeños cementerios que guardan testimonio de algo que fue, frente a la negación del supuesto progreso, que en el caso de Brasil lleva irónicamente escrito en su bandera como excusa para cometer una serie de barbaries: “Ordem e progresso”.

El monumental trabajo del trio de directores de Martirio remite a un proyecto iniciado hace casi 30 años por Vincent Carrelli, que en el periodo de 1988 hasta 1995 tuvo un primer contacto con los indígenas guaraní-kaiowa, relación que se retomó quince años después para verificar el deterioro de su situación, donde tanto el gobierno como los terratenientes del lugar, tratan de desalojar a los indígenas de dichas zonas con amenazas, ataques y leyes totalmente injustas que simplemente dan migajas a cambio de la sumisión. La relación de los directores con el pueblo se siente cercana en el film y permite empatar con ellos mediante pequeñas historias que refuerzan la legitimidad de su demanda.

Frente a la búsqueda de la verdad de los directores se encuentra la manipulación de parte de la clase política, que se hace evidente en los distintos discursos donde se trata de mostrar a los pueblos indígenas del sur como una horda ávida de tierras, de una violencia extrema en desmedro del “pequeño empresario”, e incluso poniendo en duda la nacionalidad de dichos pueblos. La prensa se hace cómplice de este juego mediante videos que buscan manipular la verdad y también invisibilizando las demandas de dichos pueblos.

El plano que abre el film es una grabación en la cual Vincent Carrelli no logra entender el dialecto híbrido que utilizan los indígenas, lo cual es un excelente recurso que se entiende como un inicio de camino. Casi al final del film el mismo plano se repite, pero con la respectiva traducción, lo cual también nos indica que en el desarrollo del metraje ha habido una evolución, una conexión con el pueblo indígena, el cual ya no se siente ajeno.

Competencia internacional
Directores: Vincent Carelli, Ernesto de Carvalho, Tatiana Almeida
Música compuesta por: Fausto Campoli
Productor: Olívia Sabino
Fotografía: Ernesto de Carvalho
Reparto: Oriel Benites, Myriam Medina Aoki, Celso Aoki, Tonico Benites
Guión: Vincent Carelli, Tatiana Almeida