CPH:DOX 2018. EXTINCTION DE SALOMÉ LAMAS

This entry was posted on March 23rd, 2018

Por Aldo Padilla

Somalilandia, Kurdistan, Transnistria, territorios imaginarios que, a pesar de una fuerte identidad como espacio unitario no tienen un reconocimiento internacional y cuyas fronteras se difuminan al salir de la mente de las personas que viven en esas zonas, que son propias y ajenas a la vez. La situación es aún más crítica en Europa del Este, donde en los últimos treinta años los países han ido apareciendo, desapareciendo, fragmentándose de forma que es probable que sus habitantes tengan una identidad que se aproxima más al regionalismo que al nacionalismo. Países y habitantes que se mueven siempre al borde de la extinción, si asumimos a las fronteras como un cuerpo que contiene al organismo vivo que es el país en medio de insurrecciones que quedan en el camino, ya que a medida que pasa el tiempo, este tipo de divisiones es visto más como algo anacrónico que no va acorde con la actualidad.

Salomé Lamas recorre nuevamente un escenario desconocido y deja de lado la relación del hombre y la naturaleza como forma de trabajo, para adentrarse en la extraña relación de pertenencia del hombre y su concepto de nacionalidad, a través de los restos de la enorme sombra que dejo a su paso la Unión Soviética, en medio de personajes que se perciben como fantasmas que reflexionan sobre el legado de la gigante nación que se derrumbó por el peso de su tamaño incontrolable.

El film se mueve entre constantes contradicciones, personajes que desean volver a ser parte de Rusia, otros que buscan su total independencia, y que solo muestra el explosivo coctel de aspiraciones nacionalistas presente en los Balcanes y la Europa oriental. La incontrolable diversidad de pueblos que aún no se deciden entre separarse más aún o reunificarse en una suerte de Frankenstein que parece no tener futuro.

Lamas enfatiza el desconcierto mediante un blanco y negro que denota una atmosfera sombría, llena de monumentos a punto de caerse, fronteras que van mutando a cada instante, pasaportes que no permiten el acceso a ningún lugar y añoranza a sistemas que han fracasado, y además consigue moldear el tiempo de manera de conseguir una forma casi parabólica, donde el pasado inmediato parece estar más lejos de lo que realmente esta y el futuro inmediato se ve lejano y difuso. Pantallas azules sin imagen donde los diálogos que se escuchan de fondo nos llevan a sentirnos escondidos en forma de una grabadora en el bolsillo de la directora, mientras se va definiendo si estamos en un país u otro. Y finalmente un protagonista que parece ser una mezcla de todas las sensaciones descritas entre la extrañeza y el cansancio, todo esto retratado con una estética cuyo extremo contraste nos lleva más al terreno del videoarte.

A pesar de cierta aridez del discurso político que manifiesta la película, las ideas visuales dominan un film sobre hechos y tiempos que parecen estar vagamente conectados, pero que nos llevan a entender ese país inexistente en medio de vecinos que lo niegan o desconocen, acompañado del apoyo explícito de la directora que busca reivindicar aspiraciones que el mundo occidental quiere acallar.

Directora: Salomé Lamas
Portugal, 2018
85 min