ENTREVISTA A MARC HURTADO: “FILM A FILM HE REALIZADO EL MAUSOLEO DE MI CINE”

This entry was posted on May 9th, 2017

Marc Hurtado

Por Mónica Delgado y José Sarmiento Hinojosa

La reciente edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) le dedicó un foco a la obra de Marc Hurtado, cineasta francés nacido en Marruecos, de origen español y siciliano, cerebro y corazón de la mítica banda Etánt Donnés, que consistió en catorce cortos y un largo bajo su nombre y dos trabajos con su hermano Eric bajo el nombre Etánt Donnes. Entre sus trabajos, se incluye el largometraje Jajouka, quelque chose de bon vient vers toi, considerada una obra clave del siglo XXI.

Conversamos con Marc Hurtado quien desgranó su cine a partir de su visión de lo divino y sus principales influencias.

Le Paradis Blanc (Etánt Donnés, 1984)

Desistfilm: Mostrar manos, es un motivo recurrente en tus cortometrajes. Pascal mencionó alguna vez algo así como que “el alma hace a la mano”: nuestras acciones y reflejos, la vida espiritual, cobrando una dimensión física. ¿Cómo es que tú optas por este motivo?

Marc Hurtado: Es simple y complicado a la misma vez. La primera vez que he filmado mi propia mano, fue por economía primero, porque no quería filmar otra gente que no fuese yo. Primero he filmado mucho mi cara, como reflejo del espacio, tal como puedo filmar gotas en el agua o reflejos en el agua. Intento filmar el macrocosmos dentro de este microcosmos. Ese gesto fílmico es un tipo de “ultra masturbación espiritual”, simplemente no permitía que otra gente ingrese a ese espacio. Además de eso, la cámara que me mira no es nada más que el lente que simula un espejo. Mi ojo y la luz van a rebotar en este espejo, ya que uno no puede ir más allá del espejo, es como un muro.

Al final he entendido algo muy simple: mi cuerpo era parte de la película misma, la película era una especie de cuerpo entero, que toda mi obra entera en 8mm formaba un gran cuerpo lleno de pequeños espíritus diferentes, y que al final terminan siendo una especie de tumba, ya que he ido construyendo mi propia muerte. Piedra por piedra hace uno su tumba y film a film he realizado el mausoleo de mi cine. Cuando desapareció la película de 8mm fue un hecho muy feliz, porque marcó una etapa final de la construcción de esta “tumba”. Hoy puedo salir y desde fuera proyectar estos filmes, son parte de una tumba limpia, hecha con pureza, filmes en los que siempre he seguido el mismo camino.

La mano tiene para mí muchas cosas interesantes dentro. En primer lugar las líneas: las líneas de la vida, la suerte y todo ello que la gente conoce. Pero para mí, más que eso, una mano que se abre y se cierra es la reproducción de un corazón, que también se abre y se cierra. En segundo lugar, es un acto mecánico final, el último acto del cuerpo, de los últimos puntos del cuerpo que te pertenece. Si tú puedes tocar algo que puede cambiar tu vida, es gracias a tu mano. Darle la mano a un hombre puede cambiar tu vida. Comer, coger algo, son gestos de algo que es totalmente vital. La gente dice que tenemos cinco sentidos, pero yo siempre he pensado que existe un sentido más, el sentido positivo, es decir, una línea dibujada directamente de tu cuerpo hacia el cosmos, los astros, una línea invisible que nos conecta. ¡Y ahí entramos a lo que decía San Juan de la Cruz! Aunque debo mencionar sin embargo que yo entré al mundo como ateo, sin creer en Dios pero luchando con él, insultándole, y poco a poco en mis películas he visto la imagen de lo que se puede sentir cuando uno tiene fe muy grande en algo superior, en algo transparente que vive en medio de nosotros. Mis películas me han permitido verme en este espejo y ver las fuerzas de la naturaleza.

La mano es ultra importante en mis películas porque es esa herramienta que toca las cosas, lo que penetra en las cosas y lo que intenta tocar cosas como el sol, o el espíritu, cosas que jamás podrá tocar pero que se puede mostrar. La mano es la herramienta que intenta tocar aquellas cosas que no se pueden penetrar, las fuerzas de la naturaleza y el espíritu.

Des autres terres souples (1974-1979)

Desistfilm: En Des autres terres souples, el corto que hiciste cuando eras adolescente, se nota más la presencia de la ciudad, hay más cemento, incluso en medio de los insertos de imágenes que filmó tu padre.. ¿Cómo haces la migración desde estos espacios urbanos y/o cerrados, hacia el espacio que ocupa la naturaleza en tus siguientes filmes?

Marc Hurtado: Esta primera película “Desde otras tierras soplas” (en español) es muy particular, porque, te puedes imaginar, tenía catorce años, y era muy joven. Yo tenía una obsesión increíble con la muerte. Pasé dos semanas en cama lleno de medicamentos para los nervios, ya que sentía voces que gritaban en mi cabeza. Cuando mi padre me hablaba bajo, sentía como si fuese un grito, y le pedía “¡por favor habla más bajo!”. Luego de estas crisis, me comenzó una obsesión por saltar desde mi apartamento para acabar con mi vida, ya que no le encontraba ningún valor. ¿Vivir para qué?: Ir a la escuela, tener trabajo un día, hacer deporte, todo OK con eso, pero, ¿dónde está el fuego mismo, ese fuego que te hace sentir vivo?

Más adelante, mi padre me hizo un regalo enorme. Me regaló su pequeña cámara de 8mm con la cual había filmado mi juventud con mi hermano Eric en Marruecos. Mi primer gesto con ese regalo fue encerrarme en una habitación y proyectar en mi vientre los filmes que hizo mi padre, mientras me filmaba el vientre a la misma vez. Esta proyección fue como hacerme un psicoanálisis, proyectar todo lo que mi padre me dio. Luego, ya que tenía temor a salir demasiado lejos, he filmado dentro de mi habitación, y he proyectado aquellas cosas que representaban mi prisión: mi entorno, mi padre, mi madre, a los que filmé durmiendo, estos rituales diurnos de café con leche. Todo eso a los catorce era demasiado para mí. Tenía que escapar. Lo intenté con la escritura, donde mis temas hablaban de la alquimia, los colores, formas de morir. Luego fui a filmar lo que estaba a los alrededores de mi casa, muchos trenes, que simbolizan para mí el partir, las montañas de Grenoble, que son como muros. He filmado todas las cosas que encontraba y luego proyectaba en mi habitación, solo para alimentarme de la luz, que era como comida para mí, un nuevo fuego. Ese fuego de la luz del proyector me dio la comida para ir más lejos. Finalmente acabé filmándome a mí mismo, como diciendo “aquí estoy, no tengo más palabras”. Pero ya había entendido algo: el fuego estaba aquí.  Este filme iba a ser el cimiento en donde iba a posar el resto de mis películas.

Tuve mucho miedo de ir a la naturaleza, no quería ir y observar tipo “que bonitas son estas flores”. Quería filmar la naturaleza como filmaba mi cuerpo, como mi alma, todo eso en un solo gesto. Todo eso es como un baile, una bola de fuego donde no hay distancia entre los elementos. Yo y el universo. Es una especie de explosión y de reducción también. Filmaba mi peso pero también el peso que tenemos en la espalda proveniente del universo, un peso que te puede ayudar para ir más lejos.

Blanche (1995)

Desistfilm: ¿Cuál es el proceso de la música dentro de tus trabajos? ¿La realizas antes, después de filmar?

Marc Hurtado: La música en mis películas es fundamental. Podemos decir que mis películas son 50% sonido y música y 50% imagen. Cuando he hecho mi primera película me he dado cuenta que la misma no podía vivir sin sonido, estaba como un cuerpo sin palabra, sin alma. Era un cuerpo que se podía mover, que tenía fuerza, pero que no tenía espíritu. Entonces he hecho música sin ver las imágenes (como lo he hecho muchas veces). He calculado cuanto tiempo duraba el film y he hecho la música sin ver la película con el mismo tiempo, eso sin pensar dónde iba a encajar cada parte. Todo ha caído por gracia y magia, que es lo más importante en mi trabajo, el momento en el que las cosas se reúnen: imagen con imagen, como yuxtaposición y la música con la imagen, son todas obras de la casualidad y la gracia. Hablamos de algo puramente espiritual: los sonidos, el mar, el agua, el viento son como un caballo y yo estoy sobre ese caballo, tratando de controlarlo. Pero siempre suelto las riendas, y donde vaya ese caballo yo le sigo, así es mi trabajo.

Para el resto de mis películas he escogido música que estaba ya aquí, que ya existía. La música de Royaume ya existía, y he cogido con los ojos cerrados, concentrado en nada más que la magia, la música, y todo ha encajado muy bien, más que bien, porque hay coincidencias exactas de segundo donde la imagen se corta al mismo tiempo que el sonido, por total casualidad. Todos los días digo gracias, no sé a quién, pero lo imagino. Como dice Rimbaud, “hombre piensa / alguien piensa por mí” (l’homme pensé). En cada momento que el hombre piensa, alguien piensa por él. Como Leonardo da Vinci, su trabajo es producto de una alquimia, de una magia total que cuando sale en la pintura misma alcanza el infinito. Esa mirada de la Gioconda escapa a las manos de Da Vinci, es otra cosa, es una especie de poder divino.

Desistfilm: Y eso también tiene que ver mucho con el proceso de “edición” que realizas, que consiste en exponer el film una y otra vez para superponer imágenes y entregarte, en tus palabras, a este proceso “mágico” que ocurre cuando vez el resultado final. ¿Tú crees qué ese sentido de lo “divino” intervino mucho en cómo se configuraban al final tus imágenes?

Marc Hurtado: Es algo muy gracioso, ya que en la primera película hay muy pocas sobreimpresiones, fue algo que fui intentando luego instintivamente sin pensar que era algo “experimental”. Para mí era simplemente cine, no tenía la cultura de eso.

Este proceso de yuxtaposiciones responde a una necesidad mía de hacerlo todo experimentando. Desde el momento que tuve acceso a mis primeros instrumentos musicales (vengo de una familia de músicos) no se me ocurrió aprender a tocarlos, sino a experimentar con los ruidos, los golpes, el sonido de cómo se destruyen… Luego hice ruidos con placas de hierro, ruidos con el agua, con las bocinas de la calle, gritos, todo eso era música para mí. La música de los pájaros por ejemplo, es la fuente de lo que llamamos loops, que para mí es la explicación de toda la vida y todo el mundo. Así se me ocurrió crear una sinfonía, pues ¿qué diferencia hay entre tocar un violín y tocar esta taza de café con la cucharilla? Para mí lo que hace la diferencia es el orden del caos. El caos que es la expresión máxima del orden. La forma de matemáticas más hermosa es la que se dedica a ver el universo, que es en sí la expresión del caos total, que a su vez es un orden totalmente increíble. Más que magia es fundirte con el agua, el sol, la naturaleza, para que este orden te coja y puedas vivir dentro de él. Es el orden quien nos manipula, la naturaleza.

Para estas cuestiones en mis films nunca he hecho montaje. Iba a comprar mis pequeñas películas de cinco minutos y hacía mi película. Si necesitaba un árbol con nieve esperaba meses y volvía a grabar con la misma bobina, dos, tres, cuatro veces. La primera vez que hice eso fue para experimentar, como un placer, pero el resultado fue tan enorme (el orden), y fue tal la perfección de lo impensado, que he dicho “no voy a pensar más mis películas, ellas van a pensar por mí”. En la orden del universo, éste va a ser el director de mis películas, y yo seré el espectador. Es así como se destruye el ego, llegando uno a ser una transparencia tan enorme que todas las fuerzas llegan a llenarte.

The Infinte Mercy Film (2009)

Desistfilm: Todo esto que hemos hablado de esta relación del artista y el cosmos nos lleva a preguntarte ¿con qué artistas compartes esta sensibilidad?, no solo como una influencia directa, sino en forma de una conversación no solo con el cine, sino con otras formas de arte.

Marc Hurtado: Pues la cosa es que de forma muy egoísta. Cuando he hecho mis films en 8mm de joven, lo he hecho con una visión del cine muy clásica, es decir en el sentido que por ejemplo, Fassbinder para mí es un genio total, quizá su cine no tenga nada que ver con el mío pero siento que por un lado compartimos el mismo espíritu rebelde y tenemos algo en común que es buscar el extremo, la transparencia total de las cosas sin compromiso.

Los pintores también me han tocado mucho: Da Vinci, Caravaggio, Fra Angelico… Pintores que me han tocado mucho por el uso del color, su forma de pintar el hombre y el universo.

Luego de eso he descubierto a Buñuel, Godard, los primeros filmes de Scorsese. Y un choque enorme fue cuando a los 20 años descubrí a Paradjanov. Con él sentí que había ya algo en común: la poesía, la forma de filmar. El filma en planos fijos, pero la poesía que hay dentro, esta forma de teatro… Porque tampoco he hablado de eso pero, yo no intento filmar la vida misma, más el teatro de la vida, el teatro ridículo de nuestra vida, una comedia que se acaba con la muerte. Eso he encontrado en sus películas, esa sonrisa, esa fuerza pánica y dionisiaca.

Mucho después conocí a Pelechian, que tiene una relación íntima también con la naturaleza. Su cine me abrió las puertas al cine experimental, un género que tiene muchas cosas interesantes, y difícil de delimitar. ¿Acaso Dreyer en The Passion of Joan of Arc no estaba haciendo algo experimental? Y a la misma vez es una obra tan clásica. Eso es para mí el punto más álgido de la belleza, ahí he visto realmente el origen de mis películas, en parte del cine expresionista. También encuentro puntos en común con Derek Jarman y Kenneth Anger, que ha hecho muchas películas fantásticas.

Alguna vez me dijeron “tu cine me recuerda mucho a Pink Narcissus”. No la conocía, y fui a verla. Era una película sobre la homosexualidad. Yo quiero ir más allá. No quiero mostrar al hombre solo, ni a la mujer sola, lo que pretendo es mostrar una especie de hombre totalmente universal que no tiene nada que ver con la sociedad ni con el tiempo. El tiempo no existe. Todo es una enorme broma.