LIMA INDEPENDIENTE 2017. FRONTERAS DESTRUIDAS: ESTO (NO) ES CINE

This entry was posted on June 30th, 2017

Paralelismo, de Felipe Esparza

Por José Sarmiento Hinojosa

Parte de las exhibiciones especiales del Festival de Lima Independiente 2017 es esta curaduría de la programadora Andrea Franco titulada “Esto (no) es cine”, título que se permite cuestionar “ciertas deudas que el cine contemporáneo ha aceptado como suyas”, léase, cuestiones que han involucrado el ámbito cinematográfico durante décadas: mecanismos de distribución, exhibición de distintos formatos, la problemática del mercado del cine, etc. Ya de por sí, la selección de estas obras partiendo de la lógica y premisa de su eje curatorial resulta algo azarosa, quizá debido a que la misma genera un diálogo que no solamente ha sido abordado de diversas e incontables formas en el pasado, sino que también resulta un tema que pudo haberse ajustado para hilar con más precisión el discurso narrativo y lógico de la exhibición. Por ello, vale más hablar individualmente de las obras de la exhibición, que de un corpus curatorial debidamente logrado, a pesar de que se valora el hecho de poder contar con algunos trabajos de cierta magnitud en la capital.

Fajr (2017), de Lois Patiño, es un trabajo que ha sido previamente comentado en un texto notable de Mónica Delgado en Desistfilm: Parte meditación sobre las mística espiritual de los habitantes del desierto, parte reflexión de la mutabilidad de las formas físicas y metafísicas del territorio, el trabajo de Patiño es un documento notable en el que el ser humano cohabita con el espacio, en una especie de convivencia poética que representa una intimidad particular entre la mitología de un territorio y la asimilación de la misma en los espacios espirituales y mentales del hombre, volcados al físico en cantos, rituales, voces, apariciones y desapariciones que alternan las dimensiones fantasmas de esta representación visual que es el desierto.

La meditación sobre el espacio es también parte de Paralelismo (2017), de Felipe Esparza, un documento que si bien menos elaborado, reflexiona sobre los espacios geométricos de una composición que se percibe azarosa, pero que representa la habitabilidad temporal de un lugar cósmico (las rutas aéreas en el cielo) cuya fugacidad permite centrarse en el discurrir del tiempo y la meditación sobre la estadía del recorrido humano. Las formas que se dibujan en el lienzo celeste de Esparza, parecen representar los trazos precisos de un caos universal generado por el hombre, en permanente tránsito.

Horizontes (2017), de Diego Vizcarra utiliza el recurso del scanner digital para apropiarse del método lumínico del aparato y luego trasladarlo a distintas representaciones visuales donde la linealidad del aparato de escaneo y su horizontalidad pasa a ser representación de otros significantes. Precisamente, el trabajo de Vizcarra funciona mejor cuando este eje horizontal se funde con los espacios abiertos de paisajes donde las puestas de sol, o el cielo gris de la capital parecen representarse a si mismos en esta función digital. Sin embargo, al trasladar la misma a otros soportes (como el de carteleras publicitarias en espacios urbanos), la artificialidad del método se hace más evidente, condenando a la obra a su propia inmanencia, lugar donde las imágenes se agotan en si mismas.

El cine que piensa sobre si mismo, o la exploración de los formatos, es el abordaje que Karissa Hahn elige para su pieza Regal (2015), que en cierto modo, es la pieza que mayor relación directa tiene con la narrativa curatorial de su programadora. El juego, o experimento, consiste en capturar la imagen ilegalmente pirateada de una película en Youtube e imprimirla digitalmente en una película virgen de 16mm, en cierto modo, regresando la imagen a su origen fundamental realizando un circuito completo. Si bien la idea detrás del desarrollo de Hahn (esta utilización del “found footage” y la descomposición de la imagen digital en una plataforma fílmica) resulta atractiva, la estrategia parece truncarse por momentos en la mera anécdota del juego del formato.

Mis correcciones (2017) de Andrea Franco es otra idea interesante llevada a cabo de una forma algo azarosa. Más allá de la pregunta principal “¿Cuándo es correcto que un curador cure su propia obra en su muestra?” que quisiera dejar flotando, la obra de Franco, la única que no utiliza un recurso audiovisual propiamente dicho, acusa la recomposición de las películas Espejismo (1972), de Robles Godoy y Cholo (1972), de Bernardo Batievsky. Sin embargo, la propuesta sufre del mismo fenómeno de “cajón de sastre” de la exhibición, donde la composición de la misma se percibe particularmente antojadiza. Por otro lado, queda también la pregunta de hasta qué punto una audiencia podrá reconocer la intención original de la obra, ya que para alguien que no haya visto estos dos filmes (porcentaje que estimo bastante alto), el texto curatorial no dicta nada más allá del método realizado en la obra.

Finalmente Diego Lama, uno de los artistas con mayor reconocimiento de la muestra, ofrece una de las obras más débiles de la misma, Escultura (2017), haciendo uso una vez más de uno de los recursos más abusados del arte contemporáneo: el ladrillo, para utilizarlo como soporte de un monitor que replica el flujo constante del agua, algo que también ha sido utilizado incontablemente por artistas como Bill Viola (referente constante del artista Limeño) y  precisamente el canadiense Dan Browne y su Flux/Fall (2012), obra que resulta alarmantemente similar a la pieza de Lama. El texto curatorial de la obra tampoco permite ver más allá de sus clichés.

La instalación Branded Light de Steven Baldi, no llegó a la sala.

FRONTERAS DESTRUIDAS : ESTO (NO) ES CINE
Felipe Esparza, Andrea Franco, Karissa Hahn,
Diego Lama, Lois Patiño, Diego Vizcarra