PANORAMA: LOS DÉBILES DE RAÚL RICO Y EDUARDO GIRALT BRUN

This entry was posted on April 8th, 2018

Por Pablo Gamba

Los débiles se estrenó este año en la sección Forum de la Berlinale y ganó el premio a la mejor película nacional en el Festival Internacional de Cine de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ficunam). Uno de los codirectores es mexicano: el también artista Raúl Rico, cuyo primer largometraje fue Noche de resurrecciones (2015), estrenado en el Riviera Maya Film Festival. El otro, Eduardo Giralt Brun, es de Venezuela. En su país dirigió el corto No te voy a dejar sola (2014); luego trabajó como asistente de dirección en la película mexicana Te prometo anarquía (2015) de Julio Hernández Cordón.

La historia de Los débiles se desarrolla en Sinaloa, estado de México conocido por el cártel de la droga que lideró Joaquín Guzmán Loera, “el Chapo”. Lo que la hace una película singular es la manera finamente cómica como trata la relación del deporte con las “maras”, pandillas juveniles que se han desarrollado e internacionalizado hasta convertirse en brazo armado de los narcos. El título parece hacer referencia irónica a los jóvenes “en situación de riesgo”. La expresión suele ser una máscara de la peligrosidad social que se les atribuye.

El estilo del film podría recordar la fría rigidez de Heli (2013), que también relata una historia relacionada con la violencia criminal en México. Pero el parecido es simplemente acorde con el tipo de humor sin carcajadas que practican Rico y Giralt Brun, quienes en cambio evitan caer en la truculenta violencia de la película de Amat Escalante. Al comienzo hay un detalle que hace referencia a otro film mexicano: Amores perros (2000) de Alejandro González Iñárritu. Pero también las hay a Los pájaros (The Birds, 1963) de Alfred Hitchcock, entre otras películas, y especialmente al spaghetti western.

Los débiles relata una historia de venganza que sigue, de una manera cómicamente evidente, el modelo del “viaje del héroe”. Al comienzo Víctor halla muertos a dos queridos perros suyos, presumiblemente por venganza del pandillero Selfie. Parte entonces a la aventura, en busca del que los mató.

Su recorrido está dividido en etapas, identificadas mediante intertítulos que hacen recordar la manera como las narraciones de la mitología han sido analizadas por autores como Joseph Campbell. En cada una de ellas el protagonista –un “güero de rancho” que apenas habla y tiene un aire de película de vaqueros italiana– se encuentra con extraños personajes que lo ayudan de una u otra manera. La penúltima parte es “Viaje al otro mundo”, con un fan del black metal cómicamente satánico y un barquero que recuerda a Caronte, el que lleva las sombras de los muertos al Hades, el inframundo de los griegos.

Sinaloa es también una región beisbolera de México, y ese deporte está presente, desde el comienzo de Los débiles, en la gorra de los Dodgers de Los Ángeles que lleva siempre puesta Víctor y en la camisa del equipo de Selfie. Víctor, además, tiene físico de bateador de poder, así como la delgadez del joven pandillero es un estereotipo del lanzador. Todo el recorrido está acompañado por transmisiones radiales de los partidos de un torneo internacional: la Serie del Caribe, en la que participan clubes de béisbol de México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. También por radio se escuchan noticias de las atrocidades cometidas por los criminales.

La manera como se resuelve en la trama el problema de la violencia de las pandillas juveniles y su relación con el deporte pudiera parecer un chiste, además de una expresión de amor de los realizadores al juego de pelota. Pero quizás hay un humor más profundo en la relación de la ficción, burlonamente heroica, con el prólogo “documental”. Un chico y una chica enmascarados juegan allí con un bate y una bola en un basurero, mientras ella cuenta, en voice over, cómo se entretienen quemando y haciendo explotar ratas vivas con fuegos artificiales. Son imágenes que pueden dar mucho miedo y evocan el trasfondo de “peligro social” real que tiene la historia de Los débiles.

La ironía estaría entonces en el poder mágico que se le atribuye al deporte para combatir el crimen y la droga. Quizás se imagina que la comunidad, de cuya desintegración es síntoma la violencia, podría recomponerse en torno al béisbol, por lo que el enfrentamiento ritual del pítcher y el bateador tendría de relación con el “monomito” heroico de Campbell, por ejemplo. En Venezuela hay una frase de propaganda que resume eso: “Hacer deporte es hacer patria”.

Dirección, guion y producción: Raúl Rico, Eduardo Giralt Brun
Diseño de producción: Ursula Schneider
Fotografía: Diego Rodríguez García
Montaje: Raúl Rico, Jonathan Pellicer
Sonido: Ariel Baca, Thomas Becka
Música: Alonso Esquinca
Interpretación: José Luis Lizárraga, Joshua Estrada, Eduardo Eliseo Martínez, Javier Díaz Dalannais, Javier Chimaldi, Eduardo Rauda, Ulises Bojórquez, Cruz Tirado
65 minutos
México, 2017