PANORAMA: SHAKESPEARE DEBE MORIR DE ING K

This entry was posted on February 25th, 2019

Por Mónica Delgado

Macbeth ha sido una obra de teatro de atracción fascinante para muchos cineastas. Trono de Sangre para Akira Kurosawa o la versión del inglés Alexander Abela hecha en Madagascar. Podríamos mencionar las adaptaciones de Orson Welles a Bela Tarr, aquella de Roman Polanski o la de Justin Kurzel, sin embargo la motivación de la cineasta tailandesa Ing Kanjanavanit va más allá de la admiración a la riqueza de la obra de Shakespeare, y que esta vez tiene que ver más como oportunidad de generar una analogía sobre el poder desmedido y la lucha contra las dictaduras (más aún si recordamos la intención de Cabezas cortadas de Glauber Rocha).

Ing K. realiza en Shakespeare debe morir (Shakespeare must die, 2012) una adaptación literal de Macbeth, es decir sigue los textos con los modismos de la obra original, teniendo en cuenta que ambienta la primera parte de la pieza en un periodo de monarquía secular en Bangkok que se extiende hasta nuestros días. La maestría de Ing K. surge con esta intención del metarrelato político, de abordar las partes de Macbeth como episodios de la historia de Tailandia, introduciendo juegos temporales así como recursos de cine local tai, como las formas del melodrama o el fantástico, como sucede con la aparición de las tres brujas o parcas, convertidas aquí en musas pop estrafalarias, inmersas en atmósferas kitsch. Así, Macbeth adquiere, por un lado, una relación muy local, de obra perfecta para describir a un gobierno castrador y totalitario, parodiando el sistema monárquico con el albur y la superchería en un tono grotesco, y por otro, para describir la lógica del poder y de sus mecanismos con la fuerza e inteligencia de un panfleto subversivo.

Por un momento, hasta podríamos estar cercanos a la lectura de que Ing K. se muestra muy disconforme con el imaginario negativo de las mujeres que se patenta en esta obra clásica (la maldad que encarnan las mujeres), sin embargo su ruta es otra: poner en cuestión las luchas intestinas por un poder basado en el autoritarismo, la crueldad y las ansias del poder, encajando a su Lady Macbeth en la analogía perfecta, donde la patria o la madre tierra (como ente femenino) y el pueblo se han vuelto nociones de segunda clase.

Es inevitable asociar el carácter metatextual de la ficción de Ing K. con el documental carcelario de los hermanos Taviani, César debe morir, hecha en el mismo año -que trata sobre la puesta en escena de Julio César de Shakespeare con presos como actores-, pero la comparación se acaba inmediatamente, ya que la cineasta tailandesa emprende una empresa gigantesca de otra índole, al poner en escena, ante todo, la representación de la crisis política en su país siguiendo las sutilezas del dramaturgo inglés. Y así, Ing K. propone el teatro dentro del cine, a partir del registro de esta obra ante un público en su mayoría juvenil, quien sigue con atención los pasajes de la obra y sufre las interrupciones de un ente censor que cuestiona la sátira evidente del film por refeljar demasiado realidad política del país. Lo que vemos es la puesta teatral desnuda, con sus dicciones y exclamaciones no realistas, y en paralelo algunas inserciones no ficcionales de esta realidad censora que busca detener la obra a como dé lugar (incluso donde sale la misma Ing K y su productor Manit Sriwanichpoom). Cambios temporales, donde vemos al reparto pasar de tiempos ancestrales al presente, o el uso del pastiche para emular a algunos tópicos del cine tai absurso y surreal, donde la política se vuelve terreno fértil para lo insospechado en un vale todo cruento y a la vez esperpético.

Shakespeare must die es un film que no ha tenido estreno en Tailandia debido a que la comisión de control del Ministerio de Cultura emitió dos fallos aludiendo que su “contenido que causa divisiones entre el pueblo de la nación”. Más bien esta situación de veto hizo posible que surgiera la idea de una segunda película, el documental Censors must die (2013), donde Ing K. registra el mundo burocrático de la censura en más de dos horas de vericuetos administrativos y protestas que demandan la exhibición del film. Ambos trabajos forman un díptico formidable de lucha contra la censura, en todas sus formas.

En suma, Shakespeare debe morir es un alegato político que propone una tensión sin resolución en sus formas cinematográficas, pero también una disquicisión sobre el poder de las ficciones, y de cómo su capacidad fabuladora irrumpe para transformar la realidad, modificándola o usurpándola, y por otro, como una salida subrepticia contra la infamia. Conforme avanza el metraje, Ing K va subvirtiendo la naturaleza misma de la obra de Shakespeare, para mostrarla como una oda de la derrota, donde la insurgencia no es posible y donde la podredumbre seguirá reinando y usurpando el poder en una Tailandia donde la esperanza parece estar lejos.

El film de Ing K. será proyectado en la sala Armando Robles Godoy, de Lima, como parte del ciclo organizado por Desistfilm, el 25 de febrero a las 19 horas.

Aquí un texto de Nicole Brenez sobre la obra de Ing K.

Ciclo Mujeres en la resistencia
Dirección y guion: Ing Kanjanavanit
Música: Mongkol Utok
Fotografía: Manit Sriwanichpoom
Reparto:Pirun Anusuriya, Sudhisak Bamrungtrakun, Minta Bhanaparin, Sakul Boonyatat, Pratchaphoom Boonyatud, Prayoon Chaiyate, Suphakorn Chindanonda, Navy Gunmithree, Piyatat Hematat, Permpong Intragumtornchai, Totrakul Jantima
Tailandia, 2012, 176 minutos