ROTTERDAM 2018: LA ESTRELLA ERRANTE; SANTOS #2 WORK IN PROGRESS Y AZOUGUE NAZARÉ

This entry was posted on February 5th, 2018

La estrella errante (2018)

Por Aldo Padilla

Un axioma dentro del cine actual basado en personajes reales, plantea que representar la vida entera de un personaje es una herramienta de guion muy poco sólida, ya que aspirar a retratar en dos horas el recorrido completo de una vida suele ser fallido. Frente a este problema los biopics se han ido enfocando en retratar periodos cortos del protagonista, un año, un mes o a veces días, lo cual también entra en el territorio de la convencionalidad, pero que ayuda a entender a un personaje en un momento determinado.

Nuevas ideas rupturistas van un poco más allá y buscan retratar a un personajes a través de episodios de ficción pero que representen la verdadera obra del artista. Un ejemplo muy conocido es la extraña caracterización de Bob Dylan en I’m not there, donde su figura se materializa en pequeñas historias, personajes y obras que lo dibujan de una forma más sutil. Es posible incluso ir más allá con los retratos de personajes reales como lo hace Alberto Gracia en La estrella errante, en el cual dibuja a Robert Perdut, ex líder del grupo de rock Los Fiambres y se aleja totalmente del ámbito narrativo, donde lo único que parece anclar la imagen a la realidad son extractos de una ambigua entrevista televisiva que es la indefinición misma, respuestas evasivas y silencios que muestran la ideología del caos que procesaban parte de los grupos que proliferaron en España en los 80.

Si bien la nombrada entrevista es el único antecedente histórico que se muestra en el film, el resto del metraje son escenas casi inconexas entre Robert, 30 años después de ese episodio, a quien se filma con la excusa de una sesión fotográfica y la constante búsqueda de un perro perdido entre galpones de un puerto y una isla en algún lugar del cantábrico con la ayuda de un fotógrafo, quien con solo cambiarse de camisa logra ciertos poderes de teletransportación. El ritmo de presentación de un personaje perdido y dependiente, parece alejarse mucho de la primera escena del film donde se ve al cantante dándolo todo con el grupo Los fiambres y que recuerda al epilogo de Aliens de Luis López. El grado de enajenación va aumentando con el paso del metraje, con la incursión de un personaje del cual se sabe poco y de quien solo se enuncia en algún momento en televisión que habría asesinado a alguien, su constante y perturbada mirada retiene a la cámara y genera una constante amenaza que fascina con pequeñas variaciones gestuales.

La representación de este personaje va más allá de sí mismo y necesita elementos casi ajenos al cine. Con un Mario de 16 bits que va interrumpiendo la imagen y que lleva la ficción al terreno del glitch, Alberto Gracia revuelve totalmente el biopic y transforma la experiencia en lisérgica, mientras de fondo se escucha una canción que repite constantemente: Droga, droga, droga.

Santos #2, Work in Progress (2018)

Pero el cine gallego estuvo presente por partida doble en el festival ya que también se presentó Santos #2, Work in Progress de Anton Corbal, otro film que es parte de algo que podríamos llamar Laxe Cinematic Universe. Si el 2015 Ben Rivers presentaba en Rotterdam el híbrido The Sky Trembles and the Earth Is Afraid and the Two Eyes Are Not Brothers, esta vez aparece el cruce de making of de Mimosas y ficción que tiene como protagonista al director Oliver Laxe, un nuevo híbrido sobre todo el proceso de construcción del corto Santos #2, además de la presentación del corto mismo y un viaje observacional que va entre Marruecos y Vilela.

Los saltos temporales que caracterizan al film permiten dar una nueva perspectiva sobre el complejo y comprometido trabajo de Laxe, personaje y artista fascinante, cuyo proceso espiritual en Marruecos se mantiene en su día a día en España.

Es destacable una primera parte con una gran energía en la construcción de ciertas escenas, como la preparación del fuego para que una mujer hornee el pan tan característico de los países árabes o la construcción de un muro que será derrumbado como parte del corto, lo cual permite entender que la cámara en ningún momento perturbó al proceso de creación de forma de mostrar a Laxe y a su equipo creativo de la forma más natural posible. Si bien cerca al epílogo el proceso se hace repetitivo, con lo cual el film empieza a perder ritmo, cuando llega el momento de la presentación del corto rodado en 16 mm, se muestra esa fuerte conexión del film con la naturaleza y avala el gran trabajo de Corbal a la hora del montaje, recortando cientos de horas hasta lograr lo esencial.

Azougue Nazaré (2018)

La música también es protagonista de Azougue Nazaré, en el cual se refleja una preocupación en Brasil por el avance del radicalismo evangélico y por su incursión en la política. La película es poco sutil con dicha idea y en realidad casi todo en el film es excesivo, pero ese exceso va muy acorde con el tono de la película, que tiende hacia la comedia y una concepción de exotismo y realismo mágico tan característico del noreste brasilero. El protagonista va precisamente acorde en esa línea: un hombre amplio que disfruta con su alter ego creado para el baile del maracatu, que es una arquetípica negra que baila con una energía impresionante en las distintas presentaciones del grupo de baile. Esa energía es algo que caracteriza el film: en todo momento el desborde en las fiestas, en el sexo, en la pasión religiosa. La energía de Tiago Melo con su ópera prima está filmada con ciertos recursos de fantasía mediante la aparición de unos justicieros evangélicos disfrazados que recuerdan a los personajes de Las mil y una noches de Miguel Gomes, los cuales van atacando a líderes católicos y espiritistas, teniendo como trasfondo los infinitos campos de caña de azúcar tan característicos de la zona.

Hay un enfrentamiento directo entre el galopante crecimiento evangélico en Brasil y Latinoamérica y las antiguas tradiciones de los pueblos que buscan ser exterminadas, planteándolas como armas del demonio. La música es parte importante de esa lucha, ya que representa el nexo universal entre el mundo secular y el religioso, por lo cual el radicalismo plantea la pasión desbordante como elemento del pecado, a pesar que ellos mismos usan la misma pasión vehemente como arma de adoctrinamiento. La samba con un toque improvisación se utiliza en una especie de batalla de rap vía Whatsapp. Esta escena define en parte el espíritu del film, un mundo moderno tratando de mantener tradiciones y luchando contra distintos enemigos, en pueblos cuya identidad está definida por este tipo de ritmos.