TIFF 2018. WAVELENGTHS 2018: RAY & LIZ DE RICHARD BILLINGHAM

This entry was posted on September 17th, 2018

Por Aldo Padilla

Una mujer arma un rompecabezas, mientras usa un vestido con un patrón que se asemeja a las piezas del juego desperdigado. La imagen pareciera mostrarla tratando de reconstruirse a partir de su personalidad rota y dispersa. En la pared del mismo cuarto hay muchas caretas venecianas que también sirven para acentuar sus múltiples facetas. Los tatuajes de sus enormes brazos representan aves posadas sobre ramas multicolores, parte de una extraña naturaleza que se contrapone a que apenas vemos a la mujer en el exterior, quien se llamada Elizabeth o también Liz. El cuerpo de la mujer parece representarse a través de piezas que no encajan, colores e infinitos detalles que parecen estar en el lugar erróneo y que son el espejo del departamento en el que cual vive con su familia, espacio poseído por el espíritu de Diógenes. Animales de todos los tamaños y en todos los rincones, pequeños muñecos y estatuas que van poblando precarios estantes. Múltiples papeles tapices en las paredes que aparentan ser diferentes en cada ambiente. El departamento parece un organismo vivo al igual que la mujer, aunque frente al ojo de su hijo Richard, este espacio adquiere una nueva connotación. Su cámara fotográfica documenta la hiperrealidad y trata de revivir a través de la ficción todo aquello que en su momento no pudo capturar.

Es inevitable pensar que el espacio filmado en Ray & Liz es casi tan importante como los personajes que van deambulando. El departamento está reconstruido de una forma tan detallada que lograr entender su similitud con una familia que se va derrumbando y que busca disimular su decadencia llenando cada rincón con algún objeto encontrado, ya sea vivo o inanimado. La forma en la cual se aferran tanto la pareja de esposos, como los hijos, a ese departamento se asemeja al eterno retorno de Richard Billingham, director y fotógrafo de este film, cuya vida artística ha girado en torno a su familia. Primero con Ray’s a laugh (1996), su aclamadísimo libro de fotografías, cuyas imágenes son clave a la hora de entender el alcoholismo de su padre, los diferentes estados mentales de su madre y como aquello se plasmó en el caos del hogar. El documental Fishtank (1998) es un excelente complemento al libro, construido a partir de los videos caseros de la juventud de Billingham. En Ray & Liz busca completar el ciclo autobiográfico a partir de tres recuerdos de su infancia y adolescencia antes de tomar la cámara que lo convertiría en todo un referente de la mirada de otro Reino Unido. Todo esto completado con pequeños flashes de su padre en el corto Ray (2016), quien en sus últimos días de vida se había recluido con el alcohol como único alimento.

Ray & Liz tiene una estética deliberadamente opuesta al rollo sucio y desgastado de las fotografías que tanto definen el trabajo de Billingham. El 16mm redefine los colores del derruido departamento y le da una nueva identidad alejada del onirismo de su trabajo fotográfico. Otro punto que diferencia a Ray & Liz es cómo Billingham se atreve a salir un poco más allá del departamento claustrofóbico, mirando hacia el barrio obrero de su infancia, lo cual no asfixia tanto como lo hiciera con sus fotos, en las cuales su único contacto con el exterior eran fotografías de aves que servían como una materialización de los tatuajes de su madre y como forma de alivio frente al caos y la podredumbre de sus imágenes. En el film, el exterior se ve como un escape ya que muestra a su hermano interaccionando con otros niños para normalizar un poco la desestructura familiar, donde otras travesuras permiten dar un respiro en base a una infancia la cual parece desapegarse de la situación y que tiene ciertas similitudes a Gummo (1997).

El cementerio de los elefantes (2008), film del boliviano Tonchi Antezana, relata los últimos siete días de un hombre que decide encerrarse a tomar alcohol hasta morir en una sucia habitación llamada la Suite presidencial, mientras va recordando parte de su vida. ¿Qué pasa si ese encierro no dura solo siete días? Si además, es un encierro que ni siquiera es consciente, el alcohol va llegando en botellas de forma constante y sin falta, un encierro casi de por vida.  Una muerte lenta en un cuarto con ventanas desde las cuales apenas se puede ver el exterior de Birmingham, la agorafobia definida por el amor a un espacio que se puede oler a través de las imágenes, Ray Billingham y un hombre boliviano de ficción unidos por el auto encierro y el alcohol como única forma de redención.

WAVELENGTHS
Ray & Liz
Director: Richard Billingham
Reino Unido
2018
108 min