ADIÓS A ANDRZEJ ZULAWSKI

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Por Mónica Delgado

Tras ver Cosmos, el último film de Andrzej Zulawski, asomó una pregunta: ¿qué había pasado tras la ausencia del director polaco durante quince años que regresaba al ruedo con un film que rompía con el imaginario de todo lo que habíamos visto de él? ¿Se trataba de una despedida? ¿Qué lo hizo virar de un cine visceral y trágico a una comedia extravagante, dentro de los contornos del absurdo y el nonsense? Tras su partida, hoy 17 de febrero, no puedo asegurar que Cosmos haya sido algo así como su consciente obra antes de la desaparición. Pero sí es un claro cierre contemplado desde la certeza de querer hacer algo totalmente opuesto. Zulawski se acaba de ir y nos dejó una obra maestra, libremente cómica como oscura, sobre el arte mismo de la narración y las posibilidades y realidades de la creación y lo verosímil.

Con trece largometrajes y un par de cortos para la televisión, Zulawski es una cineasta que se ganó un lugar especial en la historia no solo del cine polaco sino del cine mundial por mostrar un universo único, marcado por dos motivaciones esenciales en su obra: la naturaleza visceral y tanática del caos, y la histeria como vehículo único de catarsis.

Tanto en sus films de apariencia histórica como La tercera parte de la noche  (1971) o Diabel (1972), que se leen como analogías de realidades sociales complejas de la Polonia de aquellos años, como en sus films sobre la histeria, la celebrada Posesión (1981) o de Mis noches son más bellas que tus días (1989), sobre desmesuras femeninas que rozan la neurosis y la esquizofrenia, Zulawski ha ido configurando un propio sistema de interpretación del mundo, en muchos casos bajo los recursos de lo distópico (como en la inconclusa On the Silver Globe, 1988) o desde la creación de universos enrarecidos (Cosmos, 2015).

No hay nada “normal” en el cine de Zulawski, todo está hecho de estallidos permanentes en medio de situaciones extremas, como si se tratara de momentos previos al final del mundo, donde la figura del doble ha sido también recurrente, ya como síntoma de alienación o de imperfección de lo único. También cine de mujeres al límite, en un estado pulsional o catatónico, ya sea en medio de un ataque a la monarquía en pleno siglo XVIII o en un entorno pos guerra fría. De la Romy Schneider de Lo Importante es amar, pasando por la ambivalente Isabelle Adjani de Posesión hasta llegar a su musa y ex esposa Sophie Marceau en Fidelity. Rostros de mujeres en llanto y en gritos, como motivos físicos y viscerales ante la imposibilidad de recuperar amores fallidos.

Imágenes totales del cine de Zulawski: la intro con cámara en mano en un convento en Diabel, la epilepsia en los pasadizos del metro de Isabelle Adjani en Posesión, los rostros de Romy Schneider en Lo Importante es amar, la escena inicial del crimen en la casa de La tercera parte de la noche, la decadencia distópica en un planeta lejano en On the Silver Globe y el bosque para paseos y conversaciones tranquilas en plena medianoche en Cosmos. Tanto para agradecer.

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