BAFICI 2019: CLAUDIA DE SEBASTIÁN DE CARO

This entry was posted on April 4th, 2019

Por Pablo Gamba

La selección de Claudia puso el riesgo sobre la mesa en la apertura del 21° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici). Una película de Sebastián de Caro es difícil de imaginar en este lugar prominente. El director y actor argentino ha hecho cine independiente, pero no ha ganado premios importantes hasta ahora. Tampoco es elogiado por la crítica, y ni puede ser considerado un descubrimiento, luego de Rockabilly (2000), Vacaciones en la tierra (2001) y 20.000 besos (2013), entre otros títulos. Sería un cineasta al que se llamaría a prestar más seria atención que la que se le ha dado, al igual que al cine argentino que sigue buscando la manera de redefinirse, en confrontación con el peso de las películas neorrealistas y minimalistas con las que fue etiquetado a finales de la década de los años noventa. Pero, en este caso, la apuesta no parece haber sido ganada.

Claudia es una comedia sobre una boda, con Dolores Fonzi en el papel de la encargada de organizarla para una empresa del ramo. La participación de la actriz de la televisión y del elenco de estrellas latinoamericanas de La cordillera (2017) –pero también de filmes como El crítico (2013) de Hernán Guerschuny, que estuvo fuera de concurso en el Bafici– es pieza clave de una fórmula que da a esta película independiente un aire industrial. De Caro juega con eso al tratar de llevarla hacia el lado extraño que lo caracteriza. Lo anuncia al comienzo, cuando se desvía de la interpretación de una cantante al verdadero personaje principal, el de Fonzi, que supervisa el espectáculo.

Se trata de un cineasta que trabaja con la cita y su contaminación con elementos que la enrarecen. Sus referencias principales en Claudia, muy evidentes además, son Alfred Hitchcock y Orson Welles. Inconscientemente quizás, pero obviamente también, la tradición de lo irreal con la que el cine clásico argentino para la clase media quiso distinguirse del populacherismo mexicano, y evitar polémicas en torno al peronismo. Eso de las referencias siempre acarrea una lista, por lo que podrían añadirse desde las comedias de Howard Hawks hasta el terror de los setenta, entre otras, aunque con una erudición de “experto en cine” citado por los medios de comunicación, no el enciclopedismo pop de un Quentin Tarantino.

Más allá de la cita, se intenta recuperar aquí el hacer películas que traten del cine. En este caso es la organización de la boda y todos los ajustes inesperados que requiere como metáfora. También la idea de que el cine es magia.

Un problema es que esta opción no está acompañada de la profundización en otros asuntos, como la perversidad de Hitchcock o el pensamiento de Welles sobre la relación entre el documental y la ficción, y el cine como falsificación en F de fraude (1973). Si los primeros largometrajes de De Caro estaban claramente inspirados en el indie estadounidenses, el traje de las dos figuras claves de la crisis del estilo clásico de Hollywood resulta demasiado grande para él. De allí el otro gran problema de Claudia, además de algunos detalles: la ambición del cineasta no cristaliza en la película, que francamente parece haber dado por terminada cuando aún faltaba mucho por trabajar.

La elección de Claudia para abrir el Bafici no puede dejar de recordar, por tanto, a la ganadora del premio principal el año pasado y que es otra producción independiente argentina: La flor de Mariano Llinás. Como la de Sebastián de Caro, La flor es una obra sobre el cine que cita géneros y películas. Es resultado también de la combinación de una gran ambición y escasos recursos. En el caso de Llinás, sin embargo, eso está acompañado de una mayor cultura cinematográfica. Igualmente de una desmesura por lo que respecta a la duración y la extensión del rodaje, y la decisión de no poner fin a las historias. Llinás se lanzó vanguardistamente a alcanzar el imposible de la obra infinita, y por ende al encuentro paradójico del arte “de evasión” con la vida de quienes lo realizan. También a plantear problemas sobre el cine que pierde su carácter de aventura al canalizarse a través de las instituciones creadas para protegerlo y fomentarlo, y lo que eso significa para la cultura.

La manera como La flor sorprendió en el Bafici, y fue creciendo cada vez más en importancia a lo largo del año, en su recorrido por otros festivales internacionales, hace que Claudia se vea todavía más pequeña de lo que es.

Función de apertura

Dirección y guion: Sebastián de Caro
Producción: Sebastián Perillo, Juan Pablo Colombo, Rosana Ojeda, Blas Rimmaudo
Dirección de arte: Laura Caliguiri
Fotografía: Mariano Suárez
Montaje: Flor Efron
Sonido: Guillermo Pico, Pablo Gamberg
Música: Darío Georges
Interpretación: Dolores Fonzi, Laura Paredes, Julieta Castiñeyra, Julián Kartun, Paula Baldini
Argentina, 2019