BAFICI 2021: CONCIERTO PARA LA BATALLA DE EL TALA DE MARIANO LLINÁS

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Por Pablo Gamba

En Concierto para la batalla de El Tala, que se estrena en estos días en el BAFICI, Mariano Llinás da un giro radical con respecto a la película de 14 horas de duración con la que ganó la competencia internacional en 2018: La flor. Sigue estando marcado por la búsqueda de un equivalente a lo que Julio Cortázar llamó en literatura el gótico del río de la Plata, o lo fantástico como desestabilización de lo real, y también por la desmesura. La diferencia es que, aunque lo excesivo sigue siendo el texto, que fue el ariete de su ruptura con el minimalismo del nuevo cine argentino de los años noventa en Historias extraordinarias (2008), y se transfigura el pasado, hay una bofetada que se dirige a la cultura y al cine mismo, al rodaje, e incluso más atrás, a lo que es el punto de partida de una producción habitual, de las que en Argentina se hacen introduciendo un proyecto en el instituto de cine, y que es aquí el punto de llegada.

Una parte de la película muestra la grabación de la obra homónima para teatro del compositor Gabriel Chwojnik con texto de Llinás. Incluye algunos elementos de puesta en escena y la puesta al desnudo del mismo rodaje. La historia gótica viene de la historia del siglo XIX argentino, algo posiblemente sobrenatural que ocurrió en la batalla de El Tala de 1826, en la que el caudillo Juan Facundo Quiroga derrotó a las tropas del gobernador de la provincia de Tucumán, Gregorio Aráoz de Lamadrid.

Como toda historia nacional, la guerra entre federales y unitarios sigue siendo una zona de conflicto ideológico en Argentina. No es el gran debate entre civilización y barbarie el que le interesa aquí a Mariano Llinás, sin embargo, sino una pequeña escaramuza en particular de la batalla, que además es poco conocida: Lamadrid quedo solo, en medio de numerosos enemigos que lo atacaron hasta darlo por muerto, y lo despojaron de su ropa y de sus armas como trofeo. Pero el coronel unitario o no perdió la vida allí, aunque los vencedores prohibieron mencionar después que estuviera vivo y se escribieron canciones para celebrar su muerte como para llorarla.

Esta historia se relata principalmente por escrito, en textos que se despliegan en la pantalla blanca y que abarcan también la mayor parte de la duración del largometraje. Concierto para la batalla de El Tala es, por tanto, una paradójica película en la que casi no se ve ni su rodaje, sino el “papel” en el que cristaliza aquí la historia, en vez de haber comenzado como una historia escrita sobre papel y que se filma. Hay algo de cómico en ella: Llinás y su equipo cantan, una voz anuncia los efectos de sonido que se escuchan, un duelo de esgrima deportivo es la sinécdoque del enfrentamiento y en el texto hay una invitación al público a que cante la letra de las canciones. Pero no por estos chistes deja de parecer que la película entera es un error, un fracaso total.

Ahora bien, Mariano Llinás no es torpe ni ingenuo. Su presentación del largometraje en el festival descartó la coartada de la pandemia: el rodaje se hizo antes de la cuarentena y el objetivo fue siempre no llevar a la pantalla la puesta en escena de un texto sino poner el texto en la pantalla. El director, además, ya aportó al cine del COVID-19 el corto Lejano interior (2020) y un intercambio de videocartas con su colega Matías Piñeiro. Por encima de todo, el realizador de la película de 14 horas de duración que es La flor rechaza la calificación de “experimental”. No se lanza en un proyecto a menos de que tenga claro adónde va, y esto lleva a detenerse a pensar en por qué Concierto para la batalla de El Tala es tan evidentemente una no película.

La conclusión apunta hacia la no menos clara provocación que hay en ella, por reiterar el ataque a los pequeños mundos en eterno presente que sigue inspirando la agotada fórmula del nuevo cine argentino de los noventa, por llevar al extremo el rechazo del cine como realización burocrática de proyectos, y por la incursión en el debate sobre la historia en tiempos de polarización en Argentina con un relato de zombis mezclados con karaoke y una desfachatada moraleja: “Los muertos regresan”.

Todo esto lleva a pensar que la verdadera historia de esta película es la que aspira a disparar en hojas de papel menos virtuales que las de su largo texto: las que podrían lanzarse a escribir los historiadores, ensayistas, opinadores serios de oficio y tirapiedras de las redes sociales que respondan a la provocación. No tanto, quizás, los críticos de cine porque, ¿cómo escribir una crítica de cine sobre Concierto para la batalla de El Tala? Aunque Llinás rechace lo experimental, lo que parece tratar de abrir aquí es un camino de vanguardia, el de la obra de arte como dispositivo dirigido a causar un efecto cultural aun a costa de cerrar la vía de la ficción cinematográfica. Se anuncia, además, como el comienzo de una serie sobre los “mártires unitarios”.

Competencia americana

Dirección y guion: Mariano Llinás
Producción: Ezequiel Pierri
Fotografía: Inés Duacastella
Montaje: Miguel de Zuviría
Música: Gabriel Chwojnik
Interpretación: Fito Reynals, Constanza Dougall, Gonzalo Pérez, Gabriel Chwojnik
Argentina, 2021, 64 min.

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