BAFICI 2021: ISRAEL DE ERNESTO BACA

BAFICI 2021: ISRAEL DE ERNESTO BACA

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Por Pablo Gamba

El estreno de Ernesto Baca en el BAFICI, Israel, es un regreso al cine experimental pero fuertemente narrativo de su primer largometraje, Cabeza de palo (2002), al que recuerda también la importancia que tiene el vehículo, en este caso una moto en vez de un colectivo. Se diferencia, sin embargo, en que aquí hay diálogos, aunque en voz en over, y en que la historia no se desarrolla en el Conurbano de Buenos Aires sino en México. Es el primer largometraje que el cineasta argentino rueda en ese otro país.

Una mirada superficial podría dar la impresión de que Israel es una road movie. Un indicio de lugar común latinoamericano son las voces en over de políticos que debaten el problema de la inseguridad y recomiendan medidas fuertemente represivas, que comienza en contrapunto con las imágenes. Pero en disonancia con todo eso está la falta de continuidad del montaje, que se evidencia desde la secuencia documental del comienzo. Registra una procesión en la que los íconos católicos que expresan la devoción a la Virgen de la Guadalupe se mezclan con música y bailes indígenas, y con cuya espiritualidad la protagonista no parece sentirse identificada sino distante. La discontinuidad está presente también en la interrupción de las relaciones causa-efecto en una antinarración y, sobre todo, en el contraste blanco y negro-color, la diversidad de texturas fílmicas y ventanillas, los jump cuts y las repeticiones. Dan la idea de que se relata una leyenda contada por varios narradores.

La historia del viaje hacia el norte del ladrón y la prostituta –personajes que parecen típicos de un melodrama, y no lo son– adquiere así la dimensión mítica y poética perseguida por el cine experimental underground estadounidense. Esto se expresa en particular en el tema profundamente mexicano de la relación con los muertos, lo que es otro giro con respecto a la espiritualidad hinduista anterior de Baca. Cobran particular relieve, en este sentido, los diálogos de la chica con el motociclista que la lleva en su viaje, desvinculados de cualquier contexto específico de la historia, que se refieren a la entrega a la otra persona como un sacrificio. Se marca distancia así con la superficialidad psicodélica del clásico sobre la búsqueda del “destino” en moto que es Easy Rider (1969) y, sobre todo, con el misticismo pop de Alejandro Jodorowsky.

Ernesto Baca es un cineasta cuya obra, junto con la de Paulo Pécora, establece una continuidad entre los realizadores experimentales argentinos de los años setenta –en particular Claudio Caldini– y el resurgimiento reciente de este cine en ese país, interrumpido por el COVID-19. Baca trabaja con formatos fílmicos, el Super 8 en particular, y su obra había entrado en crisis incluso antes de la pandemia cuando Kodak anunció que descontinuaba la producción de todas sus películas y en Argentina comenzaron a cerrársele las oportunidades de trabajo. Dio cuenta de eso en el ensayo documental de largo metraje Réquiem para un film olvidado (2017).

Si bien Baca presentó después en Buenos Aires una versión otro largometraje, Simulación de escenas de guerra (2019) –que, según IMDb, sigue siendo una work in progress–, se fue de Argentina a trabajar en México. Pronto se integró en ese país a una producción experimental que describió en una nota de Desistfilm. El principal aspecto favorable es que varios laboratorios siguen procesando allí material fílmico.

La experiencia de Baca en México ha acarreado un cambio profundo y el relanzamiento de su obra en el formato que lo ha distinguido siempre como cineasta experimental y que es el largometraje. Israel es el mejor testimonio hasta ahora de esta transformación, y quizás también a eso haga referencia la mención, en el título, a una tierra prometida. Parece anunciar una nueva etapa en la que el realizador también de Música para astronautas (2008) y Mujermujer (2010), entre muchas otras películas, se acera a un cine que, sin dejar de ser una búsqueda experimental, por lo que respecta a la forma, cristaliza en una obra que podría tener cierta circulación comercial en el circuito del “cine de arte”, sobre todo con su transformación en plataforma de alcance global por internet que aceleró la pandemia del COVID-19.

En este contexto, Israel podría ser vista como una película cercana a Los conductos (2020), del colombiano Camilo Restrepo, en especial por su referencia reiterada a las delirantes medidas propuestas para combatir el crimen. Pero es mucho más profunda en su búsqueda de una expresión auténticamente latinoamericana, sobre lo cual Baca también llama la atención explícitamente con un plano en el que aparece esta palabra.

Competencia americana 

Dirección y guion: Ernesto Baca
Producción: Cecilia Fiel
Cámaras: Leandro Motta, Agustín Elgorriaga
Montaje: Agustín Elgorriaga
Sonido: Gabriel Téllez Girón
Música: Román Noriega
Interpretación: Itzamná Ponce, Hernan Trajtenbruet, Silverio, Lety Grey
Argentina-México, 2021, 61 min.

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