BERLINALE 2021: BAD LUCK BANGING OR LOONY PORN DE RADU JUDE

BERLINALE 2021: BAD LUCK BANGING OR LOONY PORN DE RADU JUDE

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Por Mónica Delgado

Las imágenes domésticas de un acto sexual es la materia prima con la que el rumano Radu Jude inicia y va construyendo una sátira, entendida aquí como un discurso que critica de modo agudo y corrosivo un sistema de costumbres y taras, prejuicios y sentidos comunes, aunque no con intención moralizante, sino como una políticamente burlesca. Este prólogo, que contiene más de cinco minutos de un video íntimo (que ficcionalmente replica el registro de un hombre, desde el celular, en pleno coito o fellatio), propone la condición que asumimos como espectadores a lo largo del film: por un lado, como voyeurs, y, por otro, como acompañantes de la dispersión de ese video por redes y WhatsApp. Una maestra de escuela es la protagonista del video, y es, a partir de las consecuencias de esta viralización “porno” a cuestas, que la seguiremos a lo largo de dos partes: una, en una caminata por la ciudad, y otra, en un juicio pintoresco (que recuerda a un film de Miguel Gomes) en el colegio ante padres, madres y otros maestros. Estos dos momentos están separados por un abecedario que deviene en una “Zeitgeist“, desde palabras seleccionadas de la A a la Z, cuyos significados dependen del contexto rumano, de su historia, sus líderes políticos, sus regímenes, de las sensibilidades de un pueblo alienado.

Como en uno de sus trabajos anteriores I do not care if we go down in history as barbarians (No me importa si pasamos a la historia como unos bárbaros, 2018), en Bad Luck Banging or Loony Porn el peso dramático recae en un personaje femenino (encarnado por Katia Pascariu), quien se volverá la figura que comprueba diversos aspectos culturales en relación a las mujeres, a su objetivización y su sexualización, pero como parte de una estructura más amplia, capitalista y compleja, que somete a una sociedad entera.

El primer episodio muestra a la maestra en acciones cotidianas, pero que permiten medir el peso de la pandemia en las calles de Bucarest y mostrar las marcadas diferencias sociales. Barrios pudientes donde no es necesario usar mascarilla, anuncios de negocios de transnacionales poblando el paisaje urbano, e insinuaciones a mujeres en las calles, como parte de las situaciones que vive la protagonista mientras compra unas frutas, ingresa a una farmacia o simplemente compra un libro. Es probable que muy pocos transeúntes con los que se cruza la identifiquen como la mujer del video viralizado, sin embargo pareciera que es reconocida, observada y cuestionada, cuando lo que primaría es la idea de la poca tranquilidad de las mujeres en estas rutinas. Para este primer episodio, Jude elige planos fijos para mostrar a la mujer cruzando pistas, andando por avenidas, ingresando y saliendo de tiendas; sin embargo, de rato en rato realiza ligeros paneos para mostrar carteles o avisos que hablan de alguna campaña política o de estilos publicitarios de representación. El sentido de opresión de la maestra, ante la cada vez más extendida viralización, se percibe más incómodo en los espacios cerrados, como en el departamento de la amiga directora, o en el mercado de frutas, como si la vigilancia masculina se hiciera más evidente en estos espacios domésticos o de necesidades cotidianas (como la escuela en la tercera parte).

En el segundo episodio asoma el Radu Jude que apela al material de archivo desde una intención muy humorística y cuestionadora. Este capítulo no tiene la solemnidad y dramatismo de The Exit of the Trains (2020), un logrado film de recuperación histórica, cuyas dos horas y media se sostienen en una concatenación de fotos y testimonios sobre una masacre a manos de los nazis, y más bien se compone en clave irónica, como la que emplea en Uppercase Print (otro estupendo film que dirigió en 2020), sobre el papel de la televisión a partir de un caso documentado sobre el grafitti de un adolescente, que fue sancionado arbitrariamente por el régimen de Ceaucescu. Aquí, Radu Jude procede a describir los significados de una serie de palabras que ordenan desde sus usos y significados a la sociedad rumana desde los tiempos del partido comunista, los rezagos de la segunda guerra mundial o la Guerra Fría. Ubicado entre las dos partes que describen los avatares de la maestra del video porno, y desde imágenes diversas que incluyen a videos de todo tipo compartidos en redes sociales, material archivo fílmico y televisivo, de Muybridge a Ceaucescu, este léxico permite conciliar escenas de un mundo agobiado por las formas del capital, en su alienación y explotación, y que se relacionan con el modo en que un video logra ser viralizado. Mientras aparecen las imágenes, asoman a través de subtítulos textos aderezados con pensamientos inspirados en Ambrose Bierce y su famoso Diccionario del diablo, Virginia Woolf, Sartre, Walter Benjamin, Umberto Eco, Paul Celan, entre otros. Este pensamiento existencial y crítico sostienen este abecedario de la resistencia, que desnuda tragedias y prejuicios.

En la tercera parte, se advierte un cambio de tono. Aquí ya estamos en el terreno del Jude más teatral, como pasa con la puesta en escena de Uppercase Print, pero que luce mas burlesca y espectacular. Luces de colores y padres y madres de familia en una reunión escolar que más parece una galería de Halloween. En este episodio, Jude decide la lógica de un juicio legal, en contra de la maestra y su video porno. La directora de la escuela funge de jueza, mientras los apoderados y maestros apelan a disímiles argumentos para lograr la expulsión de la docente. Es así que asistimos a un catálogo de argumentos trillados, soportados en machismos, fundamentalismos y fake news que suenan muy universales. Afirmaciones reaccionarias que se aplicarían fácilmente a contextos de los EE.UU. de Trump o al Brasil de Bolsonaro. Las mujeres expuestas a ser juzgadas y censuradas.

La resolución que plantea Jude, como respuesta a los esencialismos y contudencias, consta de tres posibilidades. Tres modos para sellar la historia de la maestra, y a la vez tres oportunidades de delirio, de extremos y estallidos. Cada uno igual de brillante y, también, de filo provocador. Sobre todo, desde la confrontación que puede producir en las espectadoras (feministas), a raiz de la representación de un ataque que tiene mucho del desparpajo del cine trash, de la comedia extrafalaria, del comic underground, pero que contiene una violencia muy patriarcal que la protagonista también enarbola. En este mundo nadie parece salvarse.

A través de sus trabajos más recientes, y de la visión panorámica a lo largo de los años, apreciamos a un Radu Jude muy activo, sin temor a la exploración, sin límites expresivos, que pasa del documental de parte al pastiche disparatado en cuestión de meses, y sin cambiar esa mirada muy corrosiva sobre Rumania y su tiempo, quizás más aguda en contexto pandémico.

Competencia oficial. Oso de Oro.
Dirección y guion: Radu Jude
Fotografía: Marius Panduru
Edición: Catilin Cristuiiu
Música: Jura Ferina, Pavao Miholjevi
Diseño sonoro: Dana Bunescu
Mezcla de sonido: Michel Schillings
Sonido: Hrvoje Radnic
Diseño de producción: Cristian Niculescu
Vestuarios: Cire?ica Cuciuc
Maquillaje: Bianca Boeroiu
Casting: Viorica Capdefier
Asistencia de dirección: Isabela von Tent
Jefe de producción: Vlad Gliga
Productor: Ada Solomon
Productora ejecutiva: Carla Fotea
Coproducción: Paul Thiltges Distributions, Luxemburg endorfilm, Prag Kinorama, Zagreb
Rumania, Luxemburgo, Croacia, República Checa, 2021

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