CANNES 2018: DEAD SOULS DE WANG BING

CANNES 2018: DEAD SOULS DE WANG BING

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Por Mónica Delgado

En algún pasaje de las ocho horas y veinte minutos de Dead Souls, los campos estériles y desérticos de la provincia de Gansu, al norte de China, están compuestos no solo de tierra y plantas secas sino de cráneos y demás osamenta que dan cuenta de las masacres producto de las prácticas de exterminio en los campos de reeducación tras la Revolución Cultural, creados en 1955. Wang Bing, a diferencia de sus otros films, entrega casi todo el metraje a dar voz a los sobrevivientes de estos campos de reeducación, creados con el fin de castigar a los supuestos disidentes del Partido Comunista, militantes de derecha o a ciudadanos que simplemente no mostraban ninguna filiación política.

Los testimonios de ancianos registrados en un lapso de diez años, permiten no solo una visión desde la longevidad de estos narradores, que van recuperando trazos de memoria de hechos sumamente trágicos (que recuerda a Fengming, una memoria china), sino la apuesta monumental que Wang Bing emprende. Para el cineasta chino, es necesario no solo tener una idea de lo que fue el interior de estos campamentos en el desierto donde mataban a la gente de hambre, sino obtener los relatos y su capacidad de convertir lo narrado en imágenes escalofriantes. Un panorama de detalles, pero también de totalidades, obteniendo visiones desde todos los ángulos, desde las diferentes miradas de las víctimas y sus familias.

Como en Tie Xi Qu: Al oeste de los raíles, Wang Bing somete al espectador a un metraje extenso y arduo (allí más de nueve horas), de entrevistas que pueden durar más de media hora, y a una estructura de dos partes, cuya diferencia quizás esté en el abordaje de los rituales mortuorios que sí aparecen en el primer apartado, y la imposibilidad de realizarlos en la segunda parte. Hay una secuencia de un entierro de unas víctimas de estos campos, donde los familiares leen un discurso sentido en honor al padre fallecido, y luego somos testigos del seguimiento a la cumbre de una montaña donde será sepultado. Wang Bing pone atención a la profundidad del espacio que cobijará a la tumba, y que permite la comparación con los huesos a la intemperie que aparecen como epílogo, como la ofensa a la memoria y a los cuerpos.

Si bien Dead Souls basa su metraje en el registro de casi una decena de testimonios extensos, extraidos en las salas o comedores de los supervivientes, hay escenas de exteriores donde Wang Bing visita los descampados en compañía de algunas víctimas, quienes realizan ritos para los amigos desaparecidos, o entrevista allí a los habitantes, pastores o agricultores, que han ocupado estos cementerios para conformar una nueva capa vivencial, que no logra superar el horror. Luego recurre a lecturas de cartas que dan una perspectiva íntima y cruda desde el pasado. Y en el epílogo, es que Wang Bing logra la suma emocional y política sobre la dimensión del horror de este campo de exterminio subrepticio, y que estuvo funcionando hasta hace algunos años en la China comunista. Una anomalía en esta edición de Cannes, poderosa y brutal, hecha para remecer.

Sesión Especial Cannes 2018
Director, cámara y guion: Wang Bing
China, 2018, 495 minutos

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