CPH:DOX 2020. NO KINGS DE EMILIA MELLO

CPH:DOX 2020. NO KINGS DE EMILIA MELLO

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Por Pablo Gamba

En la competencia principal de CPH:DOX se estrenó este año No Kings (Brasil, 2020), la ópera prima como directora de Emilia Mello. En la filmografía de la cineasta brasileña se destaca su participación como productora asociada en Waste Land (2010), un documental codirigido por Lucy Walker, Karen Harley y João Jardim que fue nominado al Oscar. Es significativo, también, que se haya graduado magna cum laude en la Universidad de Columbia en Biología Ambientalista y Estudios Latinoamericanos, y que en 2018 la hayan detenido y expulsado de Nicaragua, cuando iba a filmar una marcha de protesta contra el gobierno.

No Kings es una película sobre una comunidad de Ponta Negra, situada entre el mar y montañas de bosque tropical, cerca de Río de Janeiro y de Parati, donde vive la directora. Sus habitantes son los caiçaras, un pueblo que surgió del mestizaje de indígenas, afrodescendientes y descendientes de colonos portugueses, quienes viven de la pesca artesanal y de la agricultura de subsistencia. Es gente que habita en pequeñas aldeas, en estrecha relación con la naturaleza, cuya forma de vida afronta la amenaza externa de los proyectos inmobiliarios turísticos y de la pesca industrial, y la presión interna de las fuerzas que los mueven a integrarse al mundo “moderno”.

El título es una obvia referencia a la utopía de una sociedad autónoma sin gobierno, que es lo que parece haber en Ponta Negra. Pero no significa aislamiento: los caiçaras tienen intercambios que les permite procurarse algunas comodidades de la vida moderna e incluso celebrar en la película una gran fiesta de cumpleaños con decorados y un pastel de la misma escala. También hay una escena en la que una embarazada va a un hospital. La pregunta es si su forma de vida tradicional podrá mantener ese equilibrio.

El problema es que No Kings termina pareciéndose un poco a los filmes de Robert Flaherty que fundaron el cine documental y la docuficción, como Nanuk, el esquimal (Nanook of the North, 1922) y Moana (1926), que expresaban un interés romántico en las formas de vida en desaparición llamadas entonces “primitivas”. Lo más interesante de la película es la manera trata de diferenciarse de eso. Mello descubre personajes entrañables con los que el espectador puede identificarse –lo que también viene de Flaherty–, como el pescador Ismael, que reflexiona con profundidad sobre su vida sencilla en un pequeño lugar, o la niña Lucimara, experta en la pesca de cangrejos. Pero no relata historias, como el cineasta estadounidense, ni No Kings es un documental etnográfico de observación. La dominante es la llamada “modalidad interactiva” del documental.

La interacción incluye los diálogos con los personajes, incluso cuando están en plena actividad, siempre desde una posición en la que la cineasta habla fuera del campo visual, detrás de la cámara. Se debe a que, aunque No Kings cuenta con un par de productores con selecciones y premio en el Festival de Venecia –Roberto Minervini y Paolo Benzi–, se trata de una película de recursos mínimos en la que la directora filma y graba el sonido con la ayuda puntual de otros camarógrafos, según los créditos. Un detalle inteligente es que la única vez que se ve a Mello es cuando uno de los personajes le “devuelve” su imagen, en una foto que le toma con su celular.

Más importante, sin embargo, es la interacción de cámara con el ambiente, en general, y con la luz, en particular. Al tema de la vida en armonía con la naturaleza corresponde, así, una técnica que hace que el contacto con el entorno interfiera la imagen digital y genere así diversas texturas, bien sea porque son planos grabados bajo el agua, o por la bruma del mar o por la falta o el exceso de luz, además del lugar común del empañamiento y la presencia de gotas de agua en el lente de la cámara. Hay una escena en particular en la que se juega con estos efectos del ambiente en la imagen: la del contraste entre lo penumbroso y lo resplandeciente, cuando se enciende la luz en la sala donde le hacían una ecografía a la joven embarazada.

La búsqueda de una belleza plástica accidental por medio del experimento compite, así, en No Kings, con la belleza romántica de Flaherty. Sin embargo, ambas búsquedas no dejan de coincidir por eso en que el cineasta estadounidense logró despertar el interés de Paramount por financiar sus segunda película, mientras que los productores de Mello son conocedores de lo que demandan los festivales y el circuito comercial del documental. Aunque Mello es una luchadora social, lo que cristaliza aquí no es un compromiso con la lucha de un pueblo como el de Martirio (Brasil, 2016), de Vincent Carelli, Tatiana Almeida y Ernesto de Carvalho, por ejemplo.

Dirección y fotografía: Emilia Mello
Producción: Emilia Mello, Roberto Minervini, Paolo Venzi, Raoul Nadalet, Denise Ping Lee
Montaje: Henrique Cartaxo, Marie-Hélène Dozo, Pierpaolo Filomeno, Adam Kurnitz
Brasil, 2020

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