CROSSROADS 2020.PROGRAMA 8:ASUNTOS DESCONOCIDOS

This entry was posted on August 31st, 2020

Por Mónica Delgado

En estos días de crisis sanitaria, el festival de cine experimental, videoarte y performance CROSSROADS, organizado por la Cinemateca de San Francisco, ofrece nueve programas para visionado online y gratuito, agrupados de acuerdo a diversos criterios de programación, temáticos o de acuerdo a algún motivo expresivo, aunque muchos de ellos planteados para confrontar o resignificar algunos tópicos usuales en este tipo de curadurías. Esta edición, liderada por el cineasta Steve Polta, promueve en sus programas, más allá de los visionados en sí, estrategias de relaciones, correspondencias o, incluso, ausencias.

A diferencia de otras muestras o festivales que se han venido desarrollando en este contexto, las oportunidades para ver cine experimental han sido diversas, aunque limitadas debido a la imposibilidad de las proyecciones usuales de obras hechas en celuloide. Sin embargo, estos visionados en pandemia logran mantener este sentido de comunidad, que apuestan por la experiencia sensible desde casa.

En el octavo programa, denominado Unknown subjects, se propone a los “no lugares” como un hilo conductor, sin embargo este concepto adquiere diversos matices, incluso se podría decir que se mueve en el ámbito de su paradoja, en la imposibilidad de aquello que Zygmung Bauman define en Modernidad Líquida, a partir de lo propuesto por Marc Augé, como “un espacio despojado de las expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones y la historia”. Quizás estos “asuntos desconocidos” asomen desde la ironía, puesto que cada corto expresa una ubicuidad específica, una marca particular en los espacios que se describen. Quizás los lugares adquieren una fuerza contundente, antes que una mirada subjetiva o de la preponderancia de una visión desde algún protagonista. En la mayoría de los casos, estos sitios, ya sea ruinas, fronteras, desiertos o casas, van a mostrar un contexto determinado, sobre todo de índole política o social, es decir, de todas formas “expresiones simbólicas de identidad”.

En Interior (2019), del cineasta estadounidense Zack Parrinella, corto con el que abre el programa, se propone de modo más explícito esta idea de “no-lugar” como aquel espacio inasible desde la vivencia urbana. A través de un registro frenético, desde una cámara convulsa, es que el cineasta miembro de Black Hole Collective Film Lab, establece una diferencia en el encuadre horizontal a partir de la salida de la urbe, desde una suerte de “road movie” que va de la ciudad al campo, del edificio al desierto, del cemento a la vida natural. Es como si la misma esencia del encuadre, que define una ventana de mundo, motive que Parrinella explore esta intención de marcar el horizonte, donde el campo abierto luce más estable, explorable y perceptible, aunque dividido entre estos dos componentes o estados: suelo, cielo, agua, nubes, realidad y reflejo.

Siguiendo la lógica del título, este interior aparece desde los paisajes limpios, desnudos que se vuelven antagonistas de las ciudades, que atrofian o enferman el registro, como si la cámara enloqueciera ante esta verticalidad de torres, edificios y cemento. Ciudades como superficies o capas que cubren esta intensidad de lagunas, campos y sembríos.

En //\///\////\ (2019), los artistas interdisciplinarios Phillip Andrew Lewis y Michael Robinson dividen el corto en tres partes, para describir precisamente tres espacios, que a modo de sinécdoque hablan de tres hombres, y donde sus viudas son mencionadas o citadas fuera de campo, solo en un plano sonoro o desde unos textos sobre las imágenes. Los artistas eligen a tres figuras de las letras y la política que fallecieron en la misma fecha, el 22 de noviembre de 1963. Se trata de Aldous Huxley, C.S. Lewis y John F. Kennedy, quien son traídos de la muerte a partir de las menciones en off de sus viudas Laura Huxley, Joy Davidman y Jacqueline Kennedy Onassis, respectivamente.  De esta manera, desde la evocación de las esposas (desde un poema, una conversación o un monólogo) es que los lugares registrados, una represa abandonada, un bunker en ruinas tomado por asalto por la maleza o unos edificios de cristal también vacíos logran simbolizar una suerte de legado, solo traducible en la auscultación meditabunda, enfatizada por una banda sonora sutilmente ruidista.

Este corto, que parte del proyecto de colaboración en curso de Lewis y Robinson, denominado Our Hyddeous Strenkth, pretende dar materia a estas memorias que emergen fantasmales de estos lugares desolados, pero vistos como lugares con posibilidad de culto. ¿Cómo dar materia a la memoria a través de estos fortines inhóspitos y libres de personas? ¿Cómo ir en buscar del tiempo recobrado desde estos espacios que ya no remiten a nada? Pareciera que para Lewis y Robinson esta pregunta pudiera responderse desde estas relaciones, que completan las voces como modo de exhumación histórica desde el espacio, en esta otra manera de continuidad.

Fabricated in the Actual Arctic (After Nanook) del estadounidense Matthew Lax es el trabajo que más me interesó de la selección, sobre todo porque contiene un tipo de ironía muy en clave de mockumentary, a partir un “incidente” en el contexto del clásico de Robert Flaherty de 1922. El cineasta y artista Lax se concentra en la indagación de una pieza perdida: un dibujo hecho por un esquimal en el rodaje del famoso documental, hito en la historia del cine. Lax muestra el dibujo, donde aparece dibujado Flaherty y su cámara en miniatura, en medio de la inmensidad de la nieve y el frío, pero para seguirle la pista. Luego de idas y venidas con el Museo de Arte Moderno (MOMA), se descubre que hay una copia tomada de un viejo libro en las colecciones, más no la imagen en sí. A la par muestra cómo algunas piezas del arte inuit sí son preservadas o exhibidas debido al valor dado por la autoridad artística y antropológica. ¿Por qué no lo fue este registro que quizás luce más real que la mirada de Flaherty sobre la vida en Alaska? Lax ironiza desde este descuido, para profundizar sobre algunas categorías de destajo para la construcción de estas memorias.

Por un lado, se propone satirizar sobre las fronteras establecidas como canónicas en el registro de lo real, sobre la exclusión en la mirada del director o la intención de determinar qué funciona mejor en esta búsqueda de realismo, frente a la reducción de la validación institucional, que decide qué preservar y bajo qué condiciones. Y por otro lado, sobre el silenciamiento de la voz del subalterno, que sí existe cuando se cambia el enunciador, es decir, bajo el ojo de Flaherty. La mirada del esquimal quedó soterrada para siempre. Al estar fuera de la película, su lugar en la historia desaparece. Solo existe su eco o una fotocopia guardada en algún archivador.

Otro detalle importante es el uso del telecine en este corto que tiene apariencia de cine silente, ya que se traslada la imagen registrada en soporte fotoquímico a un formato de TV, como el mismo acto de fotocopiar un dibujo de esquimal, recurso que conceptualiza este intercambio de soporte que afecta el “aura” de la obra. También Lax usa intertítulos, y algunos planos que evocan el estilo Flaherty. Al final, hay un intertítulo que habla del artificio: Flaherty va a construir un iglú, en consonancia de la famosa escena del film, solo que la diferencia es que aquí es una evocación desde el uso de técnicas de animación. Todo vale para construir sentido.

 

En Rio Grande Sun (2020), las cineastas Courtney Fellion y Linda Scobie exploran la materialidad del desierto en constraste con testimonios de abusos y violencia, que aparecen fuera de campo y desde voces que recrean informes policiales. La intención de crear una diferencia entre lo que se ve y lo que se dice, va generando todo tipo de imágenes pararelas, creadas por la parte verbal del corto. Filmado en 35 mm, con una cámara Devry Hank Crank “Lunch Box”, de la década de 1920, las cineastas van describiendo paisajes, rutas, personajes en tránsitos de halo poético por escenas de apariencia bucólica pero inmediatamente desmitificadas por las historias de abuso o repulsa que se oyen. 

Por el tono del corto, hay una evocación a cierto naturalismo o color local que se haya en algunos trabajos de Chick Strand, o en las “crónicas” de viaje de Barbara Hammer, sin embargo, la finalidad del film es más de corte teórico, es decir, la comprobación de un precepto formal, que implica la simbiosis entre imagen y sonido que provoca capas visuales y nuevos significados. Imágenes que jamás logran independizarse de su componente verbal. Y quizás por esta opción, es que el film se perciba más como el ejercicio para comprobar una tesis, corroborar una fórmula, antes que en una experiencia de interacción del espectador con el espacio en sí.

 

 

Eviction, Demolition (2019) de Karissa Hahn plantea una despedida. Una cámara en mano va explorando una casa vacía, desnudada a la fuerza, donde una pianista logra inundar con melodías un ambiente de nostalgia. La cineasta explora en la materialidad del celuloide (a diferencia de trabajos anteriores que se concentraban vas en exploraciones desde lo digital) la oportunidad de definir un espacio desde esta cartografía íntima. ¿Se puede dejar una casa? Rincones, ventanales, escaleras, desde miradas que están en constante contemplación, de un observador voyeur, o la visión de un vecino a la espera de un hecho fortuito en las calles del barrio.

Como fábula fantasmal, Hahn conforma este rito del adiós, ante la inminencia desaparición, tal como lo evoca el título del corto. La cineasta encuentra en este registro la posibilidad de la preservación, del regreso, y la posibilidad de extender de esta manera la vida.

En esta misma vía, aparece Amuletos (2019), del Colectivo los Ingrávidos, donde se explora nuevamente los ritmos, en trances visuales que van generando abstracciones de carácter barroco, para lograr simbolizar la unión estable e indisoluble entre mundos de vivos y muertos, que es parte de las tradiciones de la cultura mexicana. Objetos que lucen reanimados o en un baile de sanación. No solo un efluvio de colores y texturas, de cráneos y flores, de piedras y semillas, sino una total fusión de estos amuletos como protectores ante la mala suerte, pero a la vez cumpliendo un fin vital, más allá de las creencias.

 

 

En un polo estético distinto, Más paritaria menos yuta (en la foto que abre este artículo), de la brasileña Moira Lacowicz y el argentino Leonardo Zito, propone el registro de espacios que dejan entrever hechos de crisis sociales en Argentina. El lema del título, que demanda más libertad para la participación social y menos para la represión (yuta: estamentos policiales), plantea algunas relaciones con el sentido de ciudadanía, sobre todo desde el papel de la protesta, que queda revelado en un plano sonoro, que acompaña todo el metraje.

Filmada en 2018,  íntegramente en Super 8 y revelada caseramente, este corto plantea también una contraparte a los registros de lugares que fueron protagonistas de estas luchas sociales y obreras, que se revela en la mirada sobre algunos personajes, que parecen estar al margen de este lado convulso, quizás a la espera. El sentido de lo político se construye desde las ausencias, desde estos personajes que asoman desencantados, imbuidos al parecer en un tipo de conformismo o quizás desde la certeza de que por más protesta la situación no cambiará. Más allá de la arenga, el corto propone desde el registro de lo cotidiano, condiciones para la existencia de estas paritarias, organizaciones ciudadanas para la vida en comunidad, o quizás su negación.

Quizás el corto We Love Me (2017) del tailandés Naween Noppakun luce menos en sintonía que los anteriores trabajos, sobre todo debido al uso de la técnica de apropiación y a su estilo collage, y a un instinto caótico que hace difícil adivinar su relación con los “no lugares” de los otros films de la sección. Hay un afán político y provocador, en articular escenas de diferentes producciones tailandesas, tanto para cuestionar  la representación de la heroína como del sentido del melodrama, con la identificación de un país en tránsito político y social, y con el yo del cineasta, tras un periodo de convulsión histórica. Así, Naween Noppakun plantea una vía para la recuperación del yo, al develar las capas, producidas por medios y productor culturales, que cubren o disfrazan esta alienación.

Programa 8

Interior (EE.UU., 2019) de Zack Parrinella; //\///\////\ (EE.UU., 2019) de Phillip Andrew Lewis y Michael Robinson; Fabricated in the Actual Arctic (After Nanook) (EE.UU. ,2018) de Matthew Lax; Rio Grande Sun (EE.UU., 2020) de Courtney Fellion y Linda Scobie; Eviction, Demolition (EE.UU., 2019) de Karissa Hahn; Amuletos (México, 2019) de Colectivo los ingrávidos; Mas Paritaria Menos Yuta (2018) de Moira Lacowicz y Leonardo Zito; We Love Me (Tailandia, 2017) de Naween Noppakun.