DOC BUENOS AIRES 2021: VELADORES DE PAZ ENCINA

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Por Pablo Gamba

Veladores es el tercer largometraje de Paz Encina, que ganó el premio de la crítica internacional (Fipresci) en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes por su ópera prima, Hamaca paraguaya (2006). Después realizó Ejercicios de memoria (2016) y está terminando Eami. Pero la cuarentena por la pandemia del COVID-19 la llevó a hacer este documental, en el que vuelve sobre el tema de todas sus películas: la memoria histórica de su país, Paraguay, y en particular de una de las más largas y tenebrosas dictaduras de América Latina, la de Alfredo Stroessner (1954-1989).

El trabajo centrado en la voz es el otro aspecto central del estilo de Encina, y en Veladores continúa por medio de un recurso para el “encuentro” que se generalizó con el confinamiento: el Zoom. Pero lo usa con un fin que es más que por eso pertinente. Con él trae de vuelta del pasado una de las luchas contra Stroessner que fueron derrotadas: la del Movimiento Popular Colorado (Mopoco), facción disidente del partido del régimen que en 1959 exigió el fin de la dictadura. Sus integrantes fueron perseguidos, encarcelados, torturados y forzados al exilio. Entre ellos estuvo el padre de la cineasta, Alejandro Encina Marín, cuyo nombre de guerra era Quijote.

Ocho nietos de exiliados del Mopoco leen en esta película, junto con Paz Encina, cartas que intercambiaron sus abuelos alrededor de 1960, cuando la dictadura apenas llegaba a cinco de los 35 años que duró, aunque uno de ellos expresa, con entusiasmo, la convicción de que el derrocamiento de Stroessner era inminente. Visualmente parece una reunión “virtual”, pero también funciona como una espeluznante metáfora actualizada de lo que fueron y son las redes de resistencia en el exilio de una pequeña organización contra un régimen que usó el espionaje y delaciones para vigilar a la población entera. Es un tema que trató Encina en la trilogía de cortos Tristezas de la lucha (2014-2016). También actualiza la memoria en esta película la presencia mujeres entre los que interpretan las voces de los militantes del Mopoco, que en la pantalla son identificadas todas como de hombres.

A pesar del entusiasmo del corresponsal mencionado, en general las cartas dan constancia de las flaquezas del partido y de las dificultades personales de los militantes exiliados en Argentina. A diferencia de otros que recibían y reciben solidaridades automáticas en todo el mundo, dictaduras cómplices rodearon por mucho tiempo la de Paraguay y el Mopoco no había podido tejer todavía una red significativa de vínculos que pudiera proveerlo de apoyo y recursos. Aunque el movimiento se formó el año en que la Revolución derrocó en Cuba la tiranía de Fulgencio Batista y poco después de fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, la posibilidad de recibir ayuda de esos países fue apenas una ilusión.

La historia de flaquezas y fracaso que tejen las voces lleva a pensar en una película de Raúl Ruiz: Diálogo de exiliados (1975), cuyos personajes son chilenos refugiados en París después del golpe que derrocó al socialista Salvador Allende. El lento fade out con el que termina el diálogo en el Zoom actual de los corresponsales del pasado es una ironía que plantea también este vínculo. Es amargamente irónico, igualmente, el epílogo en el que un gran plano general de Asunción, la capital del Paraguay, mientras va cayendo la noche, tiene como correlato sonoro el regreso de las grabaciones rescatadas por Encina del “Archivo del Terror” en Tristezas de la lucha. Son registros de entrevistas policiales a los exiliados a los que la dictadura permitió volver al país cuando ya no representaban ningún peligro para ella, y ponen de relieve, sobre todo, la posible continuidad hasta hoy de esas prácticas de vigilancia en un país en el que el orden social del stronismo se prolonga en una democracia a medias, que fracasó en su intento de cambiarlo con el derrocado Fernando Lugo.

Con referencia a esta derrota, los veladores del título, que las lectoras y lectores encienden para iluminar su pequeño espacio en la pantalla, pueden ser vistos como representaciones de algo que también es clave en el cine de Encina. Para expresarlo se pueden citar las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin: “También a nosotros […], como a toda otra generación, nos ha sido conferida una débil fuerza mesiánica, a la cual el pasado tiene derecho de dirigir sus reclamos. Reclamos que no se satisfacen fácilmente, como bien lo sabe el materialista histórico.” A estas lámparas, que en algunos casos apenas iluminan un poco alrededor del personaje, se añaden fade outs de la pantalla entera, que fragmentan la lectura en segmentos que se disuelven en la tiniebla de la nada, y también la transformación de la cuadrícula de nueve ventanas en grupos de tres o de dos, o en monólogos de un lector, en un rectángulo rodeado de un limbo negro. Pero aunque sean pocos y débiles, su fuerza no deja de ser redentora.

Además, hay un décimo personaje que marca la diferencia entre el llamado a la débil fuerza mesiánica de Encina y la ironía provocadora de Ruiz. Es el espectador, cuyo lugar dentro de la película y su participación pasiva en la conversación están implícitos en la composición inspirada en las reuniones por Zoom. Quizás no se perciba este llamado si no se comparte una experiencia de derrota, diáspora y silencio como la de las luchas que se libraron contra Stroessner. Para quien no sea tocado en esta sensibilidad particular por las voces que redimen los nietos de Veladores, el relato que van tejiendo puede resultar difícil de seguir, incluso tedioso. Puede pesar demasiado la dificultad que plantea la lectura de personas que no tienen la formación que se requiere para atrapar al oyente con su performance. Pero los que sí han atravesado –o atraviesan– circunstancias como esas quizás se conecten intensamente con una memoria que también los persigue o reconozcan las terribles semejanzas de esa lucha con la suya, como exiliados de otra nación. El pasado volverá en ellos como terribles relámpagos que desgarran la noche que pueden alumbrar con sus veladores.

Versiones de lo Real
Veladores
Dirección y guion: Paz Encina
Fotografía: Ángel Molina
Paraguay, 2021, 70 min.

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