FID MARSELLA 2020: RÍO TURBIO DE TATIANA MAZÚ

This entry was posted on August 3rd, 2020

Por Ivonne Sheen

El silencio se ha inscrito en el cuerpo/mente femenino y disidente a lo largo de la historia colonial de Occidente. Aquel silencio se retroalimenta con violencia represiva que lo institucionaliza. El silencio se convierte en un modo de ser. Audre Lorde habló del silencio como una actitud pasiva consecuencia del miedo y la ansiedad. En un mundo en el que si por esencia la inminencia de la muerte es una sensación a la que todos nos enfrentamos cotidianamente, cuando unx pertenece a un grupo minoritario -en su caso, ser lesbiana y negra- aquella vulnerabilidad inherente se incrementa con agudeza y violencia. Para Lorde, el silencio nos carcome hasta enfermarnos. Hablar, hacer, estar, ser auténticamente es un ejercicio terapéutico y de cambio en un mundo en el que el capitalismo y el patriarcado no dejan de aniquilar(nxs).

Al pensar en un campamento minero, pensamos en un grupo de hombres. Si pensamos en un grupo de hombres, pensamos tal vez en grupos de mujeres e hijxs. Pero, el mundo minero es esencialmente masculino y se refleja en sus mitologías sobre su quehacer y su relación con la naturaleza. A la mina solo entran hombres, porque si entra una mujer puede traer mala suerte. Es un estilo de vida subterráneo, con otro orden y energía, es otra temporalidad, es otro espacio. Esta intensidad se refleja en sus relaciones afectivas y en su subordinación a la voluntad de las mineras. La masculinidad está educada para aguantar, para demostrar su “fuerza”, para callar la vulnerabilidad. El silencio de una mujer y disidencias es diferente al silencio de un hombre; pero, no dejan de estar conectados.

La última película de Tatiana Mazú, Río Turbio (2020), estrenada y galardonada en el FID Marseille con el premio internacional Georges de Beauregard, es un híbrido documental, experimental y ensayista que disecciona a una localidad minera en Argentina, Río Turbio, para estudiar la anatomía de la subjetividad de la propia autora y la de la comunidad, donde además ella vivió varios años y donde actualmente vive parte de su familia. Este estudio y análisis, se despliega como terapéutica y como contestación a un sistema opresor. Tatiana Mazú se acerca a su tía y al grupo feminista de esta, quienes a través de una radio cobran presencia en la comunidad. Sin embargo, la aproximación de la película deja en manifiesto al silencio como una verdad que nos sigue atravesando. La película resalta como una obra perteneciente a una nueva generación de cineastas latinoamericanas, a la cual pertenecen Mercedes Gaviria y Carolina Moscoso; para quienes la deconstrucción no solo se encuentra en lo temático, si no también en su relación con lo cinematográfico.

Parece que Río Turbio respondiera a preguntas concretas como ¿qué es la minería? ¿qué es el machismo? ¿qué es el feminismo? ¿qué es el capitalismo? y más que hallar una respuesta, se entrega a la exploración de la geografía como espacio vivo, de las mujeres como agentes transformadoras en una sociedad machista, se acerca a un estilo de vida consecuencia del capitalismo extremo que convierte a un paisaje y a una comunidad en una película de ciencia ficción anclada en sistemas binarios de poder.

El uso del material de archivo familiar, de archivos fotográficos científicos, de diagramas, la filmación en negativo analógica, el retrato de observación de un paisaje inhóspito, dialogan con un diseño sonoro que crea atmósferas sensoriales y sobretodo nos sitúa en el proceso de creación. La tecnología se encuentra presente en la película como herramienta creativa, como un medio de comunicación cotidiano, como una posibilidad de organización y de fortalecimiento de comunidad. Sin dejar de lado que esa presencia de telecomunicaciones contextualiza a nuestras comunidades insertas en el capitalismo globalizado. Los testimonios se hacen en silencio, a través de mensajes de whatsapp, que aparecen de rato en rato como notificaciones en tiempo real. Mientras que la exploración documental del espacio se logra como un encuentro con y entrega a este, transmitiendo su intensidad. Tatiana Mazú se entrega a la geografía del lugar cual exploradora, dejando de lado artificios impresionistas. Así dentro de su exploración, indaga con distintos formatos, y como alquimista, explora la luz del lugar con la filmación en negativo blanco y negro; y como retratista íntima, se atreve a un acercamiento terapéutico con el cual observa los archivos familiares.

Las aguas del Río Turbio de Tatiana Mazú contienen la memoria de una violación y de tantas historias personales que las mujeres de la comunidad se atreven a contar con valentía -porque dicen que los hombres también pasan por cosas duras dentro de la mina, pero que nunca hablan al respecto-; construyendo una corriente compuesta por lo personal y lo colectivo como cuestiones inseparables, y porque hablar desde el yo es una forma de lucha.

Río Turbio es una película que sucede mientras se va construyendo, como una excavación arqueológica afectiva y política; es un film como corriente de agua que recorre un territorio geográfico y humano, y que sus afluentes poco a poco nos logran empapar con luz ante el trauma y la opresión.

Competencia internacional
Directora: Tatiana Mazú
Productora: Florencia Azorín (Antes Muerto cine)
Dirección de Fotografía: Tatiana Mazú
Dirección de Sonido: Julián Galay
Edición: Sebastián Sanzottera
Argentina, 2020, 81’