GIJÓN 2019: LES PERSEIDES, LE FAMEUSE INVASION DES OUR IN SICILE, JAUJA Y A WHITE, WHITE DAY

This entry was posted on November 18th, 2019

Por David S. Blanco

Compartimos un repaso a los films vistos en la segunda jornada en el Festival Internacional de Cine de Gijón.

Les Perseides, de Alberto Dexeus y Ànnia Gabarró, tiene a la introspección como medio narrativo, como vehículo para alcanzar ideas enterradas en el subconsciente, y que siempre ha sido uno de los recursos más utilizados en lo que podríamos denominar como “El cine de autor”. Películas donde los diálogos escasean, y muchas veces, largos planos contemplativos sirven la función de espejo en el cual nos mirarnos. Un espejo, mediante el que mediante la suspensión de la incredulidad del espectador, podemos llegar a comprendernos a nosotros mismos.

En Les Perseides, esa función la cumple Mar, una niña pre adolescente que pasa las vacaciones junto a su padre, donde multitud de leyendas, fantasmas históricos, y dualidades morales, entrarán en juego durante la película. No estamos ante un genero fantástico, sino ante el análisis conceptual del pasado de una país -España – que entierra sus miserias -literalmente – en lugar de buscar el autoanálisis. Encontramos en la mirada de Mar, una mirada inocente y sin prejuicios adquiridos, quizás la esperanza de un conocimiento real, aquel que no se apoya en ideas preconcebidas sin aparente formalidad contrastada.

Sus directores apuestan por un montaje lineal con elipsis, en el que el peso de la realidad versus lo que Mar querría que fuese su realidad, siempre está en primer termino. Les Perseides, presentada en la sección oficial del festival, es una obra que habla de la reconstrucción desde los cimientos de cada uno, aunque para ello, haya que estar un tiempo a la deriva, como días que parecen meses en los últimos coletazos de la infancia de esta niña.

Que la animación es uno de los campos con mayor libertad creativa – e incluso, conceptual – es un hecho. Lorenzo Mattotti, en la italiana La fameuse invasion des ours en Sicile, se vale de esta forma de hacer cine, para contarnos una historia sobre la libertad de las especies, y la dominación territorial que los hombres ejercemos sobre estas. Una historia que planta valores de forma tan maniquea como alarmante, y es que dibujar de forma tan concreta la maldad y la bondad sin escalas intermedias, es un punto peligroso para cumplir los propósitos de conciencia que la película plantea. Más grave parece esto, cuando esta historia está enfocada a un público más infantil que adulto, cuando aún están en plena época de moldear su conciencia. Esta forma de simplificar el eje de la historia, unida a una animación, que sobre todo, y en comparación con las últimas cintas que hemos visto en los últimos años, no brilla especialmente, acaban por relegar a esta película en una de esas categorías tan olvidables como disfrutables. Yo me inclino por la primera opción, en este film visto en la sección Esbilla del festival.

En su día nunca se llegó a estrenar en Gijón, así que el festival de cine ha decidido homenajear a un viejo amigo proyectando una de las películas que más dio que hablar en aquel lejano 2014. Jauja, de Lisandro Alonso, vista en un pase especial, es un estudio del alma humana y el mito, a través de bellísimos cuadros cuadrados, que marcan hacia dónde tenemos que enfocar nuestra mirada, y destacan los bellos cielos de la Patagonia. Es la historia de un hombre en busca de lo imposible, condenado a repetir el mismo error de todos los hombres una y otra vez. Lisandro Alonso nos plantea una película, que ni el mismo entiende – según aclaró en el coloquio posterior -. Lo que le interesa es el viaje, la experiencia, y el desarrollo de la película. Una cinta que se rompe creando una simbiosis entre realidades alejadas, pero conectando mentalmente con los valientes que aguanten su denso y pausado ritmo. Planos larguísimos y planos generales en su gran mayoría de metraje, son el aval de una cinta que solo cambia de escala y angulación cuando ocurre algo realmente relevante. Y ese juego minimalista, de dar información a pinceladas de trazos casi invisibles, son las claves de una película con la que pasarás por varios estados emocionales.

Y terminamos el día con una de las sorpresas de la pasada edición del festival de cine de Cannes. El islandés Hlynur Pálmason radiografía la locura, la rabia y el dolor contenido, de un ex policía que vive en un pequeño pueblo, y que debe hacer frente a la reciente muerte de su mujer. La película, con ese raro equilibrio para la belleza estilística como formal (similar a la de su compatriota Rúnar Rúnarsson en Sparrows), trabaja el relato mediante la dosificación de la información, siempre poniendo el punto de vista sobre un hombre apático y aparentemente incorruptible emocionalmente. La vida puede ser algo parecido a la propia muerte, y su desesperación le llevará a poner en riego su propia integridad y la de los que le rodean.

A White, White Day, que compite en la sección oficial de largos, es un relato de maceración lenta, pero cuando explota, es difícil no quedar subyugado por todo lo que plantea. Es la segunda película de Pálmason, pero no exageramos si decimos, que desde ya, es uno de los autores europeos en los que hay que poner la lupa en los próximos años. Su mirada naturalista de la ruptura de las familias idílicas y tradicionales, es una de las narraciones familiares más poderosas de este 2019.