LIMA ALTERNA 2020: SOBRE IMPOSIBILIDAD DE LEONARDO BARBUY Y OTROS CORTOS PERUANOS

This entry was posted on September 23rd, 2020

Por Mónica Delgado

En estos días comenzó la primera edición Lima Alterna Festival Internacional de Cine, que se propone como un espacio nuevo en el panorama de exhibición alternativa en el Perú, que se realiza con recursos de su propio equipo, con nulo aporte público; es más sin auspicios de alguna institución privada. De ninguna manera esto significa un logro, sino la urgencia de un reto en el contexto actual, una apuesta consciente en un entorno que ha precarizado el acceso a la cultura en general y que se realiza a pesar de la situación adversa causada por la pandemia de la COVID-19. Desde ya esperamos que esta primera edición sea el inicio de más oportunidades de acceso a un cine distinto, y que se vuelva un espacio estable, y que de alguna manera llena el vacío dejado por Lima Independiente, tras su cierre definitivo en 2019.

Como pasaba en Lima Independiente, festival donde también el cineasta y director de Lima Alterna Farid Rodríguez era programador, hay cinco secciones dedicadas al cine peruano, con presencia de films locales también en competencias internacionales, lo que podría hablar de un saludable panorama local, pero que tras los visionados más bien demuestran los amplios criterios de selección, quizás demasiado eclécticos o permisivos.

En este artículo me voy a detener en algunos trabajos vistos en la sección Competencia peruana de cortometrajes que tienen algunos puntos de interés. Por otro lado, me llama la atención que esta competencia de doce cortos solo tenga un trabajo hecho íntegramente por una cineasta, se trata de [En Tre] Fuego Incesante (Perú, 2020) de Ivonne Sheen, crítica de esta revista, que tuvo oportunidad de visionado en desistfilm hace algunos meses. Y en sí la selección ofrece en general un panorama muy diverso, demasiado diría, que va desde el documental convencional o correcto como en Mitayo, el film diary como en Retrato o 6/03, o pasando por obras del digital como en Zarza ardiente o el analógico en Carta desde Prospect Park. Se entienden la necesidad de la visibilidad de la variedad dentro del cine independiente peruano, de querer resaltar tanto ficciones como documentales o experimentales, pero quizás valga la pena, para las próximas ediciones, reducir la selección y marcar una posición editorial, sobre qué tipo de cine peruano es el que se quiere destacar. Es una sección competitiva y no una muestra.

Iniciaré estos comentarios sobre todo con un corto que llamó mucho mi atención:  Imposibilidad (Perú, 2019) de Leonardo Barbuy. Si bien este corto se ha exhibido anteriormente en otros canales, me parece un buen indicio que Lima Alterna lo haya recuperado para su competencia de cortos, ya que se trata de un trabajo que refleja a un cineasta preocupado por la puesta en escena, por el montaje y por los recursos que ofrece la apropiación y el footage.

Barbuy,  como compositor de formación, investigador y pedagogo, dota a Imposibilidad de sentidos que permiten explorar la imagen más allá de un simple plano en su inmanencia, para ampliar su propuesta a atmósferas oscuras, extrañas, inquietantes sobre el tema de la afirmación de la paternidad o la filiación, pero también sobre la resistencia ante los lazos familiares, que están alimentadas por el influjo de la música y la hipervisualidad de las redes sociales. Para lograrlo, Barbuy utiliza varios recursos, desde el uso del desktop film, la reapropiación de videos de Youtube, y la epístola de nuestro tiempo como voz íntima, para hablar sobre un vínculo filial a medio hacer, temeroso, pero a la vez dispuesto a ser parte de alguna prueba.

Desde imágenes apropiadas de Youtube, que van desde arte religioso, un video que extiende la música del compositor japonés Toshio Hosokawa o escenas sobre ataques de epilepsia, Barbuy propone la psique de un personaje que teme aceptar su paternidad, pero lo hace desde este montaje que permite intuir un temor profundo. Pero más allá de esta “historia”, el corto plantea un modo de relacionarse con el entorno, a partir de estos videos que a la vez muestran este mundo de imágenes que saturan y generan la sensación de irrealidad, al borde del horror. Ante todo, Imposibilidad es un corto de horror o de miedos, en sus atmósferas y resoluciones.

En 2019, un proyecto de largo de Barbuy, Diógenes, obtuvo fondos públicos para su realización. Si bien Barbuy tiene cortos anteriores, como Alana (2017), que son distintos a lo revelado en Imposibilidad, permiten igual desde ya tener todas las expectativas puestas en lo que desarrolle en su primer largo.

En Mi monólogo ha terminado (Perú, 2020), el cineasta Efraín Bedoya Schwartz recurre al tono personal, a partir de la unión de diversos versos de poetas de las generaciones del cincuenta y sesenta, como Washington Delgado, Juan Gonzalo Rose, Pablo Guevara o Luis Hernández, y que brindan el carácter de soledad o nostalgia para acompañar a las imágenes de registros familiares,  que van describiendo a una ciudad de antaño. Por un lado, la propuesta de Bedoya lograr conjugar el espíritu de los poemas con imágenes probablemente de aquellos años, como si estos fragmentos de poemas se reanimaran en su desencanto o extrañeza en torno a la ciudad descrita. Como si los versos hubieran ido a buscar imágenes exactas que describen ese tiempo determinado. Por otro lado, el uso de textos brinda un sentido que las imágenes reapropiadas en sí no tienen, al ser originalmente momentos sin mayor intención que la de ser documentos o registros caseros. Así, las imágenes en sobreimpresión y en montajes superpuestos, dialogan con estos textos para formar un corpus fusionado sobre una ciudad y personajes que ya no existen. Más allá de la propuesta de relación entre imagen y texto que Bedoya propone, se percibe una dependencia de este recurso escrito o literario, que podría restar relevancia a la misión de las imágenes.
En una intención opuesta, más de carácter indagatorio, aparece el corto Apaisado (Perú, 2020) de Javier Bellido Valdivia y Paula Chávez. Este acercamiento de Bellido y Chávez marca una distancia con anteriores trabajos (de Bellido como Sinmute o Connatural), ya que aquí más que una exploración expresiva, ofrece una investigación de comprobación teórica en torno a las relaciones espaciales en el audiovisual, sobre todo. Se muestra el registro de tres espacios “naturales” como los Pantanos de Villa, el parque ecológico Loma Amarilla y la playa Makaha, pero a partir de sus conexiones con el contexto urbano desordenado y caótico que asoma a la fuerza, desde travellings y recursos variados. O desde la sensación de lo invasivo a partir de sobreimpresiones y transiciones lentas, que muestran estas concatenaciones entre paisajes. Así, Apaisado los cineastas muestran, ante todo, como un concepto a construir, como el esbozo de las herramientas visuales para su sustentación. Planos visuales y sonoros que muestran estos oasis naturales, donde lo humano aparece a través de voces o algunas figuras que no se llegan a materializar del todo, para mostrar los aspectos contradictorios o simbióticos de una ciudad que oculta estos territorios que parecen sobrevivir sigilosamente.