LOCARNO 2019: EL MOVIMIENTO

This entry was posted on September 10th, 2019

Vitalina Varela

Por Aldo Padilla

Los premios máximos de un festival no siempre parecen responder de manera acorde al discurso de la programación, pero una constancia en el cuidado de la curaduría, suele dar como resultado una lista de ganadores que termina retratando a una gran generación de autores: Albert Serra, Lav Diaz, Hong Sang-Soo, Wang Bing y este año Pedro Costa, quienes han sido ganadores del Leopardo de Oro durante esta década. Cinco nombres que han marcado este nuevo siglo, cada uno en una línea muy diferente de las nuevas tendencias del cine y que permiten entender la importancia de Locarno, a la hora de cuidar a los autores, en especial tomando en cuenta el cambio de intereses que han ido apoderándose de otros grandes festivales.

Fantasmas en movimiento

La victoria de Pedro Costa no solo es el triunfo de un cine heredero del estilo de Straub-Huillet, sino también del cine portugués contemporáneo en un excelente estado de forma, cuya triple presencia en la competencia oficial (junto a Nicolau y Cunha), demuestran que el país luso se encuentra en la cresta de la ola en cuanto a la vanguardia.

Vitalina Varela, representa al Pedro Costa más depurado y la ampliación del universo que había empezado a construir en No quarto da Vanda (2000), pero que adquiriría una atmosfera propia en Juventude em marcha (2006) y Cavalo Dinheiro (2014) de la mano de Ventura, y que es relevada por Vitalina Varela, que representa una nueva sensibilidad a la hora de representar a los fantasmas que divagan en las laberínticas calles de Fontainhas.

El luto en tierra ajena es el animo constante del nuevo film de Costa, donde el sueño de la llegada a Portugal desde Cabo Verde se transforma en una pesadilla. La postal lusa se va transformando en un espacio que es un limbo hacia un destino desconocido, donde los personajes cuya piel negra reflejan las luces casi teatrales de Costa, cual si fueran hechas de plástico, y definen el sueño interrumpido de una Europa marginal, donde apenas se puede ver a 100 metros de distancia y todo lo que va rodeando es la oscuridad.

El escenario queda reducido a fantasmas que vagan por Fontainhas en medio de la noche, que están siempre a la espera de algo que han perdido. “Aquí en Portugal no hay nada para ti” se escucha a la llegada de la mujer en un aeropuerto que parece estar fuera de cualquier punto del espacio tiempo, a quien solo le queda recoger los restos de un esposo al cual no ve hace años. Al finalizar el film dicha frase queda como un mantra, ya no queda ni siquiera un funeral, el cual se realizó antes que Vitalina llegue. Ya no le queda la fe representada por la iglesia vacía donde Ventura ya no oficia misas, porque ni siquiera los fantasmas rondan ese vacío, y lo único que le queda es la fuerza para sobreponerse y que se percibe en su mirada, mientras el silencio es tan intenso que su pelo va crepitando frente a un cepillo, sonido que va recordándole la soledad del migrante en medio de la nada.

Al igual que Costa, Longa noite tiene ciertas reminiscencias al cine de Straub- Huillet. Se trata del regreso de Eloy Enciso luego de la maravillosa Arraianos (2012), y plantea historias de la dictadura que no terminan y que van retumbando en la Galicia profunda. Relatos silenciados por el peso del tiempo y que se reflejan en ese imposible estado de noche y día a la vez en los bosques gallegos. La fotografía de un enorme Mauro Herce y sus paisajes improbables, plantean una naturaleza confusa que soporta el peso de abusos que tal vez nunca tengan resolución, es esa paradoja de la injusticia la que se transfigura en los colores imposibles de la ultima media hora del film, donde un hombre va divagando y reflexionando sin un rumbo definido.

Hay un leve dialogo con Wilcox del canadiense Denis Cote, aunque a diferencia de la motivación política de Enciso, el recorrido del hombre solitario en el film canadiense es la búsqueda del encuentro definitivo con la naturaleza desnuda, que la acerca más a Into the wild (2007), definido por un hombre cuyo aislamiento no responde a un desdén a las normas de convivencia, sino una búsqueda introspectiva a través de su entorno, y sobreviviendo en base a pequeños hurtos en lugares aparentemente abandonados. Wilcox se aleja de los documentales anteriores de Cote, ya que transforma su tan característica sobriedad por una fuerte emocionalidad.

Las largas caminatas en Krabi, 2562 no solo están definidas por un espacio, sino también por un tiempo elástico, de forma que el plano físico adquiere una nueva dimensión, Anocha Suwichakornpong y Ben Rivers recurren a una especie de activismo geográfico en una Tailandia siempre autoritaria, donde un alter ego de la directora va recorriendo la ciudad balnearia de Krabi a través de pequeños relatos de pobladores, donde el pasado relatado (¿o futuro?) es una leyenda sin fin. La extraña relación del pueblo con el turismo y la omnipresencia del rey, van definiendo un paseo que se intercepta con un metalenguaje cinematográfico a través de un comercial que se está grabando en las costas de dicho pueblo, con un breve cameo a Olivier Laxe, que con el tiempo se ha transformado en un minigag del director actuando de sí mismo.

Finalmente, es inevitable no mencionar los puntos de cruce del film con otros autores de Tailandia y su compromiso político, como con Thunska Pansittivorakul en Homogeneous, Empty Time, en el plano inicial de Krabi con un grupo de niños cantando dudosos himnos nacionalistas o el retrato citadino distopico de Apichatpong Weerasathakul en su sección de 10 years Thailand, que parte de una preocupación similar que Krabi, un futuro distópico a partir de un presente oscuro.

Douze mille

Cuerpos en movimiento

Les Enfants d’Isadora es el tríptico de Manivel donde conjuga perfectamente el camino que recorre una obra de arte desde la idea y concepción inicial, su desarrollo y, finalmente, su impacto en el público, y que de cierta forma recuerda a Las horas (2002) de Stephen Daldry, a través de una conexión que logran cuatro mujeres que a pesar de no interactuar directamente, están íntimamente a través del dolor y la belleza de la danza.

La primera parte visita la soledad de una bailarina, que de a poco va entendiendo una idea que parece tan difusa al inicio, pero a través del libro que relata la vida de la coreógrafa Isadora Duncan va adquiriendo sentido y que le permite readaptar su obra Mother, una forma de exorcismo de Duncan por el dolor de la muerte de sus dos hijos.

Manivel, que también es bailarín, logra que el diálogo entre cine y danza transmitan todo ese dolor de la maternidad perdida, y que tiene cierta redención en la segunda parte donde una profesora de baile va enseñando esa misma pieza de danza a una estudiante con síndrome de Down, quien logra darle una dimensión diferente a ese dolor transformándolo en cierta esperanza, a través de una mirada y de un movimiento puro que da lugar a la idea un nuevo nacimiento continuo.

Sin duda alguna, la tercera parte es la que finalmente logra una catarsis definitiva, transmitida por una mujer negra anciana, quien asiste a la función de Mother y que a través de su pesado y cansino andar, transmite cierta cadencia totalmente unida con la flexibilidad y energía de la obra, y que permite cerrar un ciclo donde el tiempo logra condensarse con esos lentos pasos, la soledad de las calles y su habitación.

Douze mille mantiene también una fuerte relación con el baile, aunque está definido totalmente desde la sensualidad, a través de una pareja cuya relación dialoga a través del movimiento, y que se contrasta con la premisa del film donde el protagonista va de un trabajo en otro de forma para poder juntar doce mil euros como presupuesto del año, para una familia que no aparenta necesitarlos. Aunque esta idea pareciera plantear un film de corte social dardenniano, las ideas tienden más hacia el concepto de vivir con lo necesario y a un límite constante. El director Nadège Trebal logra un extraño musical donde todo está reducido a la energía incontrolable de los protagonistas siempre en busca de algo que hacer.

Pero si Trebal plantea un musical atípico, Technoboss de Joao Nicolau va un paso más allá, ya que, si bien utiliza canciones para expresar diferentes estados anímicos del protagonista, hay elementos que constantemente van rompiendo la estructura del film, como una suerte de espiral de elementos que se repiten pero de una forma más extraña. Todo esto desde la mirada de un hombre al borde de la vejez, cuya adaptación a la tecnología en su trabajo de venta de artículos de seguridad, se va haciendo dificultosa.

Swinguerra de Bárbara Wagner & Benjamin de Burca, formó parte de la debutante sección Moving ahead, y es otro ejercicio donde el baile y el movimiento son el único hilo conductor del film, aunque es notorio que viene claramente del mundo del performance y el video arte, lo cual se confirma con su presencia en la Biennale de arte. En la brasileña Swinguerra se puede observar la fuerza arrolladora de los bailes urbanos, a través de todo tipo de cuerpos, desde complexiones atléticas y flexibles, hasta cuerpos no normativos y que adquieren una elasticidad impensada, donde el baile se transforma en un nuevo campo de batalla entre diferentes bandas rivales que parecen combatir por un objetivo común, la inclusión apoyada en la música y las calles.

Un film dramatique

Moviéndose hacia delante 

Es interesante el renacimiento de Signs of life, la sección más vanguardista de Locarno como parte del cambio de dirección, renombrada ahora como Moving ahead (en homenaje a la obra de Jonas Mekas), cuya esencia se ha mantenido atrayendo grandes nombres como Russell, Rivers-Anocha, Rinland y Baudelaire. En esta sección nueva, finalmente la ganadora fue una película pequeña como The Giverny Document (Single Channel) de Ja’Tovia M. Gary que conjuga la entrevista, el archivo musical y una sección experimental como exploración del cuerpo, para definir el lugar de una mujer afro en la sociedad actual y New York en particular, a partir de entrevistas que tratan de obtener de forma espontanea si la mujer cuestionada se siente segura en un entorno hostil. El film incluye ciertos intervalos que tienen una esencia experimental, pero que remiten a “cine experimental de manual”, a partir de una mujer afroamericana que va apareciendo en distintos lugares de un jardín. Esto no le quita mérito a la fuerza poética que va adquiriendo un relato construido alrededor del peso de la historia y de un pasado de abusos y racismo soportados por este personaje.

El maravilloso trabajo colectivo de cuatro años de Eric Baudelaire y un grupo de alumnos de Saint Denis (populosa zona parisina) en Un film dramatique, plantea una forma diferente de registrar la realidad, ya que el montaje va dando forma a un registro colectivo totalmente espontaneo, donde la multiculturalidad desborda naturalidad en la convivencia de los adolescentes. Baudelaire deja en libertad a los adolescentes para que puedan grabar todo lo posible, generando múltiples miradas sobre un mismo entorno que permite valorar la forma en la que cada adolescente entiende el crecimiento y la importancia de un entorno sano, aunque esta inocencia no está exenta de una conciencia del momento de cambio que está viviendo Francia, y su preocupación sobre el estado actual de su sociedad. Es interesante como el registro netamente documental de Baudelaire se topa con el film Una piel brillante de Nicolás Pereda y Gabino Rodríguez, que comienza de forma muy parecida, cual si fuera un retrato de un grupo escolar, pero que en algún  momento toma un tinte casi fantástico, a partir de la historia de un niño que se encuentra aislado por una extraña enfermedad y que permite formar una especie de leyenda alrededor de él, mientras se observa el día a día del grupo de niños mexicanos y sus extraños ejercicios que les permiten empatizar con el alumno encerrado.

Una de las sorpresas de la competencia internacional vino representada por la fuerza del cine brasilero indígena, el cual ha sido uno de los grandes aportes hacia la lucha ambiental, ya que la conexión de los pueblos indígenas (First nations también parece una adecuada forma de expresarlo) con la naturaleza, nos hace repensar el rol de las ciudades con un entorno que a veces desconocemos. En A Febre de la directora Maya Da-Rin, la añoranza del protagonista (que ganó el premio a mejor actor), respecto a la naturaleza, se manifiesta casi de forma patológica, la migración de indígenas hacia los pueblos es un constante en este tipo de cine y Maya logra posicionarse en este dilema, que no solo está definido por el dilema pueblo-selva, sino también por el asunto generacional, ya que la hija del protagonista irá un paso más allá, para migrar hacia Brasilia para continuar sus estudios, y que se transforma posiblemente en el gatillante para replantearse su propio “estado de las cosas”. En Chuva É Cantoria Na Aldeia Dos Mortos (2018) ya se planteaba este dilema a partir de una mirada más fantástica, donde la naturaleza llamaba como una fuerza casi mística, mientras que en A febre el llamado es más interno, el cuerpo parece querer volver a ciertos orígenes, a la vez que la idea recurrente del espectador es buscar una nueva conexión con la naturaleza, perdida en algún momento.

L’Île aux oiseaux

Top 10 

Vistas cerca de 40 películas del festival, hay una sensación de un cambio de posta sin mayor contratiempo en Locarno, Lili Hinstin toma la posta luego de una década brillante en Locarno con un brillante panorama, aunque hay un poco de pesar personal por la poca presencia de cine latino y de nombres de peso en la competencia internacional exceptuando Costa y que parece haber afectado en la cobertura hispanohablante in-situ, de todas formas, los nombres emergentes como Manivel y Nicolau parecen haber suplido de forma sobresaliente esa falta de auteurs de peso.

  1. Les Enfants d’Isadora, Damien Manivel, Francia, 84′
  2. Vitalina Varela, Pedro Costa, Portugal, 125’
  3. A Febre, Maya Da-Rin, Brasil, Francia, 98′
  4. Technoboss, João Nicolau, Portugal, Francia, 110′
  5. L’Île aux oiseaux, Maya Kosa, Sergio da Costa, Suiza, 60’
  6. Those That, at a Distance, Resemble Another, Jessica Sarah Rinland, Reino Unido, Argentina, España, 2019, 67′
  7. Krabi, 2562, Ben Rivers, Anocha Suwichakornpong, Reino Unido, Tailandia, 94′
  8. Overseas, YOON Sung-a, Belgica, Francia, 90’
  9. Swinguerra, Bárbara Wagner, Benjamin de Burca, Brasil, 23′
  10. Longa noite, Eloy Enciso, España, 93′ y Lonely Rivers, Mauro Herce, Francia, España, 29’



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