MALENA MARTÍNEZ: “LA MEMORIA ENCUENTRA SUS FORMAS DE REACOMODAR LAS CONTRADICCIONES”

This entry was posted on December 17th, 2019

Por Mónica Delgado

Entrevistamos a Malena Martínez Cabrera, cineasta peruana radicada en Viena, en el contexto en que muestra su film en Perú, en espacios donde usualmente no llega un cine de estreno, en realidad, donde no llega el cine. La directora viene aplicando una estrategia de distribución alternativa en provincias, con una perspectiva ajena al circuito de multicines, para tratar, sobre todo, de lograr que este documental sobre parte de la historia del país, pueda llegar a algunos de sus protagonistas, sobre todo a las zonas andinas, rurales y quechuahablantes donde se protagonizaron hechos significativos del despertar ideológico de la reforma agraria en los años sesenta. En la función en La Convención, en Cusco, territorio primigenio de esta lucha, el film tuvo 1700 asistentes.

Hugo Blanco, Río Profundo (Perú, 2019), cuyo título dibuja una relación con el imaginario arguediano, es un retrato sobre un líder trotskista, campesino y político histórico, que de alguna manera ha vivido las consecuencias de la satanización de las izquierdas tras el conflicto interno vivido en Perú en los ochenta y noventas. Cualquier práctica de protesta, activismo, demanda social o simplemente militancia en algún partido se volvió en acto de sospecha, y en el margen de la vida social del país. Por ello, el film es una recuperación de este personaje con el objetivo de darle un lugar en la historia de las imágenes, para el mundo de la representación, aquel que muy poco se ha detenido en auscultar sobre aspectos capitales, como los tiempos de la pre reforma agraria o la sindicalización de comunidades campesinas.

En años recientes, Hugo Blanco se volvió reconocible en marchas, plantones, juicios, trasladando o aterrizando sus motivaciones al terreno de la defensa ambiental. Las nuevas generaciones apenas lo conocen, y aunque no es la finalidad del documental de Malena Martínez Cabrera tener un cariz informativo, permite un acercamiento a esta figura, como catalizadora de un periodo de la historia reciente aún para la discusión

Dividido en dos partes, la primera de carácter ensayístico, y la segunda, más testimonial, Hugo Blanco, Río Profundo propone una posibilidad de reconstruir retazos de memoria. A partir de fragmentos (de fotos, material fílmico, recortes) y de testimonios, el film va dar cuenta de cómo se han construido estos procesos donde la memoria, la naturaleza y los cuerpos cumplen un rol fundamental. Donde, como dijera la cineasta, “hay una excavación de la realidad pero a la que llegamos a través de rascar las superficies. Los dispositivos cinematográficos (que definiremos en el terreno) son las herramientas para rascar la superficie”. Conversamos con Malena Martínez sobre este segundo largo documental.

Desistfilm: En esta temporada de estrenos peruanos, la figura de Hugo Blanco está presente en varios documentales. Lo vimos en La revolución y la tierra y también en Máxima. Es natural, porque se trata de un líder histórico de la izquierda peruana, y es ineludible citarlo cuando se trata de abordar temáticas sobre activismo, la reforma agraria o la lucha por el medio ambiente. Cuéntanos, ¿cómo es que nace este interés por hacer un film completo sobre Hugo?

Malena Martínez: Sí, para mí fue muy divertido oír y ver a Hugo en esas otras películas. Tomé fotos de las tomas donde sale  y me recordó eso de “Blanco estuvo allí”, que le queda perfectamente. Durante mi primera investigación sobre él, me di cuenta de que históricamente cuando había un punto álgido políticamente él había estado allí. En el primer golpe a Perón en Argentina, durante el golpe a Allende estuvo en Chile, llegó al exilio durante el gobierno socialista de Olof Palme en Suecia, y México llegó el año del levantamiento zapatista, etc. Yo de broma lo llamaba “el Forrest Gump de la política latinoamericana”, porque siempre “estuvo allí”. Aunque también lo he llamado “El Jonas Mekas de la revolución”.

Por todo lo que investigué, parecía prácticamente que quería hacer una biografía. Sin embargo, mi documental tuvo una motivación muy distinta a la del activismo o a la del interés político. Nació de la sorpresa que me causó saber y ver vivo y en carne y hueso a un personaje que era ya un personaje histórico y que tenía incluso tintes legendarios.

Como cusqueña había oído sobre ese “guerrillero heroico” del pasado, liberador de hermanos indígenas oprimidos. Lo conocí a fines de los noventa, una época en que los luchadores armados del momento eran, por el contrario, denominados ‘terroristas’. Sé que es polémico lo que diré, pero no entendía bien cómo así los luchadores armados del pasado sí eran considerados heroicos guerrilleros a la vez que se condenaba a los terroristas. ¿No jugaban ambos con (armas de) fuego? La memoria encuentra sus formas de reacomodar las contradicciones… Yo personalmente cuestiono toda militarización. En todo caso, mi experiencia en el Congreso Nacional de Campesinos, al que había asistido como periodista primeriza, me mostró a un Blanco que no representaba ni lo uno ni lo otro. Obviamente, no era una reunión política sino campesina pero el carácter de Blanco estaba acoplado al espíritu de ese encuentro que era una asamblea campesina, y allí Blanco era uno más. Quizá yo hubiera esperado que alguien conocido como “guerrillero” fuera un hombre más bien de carácter agresivo intentando arengar a la gente en voz alta, darle línea, y ubicado delante de ellos.

Conocí al Hugo Blanco mayor, de barbas blancas. Mientras que las fotos de la prensa sobre todo limeña, que yo vi en mi investigación, sacaban siempre la cara donde tenía un gesto agresivo. Yo conocí a una persona de ideas muy claras y fuertes, pero de carácter apacible y risueño, que de algún modo combinaba fluidamente su consciencia de ser un mito con su modestia y perfil bajo y con sentido del humor. ¿Tanto habría cambiado desde su juventud?

¿Cómo podía haber tanta contradicciones? Por otro lado, nuestro país identificaba campesinado con baja educación, pero yo no había visto a ningún otro grupo conversar y exponer sus ideas, planteamientos y contradicciones con tanto respeto y mesura, con tal cultura de la conversación. Las reuniones televisadas del parlamento de la República mostraban literalmente peleas, era un circo. ¿Qué pasaba? Obviamente sufrí una disonancia cognoscitiva que me hizo cuestionar por qué la memoria de este país funciona como lo hace y nos entrega personajes con otro tinte del que pueden tener al conocerlos directamente.

Desistfilm: En Hugo Blanco, Río Profundo, hay dos partes marcadas. Hablemos de la primera, que es como un ensayo de cómo se ha construido la memoria histórica sobre algunos hechos capitales para el país, y de cómo el conflicto interno vivido en los ochenta y noventa ha mellado este recuerdo o esta memoria. Esta selección histórica ha impedido darle un lugar a Hugo Blanco, y creo que tu film se vuelve de alguna manera un acto de justicia histórica. ¿Por qué necesitaste esta primera parte para adentrar al espectador en el Hugo Blanco personaje?

Malena Martínez: Yo creo que nuestro país ha sufrido un trauma (ha sufrido varios pero el último fue el de la época de violencia del conflicto armado interno). Nosotros percibimos el pasado, el presente y aún el futuro con los filtros de ese trauma. Y preferimos alejarnos de todo lo que nos recuerde los remezones internos y externos que sufrimos. Con ello, en la memoria se ha producido una hojarasca, donde todos los niveles se mezclan y dan como resultado falacias interpretativas, como que todo lo que aluda a lucha social se relacione con lucha armada. Hay que ser muy soberano e independiente mentalmente para pensar diferenciadamente.

El Hugo Blanco que yo descubrí, conociéndolo personalmente, era uno ligado al movimiento campesino indígena al que le dedicó toda su vida y activismo político. Pero solo se conoce lo sensacionalista, lo que dejaron los medios o las líneas generales de su lucha, interpretadas o en blanco o en negro. ¿Puedes creer en Lima había gente cuya primera referencia al hablarles de mi documental era recordar cierta soguita que dicen que usaba siendo parlamentario? O hay gente que cree que es un senderista.

Para mí no se puede entender el activismo de Blanco en sus años mayores, lo que yo llamo su anonimato voluntario,  sin preguntarse lo que le debe haber costado tanto sufrir como gozar durante su época de fama mediática. Una vez me dijo que prefería pedirles a sus compañeros que cuenten sus propias experiencias porque él era “personaje” y sus comentarios le llegaban menos a la gente.

Como dije antes, la idea de que alguien esté viviendo su vida actual paralelamente a la de su leyenda, -que ya hace rato entró en el panteón de la historia-, pero a la vez alguien que intenta desmitificar su leyenda con la vida actual, es algo que me impresiona. Poder tener dos vidas paralelas es extraordinario. Blanco decidió no dormirse en los laureles de su leyenda, y se ha permitido tener más vidas. Por eso, necesitaba una primera parte en la que el retrato de Blanco fuera independiente de si él estuviera aún vivo o no y lo construí con testimonios de la memoria, recuerdos trozados de los testigos y material de archivo fotográfico. A propósito, en los primeros minutos inicio el film representando un estadio exasperado de la memoria colectiva, que ha unido todos los gritos de lucha social en un solo ruido, por nuestro trauma.

Desistfilm: Ya en la segunda parte del documental haces lugar al encuentro del espectador con Hugo, pero también de la mano de los protagonistas de este proceso pre reforma agraria, yendo a La Convención, haciendo el registro del retorno de este famoso dirigente luego de años. Más allá de esta parte, es como si también revelara a un Hugo físico, real, vivo. ¿Cómo planificaste este abordaje del personaje?

Malena Martínez: Porque también era importante para mí dar la idea de conocerlo solo a partir de quien él era en la actualidad, a la vez que se conocía al cuerpo que sostenía ese mito. Poder filmar eso sí es un privilegio, porque los mitos quedan pero a veces no hay registro de su materialidad. Entender que existió un alto nivel de rendimiento físico cuando alguien ya pasó a la historia, no es fácil, por eso quise representarlo.

Yo observé que Hugo Blanco durante su vida aprovechó su cuerpo hasta el extremo. Observé además que su cuerpo tiene una capacidad de regeneración extraordinaria. Así como posee una agudeza visual impresionante y puede concentrarse de manera muy alta. Desde joven él caminaba todo lo que daba su cuerpo y se quedaba dormido en los caminos, se caía del sueño literalmente. En su vejez podía tener dolores pero no los manifestaba jamás, se levantaba e iba a donde lo llamaran si era un llamado campesino, indígena o por la lucha por el planeta. Es una persona que aunque ha escrito y piensa mucho, siempre está yendo de un lugar a otro y conversa con la gente. Entendí que utilizaba su cuerpo como instrumento.

Por otro lado, creo que las luchas sociales, es decir, el activismo por lograr derechos humanos básicos y mejoras de las condiciones del ser humano se realiza principalmente a nivel físico. Estamos quizá muy acostumbrados, sobre todo en el mundo urbano, a creer que la política se trata de luchas de ideas, de palabras, de quiénes tienen la mejor argumentación pero ese es un nivel muy teórico que contrasta con el rendimiento a nivel físico. Este nivel fue el que logró impulsar la primera reforma agraria en La Convención. Además, los cuerpos estaban inmersos en una naturaleza poderosa que les dificultaba literalmente cada paso y debían lidiar con eso, por ello también se representa a la naturaleza de ese modo. A mi equipo le expliqué esto, teníamos planeada la escena en la selva y la del médico, pero ellos, que poseían un buen sentido poético me pidieron internarse solo con él una mañana muy temprano, para darme un regalo, e hicieron las tomas del cuerpo de Hugo.

Desistfilm: ¿Cómo has percibido la recepción de tu documental en esta gira que has realizado en algunas provincias del país?

Malena Martínez: En La Convención la experiencia ha sido intensa e increíble. No solo porque gracias al apoyo local hemos logrado “reconstruir la experiencia cinematográfica” en cinco lugares donde no existen cines sino por la importancia que puede tener la representación de sus propias luchas y logros. Han asistido ancianos, luchadores de la época, jóvenes y también niños. Todas las generaciones. De nada sirvió que yo advierta que no era tan entretenida para los niños. Sus padres consideraban que era ‘importante’ que lo vean, para que conozcan su propia historia.

Cuando sientes ese gran vacío en la representación y que estás aportando solo un poquito, cómo quisieras que todos ellos pudieran tener la confianza de agarrar incluso sus celulares y filmar todos esos testimonios de sus abuelos, que sienten que se están yéndose al olvido.

Ha habido una reacción muy interesante y eran algunos ‘reclamos’ de por qué no retratamos a más personas, nos mencionaban a sus abuelos aquí o allá. Yo les explicaba que se necesitaría otra película o tipo de registro para abarcarlo y que disculpen. Que a veces no todo puede entrar en una película. De hecho, despedirme de muchos personajes y grupos que nos habían dado su testimonio fue un momento casi de luto durante la edición.

En Lima y en otros lugares, las ganas de conversar de la gente tras las proyecciones me impresiona y alegra. Siempre sobrepasamos la media hora. Por eso hemos decidido solo ofrecer proyecciones cuando nos den tiempo para conversar con el público o para que éste tenga la posibilidad de reflexionar en conjunto. Es decir, proyecciones con cine foro. Oír gente comentando en quechua puede que haya sido lo más emocionante. Yo ni les pedía que me traduzcan, eso era secundario.

Desistfilm: ¿Cómo percibes que haya coincidencia en algunos trabajos documentales recientes que intentan cuestionar o reconstruir hechos históricos para hablar de la vigencia de algunas problemáticas? Es como si una generación de documentalistas tuviera la urgencia de mirar al pasado pero desde este Perú distinto, tanto en el film de Heraud, el de Velasco, o el de Máxima Acuña. 

Malena Martínez: Creo que es escandaloso que en nuestro país las condiciones de muchos hermanos de pueblos indígenas sean aún las peores en la sociedad. Un día nuestra colonialidad tendría que terminar para siempre y ser un país donde realmente todos nos creamos iguales, ni más ni menos. Cada documental plantea algo distinto y tenemos dispositivos cinematográficos realmente muy distintos todos, pero creo que en el fondo todos parten de ser fieles a nuestro mínimo sentido de justicia y no dejar que las luchas sociales sean criminalizadas. Algo que ha proliferado demasiado en la última década y no debemos permitir.

Desistfilm: ¿Cómo fue el trabajo con Hugo Blanco? ¿Cómo fue lograr esta empatía para que este personaje se desarrolle ante cámaras tal como concebías en el proyecto?

Malena Martínez: Personalmente quería conocer a Hugo y que él me conozca, entender su entorno y su ritmo lo suficiente para tener una mirada propia sobre él. Esto tomó unos años. Yo ya había logrado un nivel de comunicación bastante tranquilo y fluido, creí haber logrado que el aparato cinematográfico fuera invisible y no interfiriera en la forma de la comunicación. Pero cuando llegaba con un equipo nuevo, profesional, camarógrafo y sonidista, Hugo les hablaba a ellos y exponía ideas como si fuera la primera vez. Él establece una relación personal con cada persona, ¡y eso me interfirió! (risas). Tuve que comenzar de cero e imagino que eso determinó que otras tomas tuvieran más fuerza también. Volví a filmarlo ya solo en equipo de a dos, pero de todos modos al final tuve que renunciar a las tomar más personales e íntimas con Hugo, pues lo que principalmente me motivaba era reflexionar sobre las paradojas en la memoria colectiva del Perú.

Hay gente que cree que Hugo me condicionó algo. En absoluto, jamás me pidió nada, en ningún sentido, nunca. Me impresionó su sentido de adaptabilidad a las circunstancias, su colaboración y su modestia. Era el personaje soñado para cualquier director de documentales que se inicia. De todos los que participaron fue sin exagerar quien más dio siempre y quien nunca pidió nada a cambio. Ni ningún privilegio editorial del film. Nada.

Desistfilm: Cuéntanos como surge tu interés por el cine y el documental. Leí que llevaste talleres con Ruth Beckerman o con Friedl von Gröller.

Malena Martínez: Con Ruth Beckerman lo que tuve es una mentoría que me dio oportunidad de conocerla personalmente y lograr ver un poco cómo aborda ser una mujer que crea y produce sus propias películas. Tener un modelo vivo te da una referencia increíble de lo que puede ser tu propio trabajo. Ella tiene mucha experiencia, fuerza, concisión y capacidad de enfoque en un objetivo creativo. Observándola vi su capacidad de dejar fuera lo secundario, lo que debilite la energía que estás poniendo en un objetivo. Eso observé en ella. En eso se parece también a Hugo Blanco ahora que lo pienso.

Friedl von Gröller es una artista también increíble y muy fiel a sí misma y a su propia vida. Ella fundó la escuela de fotografía artística Schule Friedl Kubelka, donde hice un curso de un año y fue una de las profesoras. Es psicoanalista también y eso se ve en su observación de las cosas desde el nivel más directo y primario, hasta su búsqueda para entender las pulsiones que las crean. Ella ha logrado hacer permanecer a su escuela por casi tres décadas buscando la continuidad en el desarrollo artístico sin sacrificarlo por lo económico. Esa gente que camina sin parar y sigue sus proyectos por años, los caminantes de largo aliento, me impresionan siempre.

Pero estas oportunidades que tuve en Viena son de los últimos años. Yo estudié cine documental creativo en Barcelona. La verdad es que estaba buscando más bien un estudio que combinara mi gran interés por la expresión audiovisual con algo práctico como el periodismo para poder encontrar un trabajo más calificado durante mi vida en Austria, ya que mi principal arma, el castellano, solo me estaba sirviendo para dar clases y hacer traducciones. Pensé que por fin iba a estudiar algo para ganar dinero. Pero llegué a ese máster que impulsa totalmente el documental de autor. Creo que toda mi vida estuve haciendo esfuerzos inconscientes para escaparme de la ruta del arte. Pero luego de ese estudio no pude evadirlo más y debí decidí asumir toda la responsabilidad de intentar desarrollarme como autora. Es decir, la responsabilidad de cultivar mi propia mirada y manera de percibir el mundo. Y trabajar en desarrollar su expresión por los cauces del audiovisual.

Desistfilm: Cómo ves la situación de las mujeres que hacen cine. ¿Cómo fue el proceso, por ejemplo, de buscar fondos?  Vives en Austria, ¿cómo percibes el sistema de producir cine allí? Qué tendría que priorizarse en Perú para que la situación de hacer y difundir el cine mejore.

Malena Martínez: Yo comencé a hacer cine poco antes de ser mamá. Un año antes había ido a investigar sobre el último trabajador en la ex-hacienda de mis bisabuelos y lo filmé, para mí, pero también para poder conseguir financiamiento y hacer una obra sobre tres generaciones de su familia y mi familia. Pero mi personaje (del documental Felipe, vuelve, de 2009), Felipe Valer, lamentablemente falleció y supe que no iba a ser posible volver. Decidí editar el material de esa visita, encontrar allí la historia a narrar. Cuando mi bebe nació, yo me creé una salita de edición en la entrada de mi casa donde editaba cuando mi bebé dormía. Costó mucho hacerle entender a esta sociedad y a mi ex esposo que yo estaba haciendo mi trabajo y no un hobby, que yo no era una soñadora. Es una pena contar esto pero solo cuando me separé pude administrar mi tiempo de tal manera que empecé a lograr financiamientos para realizar este film.

Luego, se añadieron otros desafíos que tienen que ver más con ser extranjera en un país y tener que trabajar traduciendo siempre entre tres idiomas, o por otro lado llegar al propio país y que crean que llegas con los billetes de un extranjero platudo. Mucho machismo, sí, expresado en el mansplaining, y es que cuando pides sugerencias o aportes, algunos profesionales hombres creen que les estás pidiendo que decidan y tú harás lo que ellos digan y los admirarás. O que los colegas hombres crean que resolverán situaciones de trabajo como si fueras una amiga suya en vez de asumir responsabilidades. Tú sabes que a otro hombre no le dirían las cosas que a ti te dicen. O sea su falta de costumbre para que sea una mujer la que decida produjo muchos desafíos. Afortunadamente superados. Es difícil al inicio lidiar con todo eso porque es absurdo, se supone que estamos en ámbitos profesionales, pero sucede. Cuando ha resultado bien es porque ha habido mucho compañerismo y profesionalismo.

En Austria hay instituciones y asociaciones de artistas que han sido creadas y manejadas por los propios artistas, los trabajadores de la industria audiovisual, los productores e incluso casas de distribución. Fue una asociación de mujeres en la industria cinematográfica la que me posibilitó justamente la mentoría con Ruth Beckermann.

Yo creo que en el Perú hace falta que los cineastas conozcamos más de toda la cadena de creación, producción y distribución y conozcamos nuestros puntos comunes y nuestras diferencias. Que nos articulemos, por un lado, en general como parte de esa cadena, uniendo todas las diversidades de tipo de trabajos, y por otro, intentando fortalecer y desarrollar nuestros grupos de intereses más específicos. Creo que la instancia estatal, la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO), está haciendo actualmente un buen trabajo, y que tenemos un suelo propicio donde sembrar. Pero sería bueno, si se puede, no solo quedarnos en buscar frutos para nuestro trabajo individual sino para que nuestra labor cinematográfica conjunta se institucionalice más  y no dependa solo de buenas épocas de estímulos estatales.