MAR DEL PLATA 2021: JESÚS LOPEZ DE MAXIMILIANO SCHONFELD

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Por Mónica Delgado

La figura del doble -o su fantasma-atraviesa las atmósferas de este reciente film del cineasta argentino Maximiliano Schonfeld. Un nuevo “de entre los muertos” asoma como idea central, como exhumación, como resistencia a la muerte, como un proceso enrarecido de mimesis, donde un sobrino es percibido como una extensión del hijo fallecido. Más allá de ser una película sobre un duelo, Jesús López, es una obra sobre una transformación, sobre la construcción de una identidad mediante la sombra de un ausente.

La película ambientada en un poblado rural, como en otros films de Schonfeld (Germania (2012) o La helada negra (2015)), parte de una intro que sintetiza el clima de fe que rodea a los personajes. Un grupo familiar reza en medio de una intensa lluvia, pidiendo a diversos santos por la salud de los vivos y por el descanso eterno de los que no están. Luego, en una siguiente escena vemos a la familia alistándose para un velorio y sepelio de un primo (encarnado por Lucas Schell), el que da título al film, y cuyos padres están desconsolados. Ante la pérdida, los tíos ven en Abel, su sobrino adolescente (interpretado por Joaquín Spahn), la posibilidad de extender algunas acciones cotidianas, como la de pasar tiempo con ellos, en el rancho o la casa. El punto de vista del film es el de Abel, un joven ensimismado, poco popular en el pueblo y entregado a las faenas de la granja, y con él parte una perspectiva basada en lo irremediable, o incluso desde la oportunidad de tener un poco de la fama y atractivo del primo fallecido. Esta conveniencia, que luce ingenua y transparente, de Abel, está presta a las propuestas de los tíos, quienes lo invitan a vivir con ellos, a usar la ropa del primo, a frecuentar incluso los mismos espacios amicales, de motoristas y rockeros, y a liarse con la ex novia de Jesús. Poco a poco, este proceso que podría tener ribetes de una vampirización sobrenatural, se vuelve una vía de autoafirmación del personaje de Abel, en sus inseguridades (tiene una cicatriz en el rostro producto de un accidente casero) y en su manera de relacionarse con el entorno.

Con guion elaborado junto a la escritora Selva Almada, Jesús López plantea un retrato desde la ambivalencia, desde la atracción por la herencia simbólica del primo exitoso dentro de un círculo amical (ganador de competencia locales de automovilismo, por ejemplo) y familiar, como por esa nueva fisonomía y personalidad que va adquiriendo desde este aprendizaje o imposición del otro. No solamente Abel se vuelve un primo, sino también recupera un ideal de familia, con una tía amable, y un tío que lo orienta en algunos elementos de esta masculinidad en la ruralidad. Un nuevo hijo en las fauces de una familia que se resiste a la pérdida.

Si bien el final de la película intenta ser una suma espiritual de la transformación del protagonista (creo que redundante), incluyendo un cierre del círculo con escenas de la intro, Jesús López es un film que plantea desde sutilezas una ruta hacia una catarsis, hacia, incluso, como espectadores, a la consideración de una forma de oportunidad divina, de un deseo de luchar contra la muerte a partir del sueño de una resurección, y de la posibilidad de nutrirse del otro, engullirlo, copiarlo, sintetizarlo, como una metáfora de supervivencia.

Competencia Latinoamericana
Dirección: Maximiliano Schonfeld
Guion: Selva Almada, Maximiliano Schonfeld
Fotografía: Federico Lastra
Edición: Ana Remón
Dirección de arte: Tatu Ravotti
Sonido: Sofía Straface
Música: Jackson Souvenirs
Producción: Georgina Baisch, Cecilia Salim, Maximiliano Schonfeld
Compañía productora: Murillo Cine, Luz Verde
Argentina, 90 min, 2021

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