PANORAMA: HUGO BLANCO, RÍO PROFUNDO DE MALENA MARTÍNEZ

This entry was posted on August 20th, 2019

Por Mónica Delgado

El nuevo documental de la cineasta peruana Malena Martínez Cabrera, Hugo Blanco, Río Profundo es un retrato en dos partes sobre uno de los activistas y líderes de izquierda, de luchas campesinas y de la reforma agraria, más importante del Perú en el siglo XX. Esta mirada que revisita contextos contra la opresión, de dirigencia y de activismo, llega a insertarse a una ola, no coordinada, de documentales peruanos recientes que indagan a su manera sobre otros personajes de la izquierda peruana, como sucede con El viaje de Heraud de Javier Corcuera y La revolución y la tierra de Gonzalo Benavente. Los tres films tendrán su estreno en el marco del Festival de Cine de Lima que se desarrollará en la capital en estos días.

Martínez Cabrera, quien vive en Austria, elige el relato en primera persona, de ella misma como cineasta que narra y sigue, que admira e interpela, a este militante cusqueño que en la actualidad tiene más de ochenta años, y que fue inspiración en los años sesenta para cientos de campesinos en insurgencia y para citadinos imbuidos en las tendencias trotkistas. Pero Malena no se queda en el clásico retrato de seguimiento o descripción de Blanco, y más bien ofrece un híbrido entre el ensayo y el testimonio. ¿Qué es lo que ha lanzado a Hugo Blanco a un segundo plano?, ¿por qué un personaje histórico mantiene un perfil bajo pese a las luchas emblemáticas que inspiró?, ¿qué queda de ese Hugo Blanco de antaño?

Malena Martínez divide a su film en dos partes marcadas: un ensayo inicial, mezcla de footage y tesis, sobre en qué medida Sendero Luminoso y todo su horror logró que todo un país vea con miedo a cualquier reflexión motivada por pensadores e imaginarios marxistas o de izquierda. El fantasma del terrorismo que barrió con cualquier posición antisistema, logró aniquilar cualquier reclamo y queja, sino uno era visto como rojo o “terruco”. Y lamentablemente Hugo Blanco y toda su herencia fruto del proceso previo a la reforma agraria de Velasco quedó infravalorada, olvidada o limitada a recuerdos que salen de recortes y material de archivo de tiempos distintos. En esta primera parte, donde las imágenes del archivo del Instituto San Bartolomé de las Casas, de campesinos e indígenas en fotografías que gritan su exclusión, condensa lo más logrado del film, ya que propone algunas razones sobre las motivaciones de las revoluciones y de su impedimento. En algún pasaje se oye “no son las imágenes del movimiento campesino las que recorren el mundo” y suenan a verdad que subyuga, más aún cuando han pasado ya cincuenta años del inicio de la reforma agraria y son pocos los imaginarios, incluso en nuestra misma historia del cine, que perduran.

La segunda parte de Hugo Blanco, Río Profundo, se detiene en la figura del mítico dirigente campesino en su cotidianidad, en la cual lo vemos participar en eventos universitarios (de pocos espectadores), acudir a una cita médica, participar en manifestaciones en Lima o Cajamarca, o simplemente descansar en casa. Ya no es el mismo Blanco de los años sesenta, porque el mundo tampoco es el mismo. Las causas y luchas son otras, a pesar que lo vemos hablar con grupos de campesinos y obreros tratando de que revivan viejas luchas y consignas. La cineasta se encarga de mostrarnos a un Hugo Blanco ligado a las luchas campesinas desde siempre, más allá de lo que se sabe del exsenador, ya que incluye un regreso a Quillabamba y al valle de La Convención, donde personajes de antaño lo reconocen y le agradecen las luchas emprendidas, cincuenta años después.

Malena Martínez logra desnudar a Blanco en varios momentos, como cuando habla de liderazgo ante escolares de secundaria, o cuando dice que el problema ya no es la lucha por la tierra, la cual se adueñaban los gamonales; sino por la Tierra que sufre los daños ambientales de minería. Y es en esta parte que la cineasta aparece en escena, junto a Blanco, para plantearle interrogantes sobre los sueños de la revolución, la relación o no con Sendero Luminoso, o las nuevas consignas a defender.

Malena Martínez Cabrera logra un retrato que le hace justicia a Blanco y que plantea varias preguntas, sobre todo en su lograda primera parte, donde sobresale un especial trabajo sonoro. Además, permite hacer visible, de un modo crítico, el periodo histórico del país previo a la reforma agraria, antes del mediático monopolio de Velasco.

Publicado originalmente en Wayka.pe