(S8) MOSTRA DE CINEMA PERIFÉRICO 2015: SINAIS EN CURTO 2

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Por Mónica Delgado

Parece que hizo falta estar aquí en La Coruña para conocer de primera mano lo que se viene haciendo en el experimental dentro de Galicia. Aparece ya el influjo de ediciones anteriores del [S8], trazado en inspiraciones y ascendencias, o filiaciones, en el modo de traducir el lenguaje cinematográfico bajo este contexto de resistencia, pero también algo que ya conocemos de esa nueva sensibilidad gallega que traza una frontera entre la modernidad y la tradición. Si bien en la primera sesión que programó esta muestra en torno al cine gallego se encontró un lugar común de transición entre la cuestión geográfica y cultural, frente a aquello que se teme perder, en la segunda sesión hay más de eso que Ángel Rueda indicó como materialidades en torno a la experimentación del soporte cinematográfico, y lo hubo.

En Kuch Nahi (work in progress, 2015), Carla Andrade explicó que el corpus de su cortometraje parte de su experiencia con la trascendencia y la noción de vacío de cierta cultura árabe, de Nepal específicamente, y que ella traducía por lo menos en la segunda parte de  este trabajo, en una cuestión de vacío material desde el registro de lo geográfico. Y está allí el físico del desierto de Atacama como símbolo de ese apartado filosófico que los árabes denominan, y está en el título del corto, como esa nada que es algo. Esa nada, bajo la mirada de Andrade, parte primero, desde la cuestión de aquello que nombra, en esa sonoridad del nepalí y el quechua, desde personajes que leen a Gamoneda, y que van configurando un espacio imaginario de esa ininteligibilidad del espacio que poco a poco va tomando fisonomía. El lenguaje toma un lugar, y eso se va expresando en los siguientes minutos a través de la filosofía del espacio, poblado por personajes en debate con aquello que nombran, logrando hacer físico ese vacío que, al final de cuentas, es algo que podemos ver.

En While it Spins (2014), Xiana Gómez Díaz, a diferencia de Dúas Pitas, donde había cierta relación entre el pasado y el presente desde la conversación de una nieta con su abuela, aquí hay puro placer de la observación de dos niños en un juego de feria. Lo que le importa a Gómez es captar el movimiento per se, en su devenir concreto, y de dos personas que lo disfrutan. El espectador está a la caza de las formas que se dejan llevar por el movimiento, mientras la cámara persigue reacciones y contorsiones que por momentos rozan la abstracción. Por otro lado,  en Trance de Clara Sobrino (work in progress, 2015), permite imaginar el movimiento sin música de cuerpos bailantes en progresión, desde planos fijos que van componiendo fisonomías específicas de un ritmo que conocemos e imaginamos, ralentizado. Pero hay algo que Clara Sobrino propone como confrontación de esos cuerpos en trance, y es la inserción de diversos planos como correspondencia total de aquello que irrumpe en ese momento de efervescencia de estados de estado alterados: el color en plenitud, azul, rojo, o violeta, gobernando el fotograma.

Miguel Mariño llegó a esta sesión con dos trabajos: Lúa (2014) y Decalcomanía (2014), y que de alguna forma son como films siameses en la manera de intervenir la película misma. Lo que hallo en estos dos trabajos de Mariño, antes que una experimentación ya conocida del soporte cinematográfico, es una intención por aterrizar esta intervención en una visceralidad de la materia que llega a “infectar” al fotograma. No son solo momentos asociados al fuego o al agua que irrumpen en esta fantasía de texturas, sino una intención de asociarlos a algo que discurre en lo biológico y cósmico, en esta relación de lo micro y lo total, de modo simbiótico y permanente, y que acaban en la oscuridad o la intermitencia.

En Ser de Luz, Diana Toucedo (2009) recurre al footage, uniendo a Segundo de Chomón, Stan Brakhage y a Gustav Deutsch, tradiciones de distintas genealogía, en una fantasía onírica de insurrección, de cuerpos en sueño dispuestos a la ruptura. En Bionte (2015), Lucia Vilela recorre la ciudad pero desde la aparición de fragmentos dirigidos por el movimiento que propicia la dispersión de líquenes en una ciudad supuestamente activa, de aquello que crece silenciosamente y que va irrumpiendo de modo brutal a modo de olvido.

En Superficies – Peter (tubo), el ya reconocido artista Alberte Pagán (2015), recupera una entrevista a Peter Kubelka en una visita anterior a España, y que muestra al famoso artista en planos muy cercanos, escuchando con sorpresa, o incomodidad, algunas preguntas que plantean una relectura sobre la categorización e interpretación del arte. Esto va acompañado de una banda sonora muy física, de latidos y moscas deambulando, como si a la par de la presencia existiera un proceso contradictorio de vida y deterioro.

Ocho trabajos que han permitido conocer otra cara del cine gallego, más centrado en la experimentación del soporte cinematográfico en sí, del Super 8 al digital, de la intervención a la apropiación, y que desde ya auspicia buenas nuevas, sobre todo porque en su mayoría se trata de cineastas jóvenes en plena etapa de afirmación.

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