SAN SEBASTIÁN 2020: FILMS DE TAKUMA SATO, JUAN CAVESTANY, PILAR PALOMERO Y SUZANNE LINDON

This entry was posted on September 22nd, 2020

Por David S. Blanco

La cuarta jornada del Festival de Cine de San Sebastián tuvo como protagonista al cine español. Vimos algunas de las mejores – y de las menos atractivas – películas de esta edición. Comienzo con mi comentario a Las Niñas, de Pilar Palomero. Este primer largometraje de Palomero tuvo buenas críticas en la sección Generation 14 de la Berlinale, lo que se ha corroborado tras ganar en el festival de Málaga el premio a mejor película. Las niñas es una de las mejores películas españolas de este año. Pilar Palomero debuta, tras una carrera de seis cortos, con una prometedora cinta ambientada en 1992, en la que acompañamos a Celia, una niña que estudia en un colegio de monjas, y que empezará a cuestionarse temas tan propios de una edad cercana a la pubertad.

Las niñas es un coming of age en toda regla, y se nutre de algunos de sus dogmas, pero hábilmente, esquiva los lugares más comunes, y no cae en los clichés mas sobados. La inteligencia en la escritura de Palomero, unido a la magnífica dirección de actores, que nos regala unos momentos de intimidad muy difícilmente conseguible en el cine – y más con niños pequeños – son una autentica delicia para cualquier espectador que ame los personajes transparentes, humanos, y tridimensionales. Es fácil reconocer sensaciones y sentimientos de la infancia, aún para un hombre cuando la película, está contada desde un punto de vista muy femenino, y cuenta con cuestiones o dramas propios de las niñas, como su coacción sexual por parte de la iglesia, la educación, o la familia.

La cinta, que tiene una organización cíclica, nos invita a acompañar a una protagonista que intenta encontrar su propia voz, atrapada en mitad de una transición compleja, pero llevado todo con absoluta sencillez. Uno de los mejores coming of age que he visto en bastante tiempo, y posiblemente el mejor que se haya rodado nunca en terreno español.

En cambio, sí que soy el público de esto. La nueva película de Juan Cavestany, Un efecto Óptico, era de lo que más esperaba este año en general, así que fue una grata sorpresa ver cómo formaba parte de la sección Zabaltegui del festival de cine de San Sebastián, sección en la que disfrutamos de las propuestas más arriesgadas, vanguardistas o diferentes.

Un efecto óptico viene a ser una especie de Inland Empire, pero en clave de comedia baja. Una película dentro de otra película, que a su vez es otra película, pero que, en su propio tema y fondo, encuentra una forma de llevar la narrativa visual con una coherencia y cohesión encomiable. Estamos ante un proyecto muy pequeño, y todas las cuestiones que cualquier director ha de plantearse en una cinta de esta índole, están solventadas con grandísimo acierto. El uso de los espacios está aprovechado al máximo, pues tenemos varias tomas de los mismos momentos y lugares desde diferentes perspectivas. Aprovechando las localizaciones al máximo, pero no de forma gratuita. Porque el punto de vista, es el gran tema de la película. El que tenemos al percibir la realidad como seres humanos, y el que tenemos al percibir el cine, como espectadores. Cavestany teje una red artificial de realidades, en la que nos exige bucear dentro una y otra vez. Mayor mérito tiene si cabe, no tomarse nunca en serio al 100% la trama, y rebajar su complejidad a través de un humor liviano, de una pareja de Burgos, que visita Nueva York por primera vez. Una gran película, si buscas algo diferente.

Sobre la japonesa Any Cry Babies Around? de Takuma Sato, ya avisaba  el director del festival, José Luis Rebordinos, en una reciente entrevista, del buen nivel del cine oriental de la sección oficial, así que tenía mucha curiosidad de ver este trabajo, que venía con padrino en forma de Koreeda.

La película nos sitúa en el punto de vista de un joven padre, que durante la celebración del Namahage – una fiesta de índole infantil japonesa -, acaba perdiendo el control de sus actos, hasta el punto de que todo su futuro empezará a estar condicionado por su lamentable noche. Todo su entorno le percibirá de forma diferente, y la película es un acompañamiento por las penurias de este protagonista. Posiblemente, estemos ante la película de la sección oficial más medida desde el punto de vista de la dirección hasta el momento, es decir, la que mejor narra visualmente, la más precisa, y la que menos requiere de la palabra para llegar a ser comprendida. Pero, este es un valor que no me justifica su visionado. Se me hace tediosa e insulsa en su desarrollo, y aunque en sus últimos compases levanta el vuelo, nunca acabo de hacer pie en ella.

Al final de la jornada, aparece otro coming of age – género que adoro – y de nuevo, otra ópera prima, 16 Printemps, de Suzanne Lindon. En este caso, asistíamos ante el debut de una directora de tan solo 20 años, la jovencísima Suzanne Lindon – hija de los actores Vincent Lindon y de Sandrine Kiberlain – que dirige, escribe y protagoniza una película sobre el primer amor, un tema, que como bien sabemos, ha sido tratado muchas veces en el cine francés.

El problema es que la cinta es un caos a nivel estructural. Tiene ideas visuales interesantes, como pequeños escapismos abstractos de la protagonista, que sirve como metáfora o proyección de la felicidad y el amor que siente por el chico por el que se enamora, momentos que pueden hacerte sacar una sonrisa en algún momento. Pero mas allá de estos detalles, el corazón de la cinta carece de base. A diferencia de algunas películas que estamos viendo en esta edición, en la que todo está bien cosido, aquí no puedo dejar de sentir que todo va a una deriva arbitraria. Parece un trabajo que podría haber firmado Xavier Dolan, pero con menor madurez y menor originalidad formal. Aún con todo, veremos qué sorpresas nos depara esta jovencísima directora.