SEPA, NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS DE WALTER SAXER: UN FILM SOBRE UNA CÁRCEL DE PERÚ

SEPA, NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS DE WALTER SAXER: UN FILM SOBRE UNA CÁRCEL DE PERÚ

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Por Mónica Delgado

Hace poco se realizó la 17° edición de Play-Doc, festival internacional de cine en Tui, que se realiza anualmente en España, y que esta vez incluyó una presentación especial: la proyección de la versión restaurada de SEPA, Nuestro Señor de los Milagros, film del suizo Walter Saxer, conocido productor de Werner Herzog y que hizo posible odiseas como la de Fitzcarraldo o Cobra verde. Realizado en Perú en 1987, este documental es una mirada al interior de una de las cárceles más penosamente célebres del país, conocida como El Sepa, creada en 1948 por un gobierno militar y cerrada en 1993.

Saxer como productor de varios films de Herzog, ya había establecido lazos con equipos de producción y técnicos locales en el país, y en uno de estos viajes tuvo la oportunidad de realizar este documental, además su único trabajo en solitario como director. El film tuvo apoyo del Ministerio del Interior, y si bien pudo tener un aval institucional que orientara algún tipo de discurso para enaltecer este centro penal experimental, lo que logra Saxer son preguntas, reflexiones y cuestionamientos sobre la idea de justicia, el abandono estatal y la burocracia carcelaria, desde algunas escenas del lugar y sus habitantes, donde las fronteras de estar prisión o en libertad parecen ser territorialmente sutiles.

La Colonia Penal Agrícola del Sepa fue una prisión sin muros ni rejas en medio de la selva de Atalaya, Ucayali, a la cual se podía llegar tras cuatro días de carretera, navegación y vuelos en avioneta desde Lima. Lo que muestra Saxer en la hora y veinte minutos de duración del film es el esbozo de una utopía. Hay en todas las imágenes una negación de lo que debió y pudo ser este centro, diseñado para ser una colonia agrícola para presos con condenas largas (aunque se usó bastante para amedrentar a presos políticos). Lo que queda es pobreza, aunque todo echado a andar gracias a la terquedad o conformidad del regente del penal, un anciano carismático que parece ser el ente que encarna toda la presencia del estado allí. La riqueza del lugar en vegetación y ganado enmienda la tragedia de vivir en un abandono y en medio de una zona muy alejada. Y poco a poco, el cineasta va mostrando y tejiendo las relaciones existentes, tanto de prisioneros locales y extranjeros.

El film recurre a la entrevista y al registro de diversas situaciones específicas cotidianas, a ritmo de cumbia o valses, como cola para la paila del día o pasar por lista, pero también eventos especiales, como una misa, una pachamancada (una comida típica de Perú que implica carne asada y tubérculos) o un festival musical por fin de año. Estas secuencias se intercalan con presentaciones de algunos miembros de esta comunidad que pasan ante la cámara para decir sus nombres, sus alias, sus años de condena y los delitos que cometieron. A través de esta dinámica es que conocemos a personajes como Kirma, Carrito, Seminario o Coronel, un estadounidense preso por tráfico de pasta básica de cocaína.

Con guion del propio Saxer y con narraciones en off creadas por el escritor Mario Vargas LLosa y leídas por Micaela Saxer, el documental se concentra en la recuperación de algunos testimonios y en el seguimiento a la cotidianeidad del lugar, sin embargo, por momentos sazonado con reflexiones en off (evidentemente literarias o retóricas) sobre prácticas de reconversación social y el cuestionamiento a políticas penitenciarias que producen hacinamiento y deshumanización. Por ello, la decisión de Saxer de abrir el film con escenas televisivas del motín de El Sexto o con registros del penal de Lurigancho en Lima como anti ejemplos de lo que debe ser una cárcel van creando la senda para su posición: la oportunidad de valorar la creación de este tipo de colonias, aunque nunca se cuestione del todo en el texto leído una política clasista y racista, aunque las imágenes sean potentes: la mayoría de presos son hombres empobrecidos, de pueblos indígenas o afros. Una cárcel donde los presos locales son indígenas o afros, mientras los blancos solo extranjeros.

Al inicio del film se dice que estaremos ingresando a los terrenos de una cárcel de un país en el tercer mundo, y luego un entrevistado, un prisionero foráneo, se pregunta con gravedad: “¿Cómo voy a recuperarme de lo que he vivido aquí?”. Pese a este tufillo que busca exotizar la miseria y pobreza de las cárceles en Perú, o de los insertos de una voz moral que va repesenado lo visto, poco a poco Saxer nos va adentrando a El Sepa en sí, con sus habitantes que pese a todo expresan un resquicio de esperanza. Confiesan que ya no quieren regresar al crimen o que siendo colonos pueden tener una vida distinta tras ser declarados libres. Hay momentos muy logrados,  como aquellos donde el alcaide del lugar pasea por las instalaciones hacia el atardecer, o como cuando una pareja de colonos, el preso y ella, la esposa, que viajó días para el reencuentro, se ven caminando a lo lejos mientras un grupo de pavos salen de una casa de madera.

SEPA, Nuestro Señor de los Milagros es una obra premiada en el Concurso Nacional de Proyectos de Preservación Audiovisual 2019 del Ministerio de Cultura y se restauró con apoyo de la Cinemateca Suiza, la Fundación de la Cineteca de Bologna y Yacumama Films, a partir de un negativo original en 16 mm. Se trata de un documento único, en la medida que no hay registros tan cercanos de esta colonia, y porque muestra la vigencia de una situación de olvido, de cárceles que son tierra de nadie y puro reflejo de exclusión.

SEPA: Nuestro Señor de los Milagros
Dirección: Walter Saxer
Guion: Walter Saxer, Mario Vargas Llosa
Narración: Micaela Saxer
Fotografía: Rainer Klausmann
Asistente de fotografía: Jorge Vignati
Edición: Micki Joanni
Música: Jindrich Konir
Production: Alive Film, Video Productions, Balance Film GmbH, Wildlife Films
Restaurado por: Cinemathèque suisse y Cineteca di Bologna
Alemania, Suiza, Perú, 78 min, 1987

 

Walter Saxer en Play-Doc. Foto: Tamara De la Fuente
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