NINGÚN LUGAR DONDE IR : JONAS MEKAS

NINGÚN LUGAR DONDE IR : JONAS MEKAS

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por Mónica Delgado

SPA. Jonas Mekas, Ningún lugar adonde ir.  Caja Negra editora. Traducción de Leonel Livchits. Buenos Aires, 2009.
ENG. Jonas Mekas, I Had Nowhere to Go. Black Thistle Press, New York, 1991.

Un diario, sobreviviente de campos de trabajo forzado en plena segunda guerra mundial y que termina siendo testimonio de los tiempos de posguerra bajo la visión de un migrante lituano en New York, es la voz del futuro cineasta que, como lo plasmara luego en su filmografía, tomaría la vida misma, en su devenir y azar como eje del lenguaje cinematográfico y en la apuesta por otro tipo de cine, más real y vital. Ningún lugar adonde ir, es en ese sentido, un obra implacable, no solo por ser un relato sentido sobre la frustración de la guerra, sino por tratarse de un desvelamiento impensado de un cineasta cuya sensibilidad va más allá de la cámara que dirige. Jonas Mekas (Semeniškiai, Lituania, 1922) narra desde mediados de 1944 hasta agosto de 1955, más de diez años de vida trashumante, forzada y llena de milagros, marcados por el trauma de la segunda guerra mundial, por la pérdida familiar y por un autoexilio hacia un país que cobija a gente de todo el mundo.

Lo íntimo, síntoma indesligable de su cine, es aquí un modo de diseccionar esa realidad descomunal, que atosiga y empequeñece, pero que a los ojos de Mekas se vuelve un tránsito necesario a eso que todos los cinéfilos conoceremos como lo que es. El escritor que se vuelve cineasta.

Si bien en estos diarios no existe un afán experimental, en su forma o estilo narrativo, está la semilla de un alma singular, que está a la caza de lo más recóndito de las personas que lo rodearon a lo largo de estos años, donde también aparecen los ausentes, los vecinos que inspiraron su pasión por la literatura, los padres desaparecidos y el hermano inseparable.

El spleen de la guerra ronda cada página de este diario, como vacuna que provoca una inmunidad hacia el terror y la culpa. Implacable, como ese episodio de los años sesenta, en que Mekas cuenta que una pareja de esposos lituanos residentes en Buenos Aires viajaron a New York a buscar a su hijo desaparecido,  y que dieron con él tras una noticia sobre cine publicada en un diario porteño. Doloroso fue el momento en que Mekas tuvo que decirles que se habían equivocado de persona.

Ningún lugar adonde ir es un libro indispensable, donde quizás hayan apenas algunas evocaciones fílmicas o las semillas del futuro hombre del cine experimental, pero cuya humanidad se emparienta con ese universo de intimidades de 16mm y 35mm o rodadas con una Bolex que grafican a un verdadero creador.

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