SUPER-8 EN BOLIVIA. UNA CONVERSACIÓN CON DIEGO TORRES

This entry was posted on August 16th, 2015

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Por Claudio Sánchez*

Diego Torres es uno de los testigos y protagonistas más importantes de la producción de Super-8 en Bolivia. Cineasta outsider, su obra atraviesa cuatro décadas de la historia del cine nacional, y su filmografía se enriquece con producciones realizadas en diferentes formatos. Torres inscribe su nombre como el primer cineasta en estrenar un largometraje digital boliviano, se trata de su película Alma y el viaje al mar que en enero de 2003 fue presentada comercialmente en la Sala Modesta Sanjinés de la Casa de la Cultura de La Paz.  Antes de terminar esta entrevista el también director del Festival Internacional de Cine GLBT de La Paz, reflexiona sobre el Super-8 y dice: “A mí me parecería un error que por una razón de mercado desaparezca una posibilidad de creación artística”.

Primera época

La historia del Super-8, que en 2015 cumple cincuenta años de existencia, puede ser rastreada a través de la memoria de Torres: “Llegó a Bolivia a fines de los años sesenta, y a principios de los setenta ya se empezó a utilizar de forma creativa. Era una película de muy buena calidad con un granulado muy fino que permitía una imagen cinematográfica muy buena”. Y recuerda: “Las primeras cámaras que llegaron acá las trajeron algunas personas que habían vivido o tenido alguna estadía larga en Estados Unidos. Entonces, una vez que llegó aquí, algunos artistas plásticos empezamos a utilizarlo como una forma de realizar cortometrajes”.

El Primer Concurso de Cortometrajes Super 8 se realizó el día martes 17 de mayo de 1977. “El Premio Cóndor de Plata fue muy importante para que se pudiera ver el Super-8, ahí teníamos una categoría específica. El Concurso permitió que la gente viera esos cortos.”

El 21 de agosto de 1971 el coronel Hugo Banzer Suárez encabezó el golpe de estado contra el gobierno popular de Juan José Torres. Paradójicamente, fue durante la represión militar de esta dictadura, que coartó las libertades civiles, cuando se vivió el esplendor del cine experimental y el Super-8. “Creo que entre el 72 y el 78 es el tiempo en el que éste formato tuvo bastante uso”. En 1978 cae la dictadura y se vive una pequeña primavera democrática. “El 79 inclusive, en la misma Universidad (UMSA) se abrió el Taller de Super-8”. En 1980 sucedería el último golpe de estado de la historia boliviana, luego del nefasto episodio encabezado por Luis García Meza, la economía nacional quedó tan deteriorada que el primer gobierno de la nueva democracia, con Hernán Siles Suazo como presidente, tuvo que sufrir la mayor inflación de todos los tiempos. Torres recuerda y sostiene: “Ya por razones económicas el acceso se volvió inaccesible, fueron los años ochenta y teníamos la hiperinflación”.

Torres fue también una víctima de las vicisitudes económicas que vivió el país en los años ochenta: “La forma en la que se cortó esa producción, fue una consecuencia de factores externos, como te decía la hiperinflación fue un factor fundamental. Las películas se las compraba de afuera, las cámaras también, el revelado se lo hacía en el exterior y los costos ya eran imposibles”.

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Segunda época

El año 2009, como gestor, Diego Torres se propuso reunir la mayor parte de la producción de cine experimental realizado en los años setenta. Bajo el título de Los años ácidos editó un DVD que reúne trabajos propios y de otros realizadores como Jaime Taborga o Rodolfo Asbún.

La cristalización de este proyecto tan anhelado no sólo contribuyó al rescate de la memoria cinematográfica boliviana, sino que también despertó en el cineasta la vieja necesidad de seguir haciendo cine en Super-8. “Lo que pasó es que al ver de nuevo estos cortos, al hacer la primera digitalización, volví a sentir que el cine era eso, que sí podía usar otros formatos, pero que no sentía esa misma relación que me daba el ver el celuloide. De ahí que volví a buscar otra vez, laboratorios, película, me pregunté si había gente que seguía filmando en Super-8”.

En 2010, el cineasta estrenó un mediometraje en Super-8, protagonizado por Jorge Ortíz (uno de los actores más importantes del cine en Bolivia). Vuelve Torres a reflexionar mientras conversamos: “Y claro, al hacer La montaña interior, yo dije, para mí el cine es hacer esto”.

Durante los últimos años Diego Torres ha seguido produciendo cortometrajes en Super-8. Su deseo de los años ochenta de realizar un largometraje con este tipo de película se hará realidad en los próximos meses cuando estrene su nueva producción. “Mientras se pueda comprar película y los laboratorios funcionen yo voy a seguir filmando en Super 8.” Así se despide Torres, un outsider del cine boliviano, que no claudica a la hora de perseguir sus proyectos.

*Crítico de Cine