TRÍPTICO ELEMENTAL DE ESPAÑA DE VAL DEL OMAR

This entry was posted on March 22nd, 2013

 

Por Almudena Escobar López

 

Acariño galaico (De barro) 1961, 1981-82, 1995

Fuego en Castilla (Táctil Visión del páramo del espanto) 1958-60

Aguaespejo granadino (La gran siguiriya) 1953-55

“La trama del universo es el universo mismo. Transparente asiento de toda vida.  Silenciosa, vacía sin contorno, llena de todo cuanto existe en la inmensidad.”

 

 

La trilogía está formada por tres poemas audiovisuales rodados entre 1953 y 1961. Se trata de tres vértices que cruzan diagonalmente España, de noroeste a sudeste, originariamente en correlación rotativa, a través de un cuarto elemento o vórtice que nunca llegó a realizarse. Val del Omar no documenta, despliega, en un viaje hacia lo elemental y primigenio. El resultado es una serie de imágenes dispuestas líricamente, un análisis del espíritu inmaterial de España pensado para percibirse con los cinco sentidos.

Se trata de lo esencial: el aliento íntimo, que precisa moverse a su antojo. Es por ello, que la proyección tradicional de la imagen bidimensional sobre la pantalla estándar se convierte en un mecanismo caduco que no invita al descubrimiento que Val del Omar pretende. Para superar este estigma, El tríptico elemental emplea diversos mecanismos técnicos que crean un nuevo espacio de diálogo con el espectador; un replanteamiento de la experiencia cinematográfica y de las posibilidades del cine.

En Aguaespejo granadino, los monumentos de Granada, el agua de sus fuentes y sus jardines bailan al ritmo de siguiriya (uno de los cantos gitanos conocidos más antiguos). La ciudad se despliega como un sueño, mostrando su ritmo interno, imperceptible a simple vista. Val del Omar diseña un montaje delirante y poético junto con un nuevo sistema sonoro que da sentido completo a este despliegue de energía. El sonido diafónico, a diferencia del estereofónico, emplea dos fuentes sonoras. Una situada en la parte de atrás de la pantalla que reproduce la banda sonora directa y real. Y la segunda reproduciendo ecos y sonidos que despiertan el subconsciente del espectador.

En Fuego en Castilla, el sonido diafónico acompaña a las imágenes de las esculturas del Museo Nacional de Valladolid y los pasos de Semana Santa. Imágenes adormecidas de la España sombría que cobran vida a través de la TáctilVisión. El sistema patentado en 1955 da una “perspectiva Cúbica Temporal” a las esculturas a través de una acumulación sucesiva de proyecciones geométricas. Pero hay más, la imagen se desborda sobrepasando los límites de la pantalla, envolviendo a la audiencia en un abrazo lumínico de imágenes. El mecanismo del “desbordamiento apanorámico” se compone de una proyección central, foveal (del tamaño de la pantalla tradicional) que queda rodeada por la imagen extrafoveal cuatro veces mayor en tamaño. En el caso de Fuego en Castilla el anillo extrafoveal esta compuesto por efectos lumínicos subliminales que sirven para componer un ritmo alrededor de la imagen central.

Acariño galaico es, de las tres, la menos complicada técnicamente y también la que más tiempo estuvo en proceso, ya que fue terminada póstumamente en 1993 por Javier Codesal para la Filmoteca de Andalucía. Val del Omar estaba interesado en un principio en representar el aire de Galicia pero termina por escoger el barro tras conocer al escultor gallego Arturo Baltar. El alma oscura y mágica de Galicia queda encapsulada en una combinación de imágenes en negativo que observan la imponente cualidad pétrea de los monumentos gallegos, sus danzas, sus lugares más recónditos y sus paisajes de roca y barro. Una imagen primigenia de lo telúrico que se completa con las esculturas de barro de Baltar y el propio escultor cubierto en barro como si se transformara en una de ellas.

Los tres espíritus de España estarían coordinados por una cuarta piedra angular que nunca llegó a realizarse. A pesar de lo inacabado, la relación de exposición de los tres elementos quedó definida como indefinida. Val del Omar establece en sus últimos textos el deseo de que el tríptico se proyecte de manera inversa a la cronología, empezando por el Acariño galaico. Sin embargo, también establece el deseo de que se manipulen en tiempo y ritmo los intervalos de imagen para que sigan teniendo vigencia en cualquier espacio temporal o cultural. La idea de presentar el tríptico inacabado, lo hace accesible a cualquier audiencia ávida por participar en el proceso de edición de la imagen. De este modo su poesía audiovisual va un paso más allá. Para empezar, se aleja de la narrativa tradicional para adentrarse en los caminos del arte conceptual que precisa de la participación del espectador para completar la experiencia estética. Pero también se adelanta sobrepasando incluso el tiempo en el que se produce. El Tríptico elemental de España circula, desbordándose no solo de la pantalla si no también de los anales de la historia. Cada espectador vive una experiencia distinta de la obra, proponiendo una revisión continua de la esencia de la realidad española, o como diría Val del Omar, una visión-revisión sin fin.