PANORAMA: TASTE OF CEMENT DE ZIAD KALTHOUM

This entry was posted on May 10th, 2017

Por Pablo Gamba

Taste of Cement, la segunda película de Ziad Kalthoum, ganó el premio al mejor largometraje este año en el festival Visions du Réel, en Nyon, Suiza. El documentalista sirio vuelve aquí al tema de su primera película, la guerra civil en su país, en un ensayo que lo trasciende y lo universaliza con amarga ironía.

La película está basada en el testimonio –presumiblemente ficcionalizado– del protagonista, un obrero del país del realizador que trabaja en la construcción en Beirut, una ciudad que fue destruida por la guerra y que hoy se reconstruye. Eso le permite mostrar las condiciones de vida de esos exiliados. Viven encerrados en el edificio que levantan. Duermen en los que van a ser los sótanos y salen por un agujero a trabajar. Ven la ciudad a través de huecos o las futuras ventanas, o desde las alturas de la construcción. No es solo el trabajo lo que los mantiene confinados, sino también el toque de queda impuesto a los sirios en Beirut.

Esa mirada a la ciudad –que solo alcanza a mostrar desde allí sectores de aspecto moderno y pujante, y la belleza del mar– es uno de los logros del documental. Pero a través de la TV y los celulares los trabajadores mantienen un vínculo con Siria que parece más estrecho que con Líbano. En el encierro al que están sometidos, viven en comunicación con lo que va arrasando de su país la guerra.

Sin embargo, no es eso lo más interesante de Taste of Cement. El film está dedicado a los trabajadores que están en el exilio y es sobre todo una meditación sobre la clase obrera y las guerras. Es una identidad que el protagonista heredó de su padre, quien también fue un obrero de la construcción que vivió tiempos de conflicto. Resumía su experiencia en una frase: “Cuando hay guerra, los trabajadores deben  marcharse al exilio; cuando vuelve la paz, deben regresar para la reconstrucción”. El contrapunto del montaje, en una parte del film, subraya la relación actual entre destrucción en Siria y la recuperación de Líbano.

Sobre esta base la película plantea una suerte de filosofía pesimista de la historia. El cambio es la continua transformación del cemento, con el cual se construyen los edificios y que vuelve a ser polvo que flota en el aire –y presumiblemente se respira y se siente en la boca– cuando los cañonazos o las bombas los derrumban. Para la clase obrera no es un espectáculo ni un campo de batalla; es un mundo donde es arrastrada de donde hay guerra a donde hay paz. Irónica es, por tanto, la dedicatoria. Suena como “proletarios del mundo en el exilio, uníos”.

Podría criticársele a este film su esteticismo. Kalthoum, por ejemplo, convierte la subida en un ascensor en un juego de luces y sombras sobre la obra, que evoca el cine de animación. Más controversial podría parecer la parte en la que pone la cámara en el interior de una mezcladora de cemento y la hace girar así sobre su propio eje, mientras muestra un recorrido por la parte moderna de la ciudad. Pero eso podría ser visto como un intento de hacer de las imágenes y sonidos una substancia análoga al cemento, que también se amasa y se amolda para crear lo que se ve y se escucha en la película: la continua construcción y destrucción.

COMPETENCIA INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

Dirección: Ziad Kalthoum
Producción: Jana Wehbe, Feras Alomare
Dirección de fotografía: Talal Khoury
Edición: Alex Bakri, Frank Brummundt
Edición de sonido: Rayan Al Obeydine, Makram Al Halabi, Rawad Hobeika, Cedric Kayem, Carine Bacha
Alemania-Líbano-Siria-Emiratos Árabes Unidos-Catar
2017