VISIONS DU RÉEL 2020: CORRESPONDENCIA, RUBICÓN Y PROFECÍA

This entry was posted on April 27th, 2020

Por Mónica Delgado

En estos días, la selección de la 51° edición del Visions du Réel ha incluido algunos cortometrajes latinoamericanos, o dirigidos por cineastas de la región. Entre ellos aparece en la competencia internacional de cortos y mediometrajes,  Correspondencia de la española Carla Simon y la chilena Dominga Sotomayor, y Rubicón, del hondureño Manuel Muñoz. En la sección Opening scenes, encontramos a Profecía, trabajo de la argentina Julieta Juncadella.

En Correspondencia (2020), las cineastas Carla Simón y Dominga Sotomayor proponen un diálogo sobre sus experiencias con el cine, y desde allí van recapitulando sus relaciones familiares, en cómo se acercan a los miembros femeninos de sus familias (madres, tías, abuelas), y de cómo establecen en imágenes esos recuerdos de infancia.

En este corto a dos manos, o a dos visiones, las dos cineastas, que además muestran el lazo amical que las une, van armando a modo de epístolas, intimidad (autorreferencial) y nostalgia, dos mundos que tiene que ver con ser cineastas y mujeres en contextos determinados, marcados ya sea por cuestiones políticas o sociales. Pero, ante todo, van develando los impulsos y motivaciones, desde los cuáles surgieron sus largometrajes. Están presentes allí el corazón de Verano 1993, De jueves a domingo o Tarde para morir joven. Es decir, en Correspondencia fluye la imposibilidad de separar cine y vida, cine de recuerdos y memorias, cine de género y sujetos que se van empoderando.

Fotos, escenas en celuloide en diferente formato, en digital, bajo la voz en off de cada cineasta, que va revelando  impresiones en primera persona y al parecer de acuerdo a algún tipo de tópico, que va fluyendo desde el tema familiar y casero y que va creciendo hasta asociar este mundo pequeño con los hechos gravitantes de un país, como lo que ha venido pasando en Chile en estos últimos meses, con una represión estatal y militar que viene cobrando víctimas.

En algún pasaje, Carla Simon se pregunta si es posible seguir siendo cineasta con la llegada de la maternidad, ya que el film aborda, también, las maneras en que sus propias madres, abuelas o amigas, se abrieron paso en entornos con diversas afrentas. Y quizás la respuesta quede en el aire, o como espectadoras podemos relacionar qué ha venido pasando con la historia del cine y las mujeres, y cómo podríamos seguir cumpliendo deseos o metas sin que la condición de ser mujeres sea visto como una desventaja.

En esta misma competencia, aparece el corto Rubicón del hondureño Manuel Muñoz, y que tiene producción de Colombia y Argentina. El film tiene un comienzo que remite al documental sociológico, con voces en off de migrantes que van narrando vivencias para llegar a un país de modo ilegal, y vemos imágenes de autopistas desde un automóvil. Sin embargo, luego del aviso de que todo se ambienta en cualquier lugar, asistimos a una mixtura entre documental y ficción, para transmitir diversos climas, ansiedades y escenas sobre la vida de paso, el no lugar y las despedidas.

La sensación de estar en algún espacio conocido, sin saber con certeza desde qué zona o país están hablando los personajes, que comentan sobre música, de personajes que no pertenecen a ningún lado, sobre el desarraigo y lo pasajero, es una atmósfera que prima en Rubicón. Y Manuel Muñoz lo hace con recursos mínimos, concentrado el espíritu del film en la relación ingenua de sus protagonistas, también personajes de paso en un espacio que se torna líquido, solo estable por breves temporadas. Un film sobre el tiempo en espacios que no parecen estar hechos para ser presevados.

En la sección Opening scenes, vimos el corto Profecía (2000) de Julieta Juncadella, coproducción entre Ecuador, Argentina y España, donde la cineasta, desde una puesta desde el analógico, ficcionaliza a partir de tres personajes, Oussama, Omamou y Youssef, migrantes marroquiés en alguna costa española.

A diferencia de otros films usuales sobre migración, que buscan ahondar en las condiciones de vida o justificaciones de índole económica, lo que Juncadella logra es dar cabida a elementos para la fascinación, la diversión entre amigos, sin las preocupaciones más mundanas o primarias. Es como si la cineasta se fijara en sus personajes para mostrarlos en una rutina distinta al estereotipo conocido. En Profecía, tres muchachos llegan en bote a una isla, para alojarse en una casa abandonada y ver desde allí la ciudad que los ha recibido. Y la cineasta los acompaña en sus caminatas, en sus viajes en el bote, y en su observación a elementos característicos de las costas.

A diferencia de Rubicón, lo que Profecía plasma es la relación de las personas con entornos nuevos, donde se sienten parte y donde hay posibilidades para nuevos comienzos.