VISIONS DU RÉEL 2020: THE PLASTIC HOUSE DE ALLISON CHHORN

This entry was posted on April 29th, 2020

Por Mónica Delgado

The Plastic House es un film sobre el luto, sobre cómo recomponer el mundo tras la pérdida de los seres queridos, y sobre cómo dar continuidad pese a todo. En este trabajo de la australiana, de origen camboyano, Allison Chhorn, emerge la sensación del tributo, de ir a la caza de aquellos detalles sobre los seres que ya no están, de abrazarlos y detenerlos en el tiempo, pero a la vez, se recupera una mirada sobre el entorno, en este caso, sobre los campos de Adelaida, y su clima húmedo y neblinoso.

El nombre del mediometraje responde a un invernadero, que se vuelve en el espacio cerrado a preservar, tanto por la flora herencia de los padres que persiste allí, como por la metáfora del recuerdo y de resguardo de memoria que la cineasta le confiere. Allí, Chhorn se registra a sí misma sembrando, cuidando cada planta, para luego intercar estas imágenes con escenas de archivo, de grabaciones caseras, donde se captura la labor de los padres en este espacio. Esta casa de plástico, debido al material que cubre el techo de este invernadero, va a simbolizar el pasado, el tiempo que es reavivado para traer del recuerdo a los padres, por momentos entes fantasmales, a los que apenas se le ven los rostros, y que lucen concentrados en sus tareas en este invernadero, que también es un espacio de unión familiar.

Las visitas al invernadero se contrastan con las escenas en la casa de la cineasta, donde las goteras y la sensación de encierro apabulla. En un pasaje, Chhorn lee un fragmento de “Mientras agonizo” de William Faulkner, y que va a condensar el tono de la pérdida y de la reinvención tras el luto: “En un cuarto extraño debes vaciarte para poder dormir. Y antes de estar vacío para poder dormir, ¿qué eres? Y cuando te has vaciado para dormir, ya no eres. Y cuando estás lleno del sueño, nunca fuiste. No sé qué soy. No sé si soy o no soy”.

En tiempos de aislamiento, el film de Chrorn aparece como un déjà vu, no solo porque explora un tipo de soledad que empata bien con el clima de distanciamiento social, sino porque desde su modo de producción (en la medida que la cineasta hizo, en todo sentido, el film), permite la esperanza de la continuidad del cine, desde el “do it yourself”, y de la indagación del lenguaje del cine desde mínimos recursos, pero con bastante inventiva. Por otro lado, la exploración del discurso autorreferencial, con pocos diálogos y centrado en imágenes de ansiedad, que evitan la soledad, y donde el sonido cumple un rol capital, logran un retrato íntimo sobre el dolor, la ausencia y el deseo de recomponer un nuevo mundo desde esos vestigios. La materialidad de la neblina como posibilidad de encuentro de dos mundos.

Competencia internacional Burning Lights
Dirección, edición, cámara, producción, sonido: Allison Chhorn
Producción ejecutiva: Chris Luscri
Australia, 47 min, 2019