VISIONS DU RÉEL 2021: SONGS OF LIVING DE CÉCILE ALLEGRA

VISIONS DU RÉEL 2021: SONGS OF LIVING DE CÉCILE ALLEGRA

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Por Mónica Delgado

Como parte de las proyecciones especiales, se vio en el marco inaugural y online de la 52° edición del festival suizo Visions du Réel, el documental Songs of the Living (Les Chant des vivant, 2021) de la realizadora francesa Cécile Allegra. Este nuevo trabajo se adhiere a los intereses expresados por la cineasta en sus documentales previos, en la medida que aborda temáticas sociales con un claro componente político y de compromiso. Estas obras previas son seguimientos o indagaciones que posiblemente cubran un territorio en particular, y que aborden a personajes vulnerables o en desventaja social y política: el trauma tras el terremoto en Haití, niños sobrevivientes de campos de tortura en Sinaí en Egipto o la violencia sexual en la guerra de Libia. En este reciente film, su mirada se detiene en un grupo de migrantes africanos que viven en un albergue regentado por una iglesia en la villa de Conques, en Francia.

La apuesta de Allegra aquí va liada a las composiciones folk o de blues de Mathias Duplessy, músico francés, ya que los testimonios o situaciones que vive este grupo de africanos sobrevivientes son acompañadas por escenas musicales, a modo de videoclips, de canciones que los mismos personajes escriben a partir de sus sentimientos, recuerdos y vivencias. La visión que Allegra ofrece se da desde el clima o calidad de la vinculación de los migrantes en esta comunidad que los acoge, en los procesos que acompaña esta estancia cálida y empática, dirigida por un grupo de terapeutas, músicos, artistas, quienes gracias al apoyo de una iglesia o parroquia, y sus sacerdotes, ayudan a sanar las huellas del trauma de la migración violenta, la expulsión y la guerra vividos sobre todo en Libia. Ensayos, talleres, almuerzos, sobremesas, llamadas telefónicas, paseos amicales por el bosque y sentidas conversaciones con una psicóloga se intercalan con momentos en que los personajes se revelan a través de canciones compuestas por Duplessy, quien también aparece en escena. Así, el film parecería hacer justicia ante tanta ignominia, y a la vez denunciar estas situaciones extremas de inequidad y violencia. Sin embargo, es inevitable que afloren algunas interrogantes, sobre todo debido al tratamiento que se hace de la figura de los personajes, o de lo que (re)presentan.

Si bien afloran las buenas intenciones en el abordaje y acercamiento a esta comunidad de migrantes, desplazada y excluida, hay subcapas narrativas que me permiten hablar sobre este tipo de experiencias donde los personajes (este grupo humano) se objetivizan, y se vuelven materia de observación o auscultación antes que sujetos de una realidad. Allegra elige una perspectiva territorial y geopolítica marcada, la de una África feroz, cruel y extrema, la de las prisiones de Trípoli, la de los desiertos voraces de Libia, la de las guerras civiles y tráfico de personas, pero donde no asoma una autocrítica a las políticas migratorias y racistas europeas, que quedan casi fuera de campo. Es como si esta arcadia de sanación supliera cualquier posibilidad de crítica colonial. Pareciera que el mal es África y urge generar condiciones para la salvación, urge los lugares de acogida sensibles y conscientes, quizás esa sea la principal demanda. Y este espacio donde confluyen las canciones hippies, las performances y coreografías curativas, las escuchas empáticas, viene de la mano de la fe en el otro, el amor al prójimo y la redención y posibilidad de libertad.

En Songs of the Living, no hay protagonistas, ya que Allegra elige mostrar un panorama desde las voces de los migrantes y desde sus posibilidades de inserción, sin embargo, cada personaje llegaría a una catarsis o proceso curador personal e íntimo cuando logra cantar la canción que le corresponde, grabada en estudio y recreada como videoclip, tal cual la fórmula de los musicales, formulaica y compositiva. Este elemento del musical genera una cuota de ensoñación o de escapismo (o de reflexión también en este caso), que quizas no se halla en la realidad (en el sujeto europeo que filma, compone y elige), sazonada con la usual y manida poética de las artes como claves transformadoras.

Hay una secuencia en la cual vemos a todos los africanos salir de paseo en una minivan y cantar una suerte de himno comunal de libertad, en medio de la carretera de curvas y bosques. Las voces empoderadas, van anunciando al menos un poco de alegría, tras las canciones previas que más bien revelan oscuridad, tristeza, desarraigo y soledad. Asoma la posibilidad de que hay una oportunidad, un nuevo comienzo, sin embargo aparece el plano del conductor, blanco, rubio y europeo, quien conduce el vehículo y los lleva de paseo. Pareciera que así se afirmara la ausencia de autonomía, y de que estos procesos deben ser conducidos por otros, para que así sean felices y exitosos.

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