CANNES 2018: CLIMAX, APOCALYPSE AFTER, MANDY, CÓMPRAME UN REVÓLVER

This entry was posted on May 16th, 2018

Por Mónica Delgado

Una muchacha histérica convulsiona en los pasillos de una escuela de baile y se convierte en una ocasional Isabelle Adjani en Posesión. Nicholas Cage encarnando a un vengador que lidia con unos seres de ultratumba extraídos de Hellraiser o quizás una directora de cine porno que fácilmente hubiera filmado una mezcla de Behind The Green Room bajo el influjo de los cortos de Kenneth Anger. El cine de referencias también logra estallidos de creatividad a partir del pastiche o la parodia aunque la sensación de déjà vu es permanente, y  lo encontramos en un grupo de films vistos sobre todo en las secciones paralelas de Semana de la Crítica y Quincena de realizadores.

En Climax de Gaspar Noé se percibe la marca de… Gaspar Noé. Si bien los planos secuencias, los travellings hacia adelante, la atmósfera lisérgica más luces de néon remiten a lo ya visto en Enter the Void, Irreversible o Love, la historia de un grupo de bailarines callejeros en una escuela va más allá de Fama o films afines donde los aprendices lidian contra todo para sobresalir. Noé reune a un grupo de muchachos para entregarlos como ofrenda para su tesis social de que “la vida en comunidad es imposible”, al someterlos a un descenso a los infiernos tras compartir un trago con ácido en medio de una fiesta. Hay una intención de convertir al film en una fábula transcendental (gente de apariencia feliz encerrada en un lugar y que termina metida en una infierno), sin embargo, Noé se luce cuando gesta el lado más sensual del film, en la medida que vemos cuerpos vibrantes, bailando a ritmo de Modorer, Daft Punk, Soft Cell o Cosey Fanni Tutti.

Pese a los momentos que entorpecen la visión de un film muy corporal o físico (cuerpos en constante movimiento, en histeria y catarsis), y que Noé sostiene a punta de diálogos o entrevistas (en la escena inicial), Clímax es uno de los films menos pretensiosos y más coherente en su forma y estilo de este cineasta franco argentino, lo que ya es un gran paso.

Por otro lado, Apocalypse After de Bertrand Mandico, proyectada en la sección especial de cortos de la Semana de la Crítica, plantea una simbiosis con el imaginario del denominado porno de los años setenta, como si los universos eróticos con cuotas de Sci-fi y serie Z cobraran una dimensión romántica. En este nuevo corto del notable cineasta francés, pareciera que ambientes de Café Flesh o Behind the Green Room hubieran sido travestidos con luces de neón y glitter.

Una directora de cine, Joy, rueda películas a punta de atmósferas extraterrenas, inspirada por Apocalypse, su musa. Con este argumento simple, Mandico dota a su film de un imaginario extravagante y kitsch, como si se tratara de un collage de los universos de Shuji Terayama, Anger, Genet, Yann Gonzalez o Fassbinder, pero en modo glam y con brillos escarlatas. Y logra un condensado de todo su universo, un corpus compacto, cuya marca incluye films anteriores como Notre Dame de HormonesPrehistoric Cabaret.

Presentada en la Quincena de Realizadores y estrenada en Sundance, Mandy de Panos Cosmatos recurre a la cita como un elemento esencial. Todo en el film está hecho a partir del pastiche. Cosmatos elabora su film desde esta conciencia del homenaje y del guiño. La sombra de Sam Raimi y su Evil Dead se impone y Nicholas Cage es convertido en remiendo de otros personajes que ya llevó a la pantalla. Pero la gracia de Mandy está en que la recreación resulta enriquecida por un acabado visual que enrarece las atmósferas, desde un neón casi permanente, con un “outfit” ochentoso, por un ritmo que rechaza las formas del cine de género del que se alimenta. Cosmatos apuesta por un film casi libre de diálogos, oscuro en su tratamiento visual y que todo el metraje está remitiendo a diversos estilos, pasando por Kubrick, Carpenter o el mismo Raimi.

La banda sonora del islandés Jóhan Jóhannsson para Mandy es un punto aparte. Sintetizadores y guitarras New Wave logran que la historia de venganza en un mundo de muertos pertenezca también al influjo de la época en la cual se ambienta el film. Es decir, la banda sonora recupera toda una memorabilia musical, pero que Johansson dilata, extiende o reformula, y hace de Mandy, a punta de estos sonidos engranados a una apuesta visual notable, un film ya de culto.

Coloco también en este resumen de cine de referencias, la latinoamericana Cómprame un revólver de Julio Hernández Cordón (Te prometo Anarquía y Las Marimbas del Infierno), ya que se trata de una distopía, donde los narcotraficantes gobiernan el país y donde casi las mujeres han desaparecido, y que también tiene de déjà vu en su traslado de algunos imaginarios conocidos a la fantasía mexicana.

Con guiños a The Road de John Hillcoat, sobre un padre que tiene que proteger a su hijo de los caníbales en medio de un apocalipsis zombi, en el film pensado por Hernández Cordón, hay que lidiar con bandas de narcos que usan vestidos de mujeres, y ser cómplices de las escapadas de un padre drogadicto junto a su hija que viste de niño para protegerla del mal. Pese a sus errores (el realismo mágico que luce muy Kusturica o el personaje del padre demasiado caricaturesco, por ejemplo), el mayor interés de este film, presentado en la Quincena, radica precisamente en darle un giro sarcástico a una historia manida (cualquier film que tenga de fondo o de centro al narcotráfico en el cine mexicano), para colocar dosis de humor negrísimo como salida optimista.