
Por Laura Arias
Las truck-movies, o películas de camioneros, conforman un amplio género cinematográfico en el que la ruta es protagonista. En todas ellas, el viaje es el eje que estructura la narración y determina el curso de los personajes. Sin embargo, en estas travesías ¿qué ocurre cuando los camiones se detienen o no sucede ningún desplazamiento? Esta es la pregunta central de Camionero, el segundo largometraje del realizador argentino Francisco Marise que tuvo su estreno mundial en el Festival de Karlovy Vary en República Checa.
Camionero es un híbrido entre documental y ficción que se aleja de las convenciones tradicionales del género; no hay viaje, no hay destino, y la ruta como escenario adquiere un papel secundario. El interior de la cabina en movimiento y el característico plano del asfalto visto desde el parabrisas están ausentes. En cambio, la película explora las pausas que ocurren entre un lugar y otro. Mientras apunta hacia los momentos de descanso, la ruta es filmada desde los costados. La cámara, al igual que el camión, permanece inmóvil. La cotidianidad se revela a través de largos planos fijos que retratan a los camioneros comiendo o conversando.
A pesar de que el título en español alude al género masculino, en este retrato coral, gran parte de los personajes son camioneras. En la primera secuencia, junto a la palabra “camionero” en tinta roja y una coqueta tipografía, aparece en escena una mujer. La película no se dedica únicamente a enunciar la presencia de las conductoras en el entorno, sino que las escucha y revela sus propias preocupaciones. Por ejemplo, las de una mamá camionera que se pregunta con quién dejar a su bebe mientras está fuera. Así mismo, evidencia cómo en lo que históricamente ha sido un entorno masculinizado, ellas encuentran su propio lugar. Se muestra una de las cabinas pintada por completo de rosa, e intensos diálogos, sobre la libertad que les brinda dedicarse a este oficio.
En el montaje, la película acude constantemente a los fundidos encadenados, a través de los cuales sobreimprime de diferentes maneras los rostros, los camiones y la carretera. Además de hacer la transición entre una secuencia y otra, también cumple una función estética. En estas terceras imágenes que se forman, queda inscrita la identidad del camionero. La cual, es el resultado de la interacción entre la ruta, el camión y el recorrido que los hermana. Los fundidos también aluden a un estado de ensoñación, similar al trance que se produce después de horas manejando con la mirada fija en un mismo punto.
Pareciera que los camioneros, detenidos en medio de la ruta, están en un estado de suspensión. A lo largo de la carretera, hilan su propio universo sincrético; aparecen personajes como “el Maradona de las gomas”, apodado así debido a sus grandes destrezas futbolísticas con las llantas. De igual manera, la dimensión espiritual ocupa un papel central. Al estar tanto tiempo fuera y a merced de la carretera, prevalecen los rezos a los gauchos, sesiones con el tarot y el fervor a la Virgen del Carmen, cuya estampita se ve colgada en los parabrisas. Aun así, los camioneros no son ajenos a la situación política que atraviesa el país. Mediante la radio y la televisión, entran en escena las dificultades con el FMI y la deuda en Argentina. Incluso, en varias ocasiones se filtran discursos de Milei de fondo.
Con gran humor y sensibilidad, la película ahonda en el día a día de estos hombres y mujeres que, a pesar de estar en constante movimiento, también se detienen a descansar. Las imágenes nos obligan a entrar en pausa y, al igual que ellos, fundirnos con la ruta, con el camión. Más que el retrato de un oficio, la película se convierte en una reflexión sobre la búsqueda de sentido y pertenencia. La carretera deja de ser un simple espacio de tránsito para transformarse en el escenario donde se construye una forma de habitar el mundo. En palabras de uno de ellos: “me hice camionero para ver si me encontraba a mí”.
Dirección: Francisco Marise
Guión: Francisco Marise, Javier Rebollo
Fotografía: Jorge Rojas
Edición: Mayra Morán, Francisco Marise
Diseño sonoro: Xabier Erkizia
Música:
Productores: Ezequiel Seguí, Olmo Figueredo, Francisco Marise
España, Argentina, 2026, 84 min