CANNES 2026: EL DESHIELO DE MANUELA MARTELLI

CANNES 2026: EL DESHIELO DE MANUELA MARTELLI

Por Mónica Delgado

Ambientada en el contexto de la presencia de Chile en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, el nuevo film de la cineasta y actriz Manuela Martelli es una metáfora en torno a la desaparición. Así como se borraron cuerpos y memorias en los tiempos de dictadura de Pinochet, en El deshielo desaparece una adolescente deportista alemana de alto rendimiento en un hotel en las montañas para confirmar la permanencia de la indiferencia de las clases medias y altas ante situaciones de esta naturaleza. Suena jalado de los pelos comparar una práctica sistemática genocida de una dictadura con la desaparición de una turista esquiadora; sin embargo la cineasta chilena pone a prueba esta poco sutil relación. Y allí está su riesgo.

Primero abordaré los logros de este film, estrenado en la sección Un certain regard en Cannes 2026, más aún tratándose de un segundo largometraje (luego de Chile 1976 (2023), que vuelve al contexto durante o post dictadura): hay un cuidado trabajo de dirección de actores, sobre todo de la pequeña actriz Maya O’Rourke, que luce convincente como niña inteligente y curiosa y que contiene el punto de vista que gobierna al film, y un tratamiento espacial que logra transmitir un entorno atrapado en las montañas. También hay un trabajo destacable en las composiciones musicales a cargo de la artista brasileña Mariá Portugal, que aporta a construir estos climas de thriller desde el inicio, marcando una suerte de leitmotiv para la intriga y angustia. Y, sobre todo, más allá del resultado final, aparece la intención de estructurar la narrativa de la película en torno a una tesis, nuestro segundo punto.

El deshielo es una película arriesgada para imaginar esta forma de problematizar un tipo de violencia institucional en un país desconectado (o enceguecido) de su pasado reciente. Es probable que hayan miles de formas de mostrar esa degradación moral y social, pero Martelli elige los ecos de obras de Östlund o Lanthimos, aunque no sé si favorece a este film que provoque de inmediato esos referentes. Desde esta premisa macro que contextualiza al film, la cineasta chilena propone un acercamiento micro desde la mirada de Inés, una niña bilingüe de diez años, que vive con sus abuelos mientras estos dirigen este hotel para esquiadores en las alturas andinas. Pasa allí sus días aburrida, sin sus padres que están de viaje precisamente trabajando como representantes de su país en la expo de Sevilla, hasta que conoce a Hanna, la esquiadora de quince años, con quien inicia una amistad entre paseos y conversaciones amenas. Luego, Hanna desaparece, lo que provoca una crisis dentro del hotel. Partir desde esta mirada inocente no le resta responsabilidad a la comparación entre desapariciones, pero apunta a que como espectadores sopesemos si esta lectura ingenua se sostiene a lo largo del metraje. 

El film abre con escenas de un material de archivo televisivo de la extracción de un iceberg que fue llevado como parte de la exhibición en Sevilla. Esta figura del hielo que aún no se derrite, no solo enfatiza lo que promete el título, sino que escoge un motivo que atraviesa todo el film en clave simbólica. La nieve aparece efectivamente como una capa fugaz, que ante el cambio de estación irá revelando el destino de Hanna. La nieve como metáfora de lo endeble que suele cubrir el horror. Por ejemplo, cuando Hanna desaparece, Inés pregunta en alguna escena si se parece o no a la desaparición de uno de los hermanos de la ama de llaves o del barman del lugar (que asumimos como víctima de la dictadura). No encuentra respuesta, así que efectivamente, no son lo mismo. Pero el film, en su interés sociológico o explicativo, no marca esa diferencia. Para el entorno del hotel de la montaña, todas las desapariciones producen los mismos síntomas.

El hotel, como un Overlook fragmentado y pequeño, y sus alrededores, está plasmado desde el punto de vista de Inés, desde su propio ángulo, como lo reflejan las escenas que describen las jerarquías familiares, con la abuela o los primos, pero esa perspectiva se empaña con las intervenciones desde la puesta en escena que buscan explicar que bastante de lo que vemos se debe al mal chileno en un periodo supuestamente de transición democrática. Este abordaje del film escapa a la comprensión del mundo de una niña de diez años. Y es allí, en la lectura anticipada de ese mal que el film se va “deshielando”. Para Martelli, hay algo en la composición social, tanto de la clase trabajadora como de las élites, que han mantenido esta nieve intacta sobre una realidad terrible. Describir esa hipocresía, que además también roza algunos estereotipos: los alemanes mostrados como una pandilla de desadaptados, o los españoles como verborreicos, recae también en los propios chilenos, ya sean policías, rescatistas o el personal del hotel. Pero mas allá de ello, hay un plano que me recordó al cuestionamiento de Rivette al travelling de Kapo (el film de Gillo Pontecorvo): la abyección. Tratar de filmar (o grabar) lo bello en lo que deviene en tragedia resulta estetizante. Las desapariciones no necesitan de planos bellos.

Un certain regard
El deshielo
Directora: Manuela Martelli
Guión: Manuela Martelli
Fotografí: Benjamín Echazarreta
Diseño de producción: Nohemí González
Música: María Portugal
Edición: Yibrán Asuad
Sonido: Javier Umpierrez
Chile, Estados Unidos, España, México, 2026, 108 minutos