
Por Mónica Delgado
En la nueva versión de Le Journal d’une femme de chambre (ya sea en su versión fílmica o literaria) que imagina el cineasta rumano Radu Jude, la burguesía es evocada como una intelectualidad kitsch, desde una mirada que la proyecta hasta adorable, que vive en un departamento en un barrio de Burdeos venido a menos, barroco, lleno de baratijas, y que demuestra a través de diálogos y acciones que no padece de corrupción, avaricia ni pecados morales como se presenta en la novela original de Mirbeau de inicios del siglo XX. Esta burguesía ya no tiene poder económico visible, autoridad social ni una mansión para pasar por refinados y virtuosos, sino más bien se les ilustra bajo el ojo de Jude como ridículos para confirmar su decadencia simbólica. La premisa es creativa y efectivamente marca distancia con la lectura social de Mirbeau, que, como afirmara Jude en algunas entrevistas, apenas lo inspira.
Esta revisitación de Le Journal d’une femme de chambre es, una vez más, como pasa con otros trabajos del cineasta rumano, una obra política ajustada a los dilemas de estos tiempos. Ante la desaparición de las burguesías como tales, queda solo su parodia, su amago, aquí proyectada desde el diario de una trabajadora doméstica rumana como testigo directa de las interioridades de esta clase social, aunque en clave de comedia con toques de picaresca. Sin embargo, estas élites que en otros tiempos provocaron respuestas de tipo político, aquí se les plantea de una manera demasiado amable, simpática, a tal punto que lo que quería lograr Mirbeau (o Buñuel o Resnais), queda aquí reducido a chistes tontos o a mofas con palabras soeces.
En este diario del siglo XXI, el giro de Jude no solo está en cómo plantea esta representación de la burguesía francesa (minimizada en su rol de élites ilustradas con poder o ya conservadoras), sino desde las nuevas formas de los “diarios”, que ahora se configuran vía Whatsapp, videos de Instagram o transmisiones en vivo de redes sociales. Esta mediatización del diario, episódica y fugaz, lo vuelve definitivamente un artefacto de lo visual y de los nuevos tiempos de las culturas participativas, y que Jude utiliza para mostrar los lazos filiales de la nueva Célestine llamada Gianina (Ana Dumitrascu), quien trabaja en Francia mientras en su país ha quedado su hija de apenas nueve años, con quien se counica mediante gags (o videos tipo Tik Tok). Este mucama que limpia piezas de arte kitsch o libros viejos, y que cuida al hijo de la pareja burguesa, encarnados por dos reconocidos actores franceces, Mélanie Thierry y Vincent Macaigne, emplea sus tiempos libres para aprender actuación en una pequeña compañía que sí lleva a cabo la ridiculización de la burguesía o clases altas a través de una adaptación de la obra de Mirbeau. Es decir, solo es posible actualizar esa novela desde la ficción, ya que en la realidad del film, solo queda el chiste grotesco o la sátira hacia esa clase social.
Quincena de cineastas
Le Journal d’une femme de chambre
Dirección y guion: Radu Jude
Fotografía: Marius Panduru
Dirección de arte: Stéphanie Delpech
Sonido: Damien Luquet
Edición: Catalin Cristutiu
Francia, Rumania, 2026, 94 min