
Por Mónica Delgado
Una de las pocas películas sólidas proveniente de América Latina dentro de las secciones 2026 en Cannes fue la mexicana Seis meses en el edificio rosa con azul de Bruno Santamaría Razo. En realidad se trata de un fenómeno de interés, ya que se trata de una película pequeña, entre documental y ficción, que aborda de manera autobiográfica algunos sucesos vividos por el propio cineasta, y que fue presentada en Semana de la crítica, una sección que poco a poco ha ido perdiendo la calidad de su selección, pero que incluyó al menos en este año a este film mexicano y a la celebrada obra francesa La Gradiva de Marine Atlan. Con un reparto formado por actores profesionales y no profesionales, y desde algunas contadas locaciones, esta obra mexicana contrastó con la ambición de otras películas latinoamericanas en las diversas competencias, ya coproducciones y con reparto internacional más llamativo.
Seis meses en el edificio rosa con azul parte de un hecho significativo. La recuperación de una memoria familiar tras el diagnóstico de VIH del padre de la familia, hecho que cambia las dinámicas filiales y que proyecta una incertidumbre en torno a su origen, la supervivencia y el futuro de cada miembro. Santamaría Razo, quien es documentalista, con obras como Margarita (2016) o Cosas que no hacemos (2020), elige la recreación de este pasaje familiar como una forma de catarsis personal que supera la marca restrictiva de la intimidad y la simple necesidad de exhumar este hecho personal como un asunto terapeútico, para ir más allá y construir un relato híbrido que busca tantear una pregunta básica: hasta qué puente el cine es capaz de plasmar la materia física de una memoria. Hay un pasaje en este film, que funciona como statement expresivo, donde se ve a la madre del protagonista-cineasta visitar una de las locaciones, que reanima una de las habitaciones de la casa familiar en los años noventa. Cada objeto, el color de las paredes, la ubicación de los muebles, admirados por la madre como si se hubiera detenido el tiempo. Es decir, cada pasaje funciona como un eco del deslumbramiento del propio cineasta ante esas escenas que se proponen como imitación espacial, territorial, de un suceso real. Y en ese sentido, Santamaría Razo nos hace cómplices de ese trabajo de memoria desde esta rescate de un espacio del afecto.
Ambientada a mediados de los años noventa, Seis meses en el edificio rosa con azul describe el punto de vista de un niños de diez años, Bru (Jade Reyes), quien vive junto a su madre (Sofía Espinosa) y padre (Lázaro Gabino Rodríguez) -diagnosticado con VIH- en un departamento que a la vez es espacio de trabajo de los padres y lugar de enucentro de amigos y parientes. Pero el film no es sobre una arcadia familiar, sino que trata de contextualizar la estigmatización en torno al VIH, más aún cuando este tema llega a las aulas del colegio de Bru, lo que ocasione que los amigos se alejen y con ello la posibilidad del primer amor. Poco a poco la intención del coming of age se va diluyendo ante un hecho que complica la percepción que tienen de sí mismos los personajes: se descrubre que el diagnóstico de VIH fue un error de laboratorio, así que los lazos construidos alrededor de esa diferencia y cuidados, se diluye.
El valor de Seis meses en el edificio rosa con azul está en ese tramado híbrido, que mezcla entrevistas reales con escenificaciones de ese pasado como parte de un proceso incluso fetichista, en la medida que generar ese eco matérico de una memoria, se vuelve en un ejercicio de devoción, pero también está en el tratamiento del tema del VIH en los noventa desde una perspectiva íntima que evita el melodrama y privilegia la reconstrucción de estos recuerdos. Su mirada crítica a la percepción social sobre esta enfermedad en ese contexto resulta especialmente valiosa al retratar el clima de desinformación y estigmatización desde el fuera de campo, cuando aún el diagnóstico de VIH implicaba exclusión social, miedo y prejuicios. La revelación de que el resultado fue un error de laboratorio no anula esa experiencia, sino que evidencia cómo el estigma opera más allá de la enfermedad misma. Así, el film cuestiona los mecanismos sociales de discriminación y algunos ramajes de índole más íntima, apostando por un discurso que busca transmitir cómo se redefinían identidades y vínculos afectivos.
Durante la proyección de este film en la sala Miramar en la Croisette de Cannes, algunxs se retiraron tras uno de los elementos más provocadores de la película: la recreación de una fiesta infantil de disfraces de temática travesti, episodio que se inscribe dentro de la escenificación de las dinámicas familiares. En un contexto cultural donde los debates sobre género, infancia y representación se han intensificado, esta escena puede generar lecturas encontradas. Mientras algunos espectadores la interpretarán como una evocación de la libertad lúdica de la niñez y de formas alternativas de sociabilidad (además se trata de una de las escenas más emotivas y divertidas del film), sectores más conservadores podrían percibirla como una transgresión de los límites tradicionales asociados a la identidad de género infantil. Es probable, que fuera de estos circuitos festivaleros, la escena no sea vista dentro de la puesta expresiva y estética del cineasta, sino que activará debates conservadores sobre la legitimidad de determinadas formas de expresión e identidad en la infancia. Y allí otro valor que obtiene el film para convertirse en una obra plena sobre la necesidad de la recomposición de las memorias pese a todo.
Semana de la crítica
Seis meses en el edificio rosa con azul
Guión y dirección: Bruno Santamaría Razo
Cinefotografía: Fernando Hernández García
Música: Léo Chermont
Edición: Andrea Rabasa Jofre
Directora de arte: Ivonne Fuentes
Mezcla de sonido: Martin de Torcy
Sonido directo: Miguel Ángel Sánchez
Producción: Carlos Hernández Quiñónez, Bruna Haddad, Bruno Santamaría Razo
Compañías productoras: Desvia Filmes, Ojo de Vaca, Snowglobe Film
Reparto: Jade Reyes, Sofía Espinosa, Lázaro Gabino Rodríguez, Eduardo Ayala, Teresa Sánchez, Anuar Vera, Valentina Cohen, Nara Carrera, Demick Lopes, Valeria Vanegas
México, 2026, 103 min