ROTTERDAM 2026: YELLOW CAKE DE TIAGO MELO

ROTTERDAM 2026: YELLOW CAKE DE TIAGO MELO

Por Mónica Delgado

Uno de los grandes atractivos de la presencia de Yellow cake, film brasileño en la competencia oficial de la 55° edición del Festival Internacional de Rotterdam, es que incluye en su reparto a Tânia Maria, la septuagenaria actriz, sensación a partir de su participación en la nominada al Oscar O agente secreto, de Kleber Mendonça Filho (quien también estuvo por aquí brindando una charla junto a Carla Simon). Sin embargo, más allá de este gancho del usual marketing del mundo de la distribución y de los festivales a partir de un personaje carismático, el segundo largometraje de Tiago Melo es una apuesta que se vale por sí misma al inscribirse dentro de los códigos del fantástico fusionados con imaginarios políticos y críticos de la vida en el campo ya abordados en un tipo del cine independiente de Brasil.

Después de Azougue Nazaré (2018), película sobre un danzante de una fiesta ancestral que lucha contra el conservadurismo del pastor evangélico de una zona rural del norte de Brasil, Tiago Mello vuelve con Yellow cake a incluir algunos elementos similares de su ópera prima, como las dosis de comedia, ingredientes de ciencia ficción -o un tipo de etno sci-fi- y una trama en torno a la reacción de una comunidad ante un ente que busca desestabilizarla. En este film, los antagonistas son unos científicos estadounidenses que llegan al pueblo de Picuí, en Paraíba, una zona alejada y rural, para instalar una pequeña base de investigación para crear repelentes efectivos contra los mosquitos del dengue, enfermedad endémica. Luego de varios intentos, descubren que el uranio puede ser utilizado en las pruebas de nuevos insecticidas; sin embargo, el pueblo al enterarse de estos experimentos hace todo lo posible para boicotear cualquier extracción de ese mineral, puesto que ya no quieren colaborar más con la destrucción del mundo, ya que antes, como en la segunda guerra mundial, Picuí abasteció de uranio para producir bombas atómicas. Así, los bandos están claros, y la intención del cineasta es proyectar una pequeña alegoría desde la defensa del pueblo y la naturaleza ante cualquier intervención que impida la vida adecuada en sus territorios.

Más allá de los recursos propios del cine de género, Yellow cake es una obra que describe desde los condimentos de la ciencia ficción y la comedia un proceso de resistencia en clave metafórica. Los científicos, con sus aliados políticos, encarnan el poder capitalista transnacional que depreda recursos en pos de agendas oscuras expansionistas disfrazadas de esfuerzo investigativo, mientras que el pueblo de Picuí (que tiene el apoyo de una de las científicas locales, encarnada por la actriz Rejane Faria) se proyecta como un foco de dignidad, al no querer ser los promotores de sucesos terribles como “las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki”, y al mantener su territorio como un bastión donde se preserva la tradición, la cultura propia, liada al respeto a la naturaleza. ¿Pueden ser los mosquitos tan temidos unos ayudantes en esta misión? Y allí precisamente cobra fuerza el adorable personaje, una vez más, de Tânia Maria, quien se vuelve una bisagra, en un gesto simbiótico entre los humanos y unos insectos que devienen en mensajeros del pasado, como si se tratara de una epifanía del diálogo entre ecosistemas.

Para entrar al mundo de Yellow cake se pacta con un tipo de humor que ya estaba plasmado en films como Bacurau o incluso en obras distópicas de Ardiley Queirós o Tavinho Teixeira. No solo a nivel argumentativo se encuentran similitudes a mostrar una parte de la historia de Brasil desde los signos del cine fantástico (que algunos quieren asociar a un tipo de nuevo realismo mágico, muy usual en las lecturas sobre cualquier uso de lo maravilloso en el cine de esta parte del continente), sino también a nivel expresivo, dotando al film de un trabajo fotográfico pleno de color y  logrado uso compositivo. Y, quizás, lo más interesante de ese segundo film de Tiago Mello sea la premisa de fondo en torno a los procesos de dominación y colonización: que apenas se insinúa en una escena donde se ve y escucha un reportaje televisivo, en el cual se habla de la resistencia a través de los siglos del Aedes aegypti, el mosquito originario de África, que debido a procesos de adaptación se reproduce incluso en lugares no tropicales como algunas zonas frías de Europa. Un odiado mosquito como símbolo de la fuerza de la naturaleza ante posibles agresores. Y eso lo comprende bien el personaje de Tânia Maria, que deviene en un emblema de empatía y comunidad, pese a la trillado y suicida de su nueva alianza en algún lugar del cálido norte brasileño.

Tiger Competition
Yellow cake
Director: Tiago Melo
Guion: Amanda Guimarães, Anna Carolina Francisco, Jeronimo Lemos, Gabriel Domingues, Tiago Melo
Fotografía: Gustavo Pessoa, Ivo Lopes Araújo
Edición: André Sampaio
Diseño de producción: Ananias de Caldas, Avelino los Reis
Diseño sonoro: Miriam Biderman, Ricardo Reis
Música: O Grivo
Productores: Carol Ferreira, Leonardo Sette, Luiz Barbosa, Tiago Melo
Reparto: Rejane Faria, Valmir do Côco, Spencer Callahan, Tânia Maria
Brasil, 2026, 97 min