UYARIY: UN REENCUADRE NECESARIO DE LA PRODUCCIÓN NACIONAL

UYARIY: UN REENCUADRE NECESARIO DE LA PRODUCCIÓN NACIONAL

Por Benji Porras

Cada palabra, cada secuencia y cada película son, de alguna forma, testimonio de las condiciones sociales en que se producen; pero debemos diferenciar de entre todas a aquellas que asumen la misión de ser interlocutoras directas de su contexto sociopolítico. Es decir, aquellas que nombran específicamente a los acontecimientos y protagonistas que definen la realidad política del país. Diferenciarlas no porque sean necesariamente mejores o peores; sino por documentar con cercanía privilegiada su presente. Especialmente porque, como repasamos en el balance de estrenos del 2025, parece ser un tipo de discurso que queda fuera de campo en el panorama cinematográfico del Perú. Y en ese sentido Uyariy (Javier Corcuera), que recoge los testimonios de los familiares de las víctimas de la matanza del 9 de enero de 2023 en Juliaca, se revela como una cinta que habla de nuestro tiempo como ninguna otra estrenada recientemente.

Si bien, por ejemplo, a partir de Locos de amor: mi primer amor (Miguel Valladares) se podría rastrear una aparente apertura en cómo las narrativas que incluyen a una pareja gay no se circunscriben solo al drama sino que comienzan a incursionar en comedias musicales. O cómo Uchpa (Antonio Rodríguez Romaní) muestra los efectos aún presentes del conflicto armado interno; no se puede decir que el cine reciente inscriba dentro de sí a la crisis vertebral que venimos atravesando en la última década, a la captura del sistema político que viene aniquilando las instituciones democráticas desde 2016. Una objeción atendible puede señalar que obras como Vivo o muerto: el expediente García (Jorge Prado Alvarado) o Políticas Familiares (Martín Rebaza Ponce de León) también pronuncian el presente. Sin embargo, en el primero solo se constata una coyuntura específica de la actualidad donde el relato caricaturesco termina por aplanar cualquier profundidad pretendida. Por otro lado, la película donde Martín Rebaza graba a su familia durante la campaña de su padre que postula por el partido Fuerza Popular, evita la conversación política y aborda apenas para sugerir las tensiones que subyacen a su familia y a la sociedad. Uyariy, en cambio, encara su momento histórico. 

El film inicia con una compilación de videos registrados por manifestantes en las protestas de Lima y Puno posteriores a la destitución de Pedro Castillo tras su intento de autogolpe. Esa primera secuencia es un golpe contundente de realidad, condensando la violencia que el Estado empuña como respuesta política en los últimos años. Una vez ubicados en el panorama terrible que los ciudadanos mismos grabamos, la cámara de Corcuera entrevista a los deudos de los asesinados que participaron en las manifestaciones de Juliaca, asimismo entrevista a miembros de la comunidad que acompañaron la protesta, como brigadas de primeros auxilios, una maestra, un cura, etc. El film es hábil para trasladar ese dolor, a veces contenido por la fatiga de los personajes, hacia nosotros. En una escena grabada durante la noche en una manifestación en Lima, se entrevista a una mujer mayor proveniente de Puno y mientras habla la grabación se va cortando y cambiando de lugar, pues en tres ocasiones lanzan bombas lacrimógenas a las distintas locaciones. El montaje de este fragmento es elocuente situando a la violencia estatal como algo ubicuo, siempre al acecho, pronta a alcanzarnos.

Otro elemento que manifiesta la intención de la película es la música. A lo largo del metraje se utilizan canciones populares y canciones escritas para los asesinados, cantadas frente a cámara como transición formal entre las historias de las víctimas y como vehículo simbólico necesario para atravesar el dolor. Esta función que les atribuye, la de medio para atravesar el presente parece recaer en la capacidad de la música para dejar constancia de un acontecimiento y la película asume esa misma misión. Así como cantan un huayno que mantiene viva la memoria sobre la represión de 1965 en Juliaca, el ya famoso “Esta democracia ya no es democracia” sobre el gobierno de Dina Boluarte o la pieza que una madre compone para su hija; de la misma forma la película busca inscribir las distintas tragedias personales en una tragedia nacional que escuchamos y  nos envuelve a todos.

Es difícil saber cómo nos mirarán desde el futuro, qué dirán de nosotros, qué documental tendrá o no un lugar en la historia. Es difícil acertar pero a veces es necesario imaginar esa mirada que, aunque ficticia, nos aporte distancia para pensar el entorno inmediato. Un ejercicio así nos permite dimensionar el documental Uyariy de Javier Corcuera, que habla de nuestro tiempo como ninguna otra cinta estrenada recientemente. Terminar este texto de la misma forma que el balance del año pasado es, como mínimo, poco elegante y creativo, pero sinceramente es la certeza que me deja ver este documental: ante la crisis profunda que atravesamos también hace falta un cine así, que mire cara a cara a la realidad para nombrarla. 

Dirección: Javier Corcuera
Fotografía: Mariano Agudo
Música: Edith Ramos
Producción: Intermedia Producciones, Quechua Films, La mula producciones, Otra Mirada, Instituto de Cine de Madrid Tamboura films
España, Perú, 2025, 90 min