
Por Mónica Delgado
Tras ver este reciente film colombiano, algunas primeras impresiones invitan a afirmar que un tipo de cine aún existe a partir del imaginario alrededor de las conquistas y caídas de Pablo Escobar. No se trata de obras que giran sobre los contornos del biopic, mafias, vendetas o narcocrímenes, sino más bien de aquellas que se insertan en lo que podría llamarse el cine de la reconstrucción (moral, social, económica) post Escobar. Si Pájaros de verano (2018), de Cristina Gallego y Ciro Guerra, funciona como una precuela de todo un sistema entregado a este negocio, que incluye la pérdida de identidad y alienación de algunos pueblos indígenas y campesinos, Meteorito de Sebastián Múnera, estrenada en la Semana de la Crítica de Venecia 83, asoma como un film secuela que imagina las sensibilidades post violencia y narcos.
Múnera ubica a sus dos protagonistas, dos amigas que viven juntas cuidando a un niño que no es de ninguna de ellas, en un territorio cercano a la Hacienda Nápoles, antiguo refugio de lujo del narco Pablo Escobar, en el municipio de Puerto Triunfo, Antioquia, hoy convertido en un parque temático que imita una selva llena de animales y flora surreal. Las dos amigas tienen un vínculo adicional a la amistad: ambas tienen a sus parejas recluidas en una prisión contigua al parque temático. Si pasan una mañana en el mencionado parque, por la tarde acuden a la visita conyugal en la cárcel. Esta contigüidad permite disolver algunas fronteras entre ese pasado, que se resiste a caducar, de trabajo, culpa y reclusión, y una vida nueva en medio de páramos de aparente libertad y sororidad.
Sin embargo, el planteamiento de Múnera en su segundo largometraje, ante este pasado que parece cubrirlo todo, se ubica en un presente que buscaría recomponer los vínculos sociales desde la intimidad y la cercanía entre estas dos mujeres que se bastan a sí mismas. Este territorio posterior al conflicto es femenino, aunque aún dependen de ese orden económico y moral que sigue operando y condicionando las posibilidades de vida de estos personajes, sobre todo desde un plano afectivo. La proximidad entre la Hacienda Nápoles convertida en parque temático y la cárcel resulta más compleja que una simple frontera entre pasado y presente: ambos espacios forman parte de un mismo paisaje de memoria, espectáculo, consumo y violencia, donde la transformación del territorio no implica necesariamente la superación de aquello que lo produjo. Así, Meteorito parece sugerir una sociedad que no ha dejado atrás el universo del narcotráfico, sino que ha aprendido a convivir con sus restos, resignificándolos y normalizándolos en nuevas formas de trabajo y afectividad.
Más allá de esta apuesta argumental, Múnera plasma un mundo cerrado basado en una serie de elementos que configuran una estética particular, planos cuidadosamente iluminados, una dirección de arte de intenciones pictóricas, donde los turquesas y celestes en paredes o vestuarios se lían a los anarajados y rojos como parte de una fórmula de color infalible. Por ello, el trabajo fotográfico de la estadounidense Arlene Müller (Coherence, 2013 o Some kind of blue, 2025) aporta a construir esta arcadia húmeda y verdosa, que brinda una materia sensorial -aunque por momentos afectada o exotizante- a este entorno de complementariedades.
Meteorito se inscribe en ese cine colombiano que ya no necesita representar directamente a Escobar para seguir hablando de las consecuencias de su legado. Desplaza el relato de las acciones del narcotráfico hacia un tiempo distinto de cuerpos no hegemónicos y afectos que sobreviven a esas estructuras de control y poder dentro de esa precariedad. Se propone una subjetividad femenina que contempla, acaricia, ansía, y que parece sustraerse al orden masculino, aunque permanece material y afectivamente condicionada por él. Así, Meteorito termina construyendo una zona intermedia, donde el pasado no desaparece, sino que cambia de forma. Su contradicción fundamental está precisamente allí: en intentar imaginar una emancipación mientras conserva, y en ocasiones embellece, las estructuras que hacen posible esa aparente libertad.
Semana de la crítica Venecia 83
Meteorito
Dirección: Sebastián Múnera
Guion: Sebastián Múnera, Martha Márquez
Edición: Rodrigo Ramos Estrada
Fotografía: Arlene Müller
Sonido: Jesús Guevara, Abel Villa Romero, Deimer Quintero Vertel
Colombia, 2026, 80 min