CÁMARA LÚCIDA 2018: UN PANORAMA DE CORTOS

This entry was posted on August 3rd, 2018

Por Mónica Delgado

Hace unos días se realizó la tercera edición del Encuentro Cinematográfico, Cámara Lúcida, dirigido por Francisco Álvarez, en la ciudad de Cuenca, en Ecuador. Su cuidada programación se basa en visibilizar diversos trabajos de corte experimental y de narrativas no convencionales, no solo de 2017 o 2018, ante los escasos espacios en el país para difundir este tipo de cine. Además que los encuentros no son solo de visionado sino también de discusión de diversos estados del cine, lo que lo hace un evento que busca entablar otro tipo de relación con los espectadores.

Este año, la muestra incluyó dos focos, a dos colombianos, a Laura Huertas Millán y a Carlos Restrepo, precisamente dos de las miradas de más relevancia en el cine de ese país. Y también se dedicó una retrospectiva al trabajo de la peruana afincada en Bélgica, Mary Jiménez, con cuatro de sus trabajos.

Como no se trata de un festival competitivo, y donde prima el corto y mediometraje, la intención de Álvarez y su equipo em la programación, radica en componer un panorama visual sostenido en la creatividad y en la capacidad de riesgo de algunos trabajos. Con films que pasaron por Rotterdam, Marsella o Bafici, la selección permite auscultar un panorama reciente, sobre todo del cine ecuatoriano y latinoamericano.

A continuación me detendré en algunos cortos de su selección:

En Palingénese de Numo Braumann (Portugal, 2017), una montaña de piedra se vuelve una cantera, como parte de un ciclo industrial que la depreda y transforma. El término de la palingenesia, que se indica en el título del film, fenómeno que permite que las rocas retornen a su estado fundido, creando un ciclo constante, pero que demora miles de años, parece optar una analogía satírica. Para el cineasta Braumann el ciclo ya parece imposible, o al menos está ya modificado en su naturalidad por la mano y herramienta humana. Esta modificación industrial, en etapas, que incluye explosiones, combazos, y un nuevo circuito que vuelve a la piedra en producto, es sostenido por una puesta distanciada, de carácter etnográfico, austera, que permite reconocer estas fases que pasan de procesos geológicos a una producción económica. La mirada del cineasta parece estar absorta ante hecho que transforma el paisaje y lo vuelve pedazos, en piedra como artefactos seriados.

Si en Palingénese, un fenómeno natural se transforma fieramente en un proceso industrial, en Fosfeno de David Gómez Alzate (Alemania, 2018), un efecto como consecuencia de fijar la vista en una fuente de luz que crea como rezagos en la retina, se vuelve motivación para realizar una analogía del montaje por asociación. Planos de flora y fauna se va articulando a una danza indígena estilizada, o al rastreo de monumentos que remiten a un pasado prehispánico que solo podría figurarse como una suerte de fosfeno histórico que apenas ya reconocemos como concreto. Bajo esta premisa, el colombiano Gómez Alzate prolonga esta metáfora tanto como efecto que trata de capturar aún en nuestra retina algo de la luz, quizás como un ilusorio negativo, pero también como forma simbólica de una historia que se va “limpiando” de las consecuencias de un pasado de colonización.

El Diezmo (Canadá, Ecuador, 2017) y Grabados del ojo nocturno (Ecuador, Marruecos, 2016, codirigido con rel músico Adrián Santoro), dos trabajos del ecuatoriano Jean-Jacques Martinod, quien reside en Canadá, muestran un estilo artístico marcado por las expresividad que permite el digital, pero también recurriendo a las formas clásicas del videoarte y del experimental, donde prima un trabajo de sonido, incluso por encima de lo visual. En El Diezmo, una voz cibernética plasma una sentimentalidad que difiere de las imágenes abstractas, que deforma aquello que lo nombrado describe. La voz permite asumir una fantasmalidad de lo versado, a modo de declaración de amor enrarecida. Mientras que en Grabados del ojo nocturno, el nombre del corto va marcando una estética del claroscuro o extraña oscuridad, que va cediendo a la abstracción pura a partir de una sublimación del desierto como espacio de horizontalidades. Este visionado permitió acercarnos por primera vez al trabajo de Martinod y descubrir su apuesta de estilo definido desde el blanco y negro.

En un polo distinto aparece Retrato lento (Ecuador, 2018) de Libertad Gills, trabajado totalmente en video, y que a partir de un paneo circular donde aparecen y desaparecen personajes, va desarrollando una suerte de thriller a causa de una banda sonora perturbadora. Lo que parece una fiesta familiar, donde todos los invitados (la mayoría mujeres) se perciben observados y que este movimiento de cámara muy lento enturbia, se va modificando en este paseo que culmina detenido en una figura masculina que parece querer librarse de este círculo que lo acaba de atrapar. Por un lado, se percibe esta incomodidad de las mujeres de sentirse observadas, como si hubiera un ente fisgón en medio de esa reunión, y por otro, hay una atmósfera familiar poco celebratoria, que Gills captura y transforma como si fuera el preámbulo de un suceso superior y quizás poco deseado.

Las expansiones (Argentina, Alemania, 2017) de Manuel Ferrari se apropia de cuatro crónicas del siglo XVI y XVII que describen para el viejo mundo cómo es esta parte del continente que comienzan a colonizar. El horror y las posibilidades económicas de estas nuevas tierras asoman en los relatos, que son narrados por voces de cronistas de Alemania, Francia y Portugal, las otras colonias que analizaban el proceso de la corona española por el Río de la Plata. La cámara decide ir por otro lado y otro tiempo. Mientras las lecturas en voz en off nos remite a tiempos virreinales, de apogeo pero también de hambruna y masacres, las imágenes transitan desde la actualidad de los puertos en España y Portugal desde donde zarparon las caravelas expedicionarias llenas de soldados y conquistadores. Así, Ferrari va entablando dos tipos de cartografías, la urbana y portuaria, quizás producto de esta depredación fruto de la colonia, y por otro, la histórica y seminal, de una Buenos Aires imaginada, viviendo quizás un tipo de suerte distinta a otros territorios de la región que vivieron de otra manera el yugo español. Revelar el horror a partir de estos reportes, que buscaban ser replicados o, quien sabe, abominados .