
Por Mónica Delgado
¿Es posible que una película de ficción en la sección Perspectives de la Berlinale evoque la artificialidad de un videojuego como Red Dead Redemption? Es decir, está allí toda la parafernalia del western, pero más allá de las “locaciones”, ambientes y roles de los personajes (algunos extras hasta parecen NPC), la reminiscencia está en cada escena marcada por el pleno artificio en su trabajo fotográfico, en su dirección de actores y en su dirección de arte, y por una serie de movimientos de cámara -algunos estrafalarios, por decirlo de alguna manera- que convierten a este film en una extraña experiencia (en un sentido negativo, claro).
La historia de A prayer for the dying, ambientada en EEUU en 1870, parte de la mirada de su protagonista, Jacob (el sobreactuado Johnny Flynn), un ex soldado que funge de sheriff en un pueblo que de pronto es azotado por una peste que va atacando sin clemencia a los habitantes. Los enfermos parecen poseídos al entrar en un estado de histeria. Jacob apenas cumple su función como autoridad, mientras el doctor del lugar, encarnado por John C. Reilly, solo se entrega a la voluntad divina. Así que aquí los códigos del western están presentes, donde el héroe está atrapado ante una amenaza, que no son las conquistas territoriales ni los indios aguerridos, sino una epidemia, y donde el pesimismo inunda la mayoría de escenas.
Dirigida por la cineasta noruego estadounidense Dara Van Dusen, A prayer for the dying tenía todos los elementos para ser una obra de interés, sin embargo hay decisiones en el tratamiento que desmerecen toda la primera parte de la película (algunas jugadas sucias como la escenificación de la lenta muerte de una niña o la forma de mostrar un suicidio) aunque mejora un poco hacia el final. Van Dusen aprovecha en ese último tramo algunos recursos para plasmar un estado febril, en clave desbordada, onírica, para hacer que la realidad sea un limbo tortuoso entre la vida y la muerte, como si la enfermedad fuera un literal descenso a los infiernos. Sin embargo, pesan más las imágenes rocambolescas de un circo de freaks en medio del desierto o la dirección de arte (vestuario y maquillaje) que exagera con el diseño de un pueblo hundido en la mugre. Todos aparecen demasiado sucios, a diferencia del médico, con una camisa blanca impecable, como si fuera el único del pueblo que pudiera asearse o lavar su ropa. Un simbolismo demasiado tosco para el intento de una poética de la fiebre.
Sección Perspectives
A prayer for the dying
Directora: Dara Van Dusen
Guión: Dara Van Dusen
Fotografia: Kate McCullough
Edición: Federico Morheden
Música: Beata Hlavenkova
Diseño de sonido: Gustaf Berger, Jesper Miller
Diseño de producción: Hubert Pouille
Noruega, Grecia, Reino Unido, Suecia, 2026, 95 min