
Por Mónica Delgado
Como pasa con Ten Skies (2004), 13 Lakes (2005) o THE UNITED STATES OF AMERICA (2021), los cielos, los lagos o las carreteras no son solo objetos de observación. Hay un trasfondo, en algunos casos, histórico que exige que el espectador genere esos puentes de sentido fuera de la extensión del film, expandiendo lo que propone James Benning a través de sus clásicos planos fijos de más de diez minutos. En EIGHT BRIDGES (2026), estos puentes con mayúsculas dejan de ser solo estructuras de alta o sencilla ingeniería, para convertirse en ecos de aquello que suele estar fuera de campo. En este sentido, los puentes que pueden partir de una lectura básica de que son sistemas que unen territorios, personas, pueblos, también son productores de sentido y que el cineasta también amplía desde un atento trabajo de recolección de sonidos ambientales.
Efectivamente en este film de ochenta minutos hay ocho puentes, entre ellos algunos muy emblemáticos, como el famoso puente Golden Gate en San Francisco, icono cinematográfico, el Rio Grande Gorge Bridge en Nuevo México, el Seven Miles, o un puente de trenes que hace homenaje a otro film del mismo Benning (RR, 2007) o puente Edmund Pettus (Alabama), que toma su nombre de un senador racista miembro Ku Klux Klan, y que luego se convirtió en un emblema de la lucha antiracista y por los derechos civiles afroamericanos tras una cruenta represión supremacista en 1965. Así que este film de Benning retoma algunos tópicos políticos de sus previos films, como little boy (2025), que estuvo también en Forum Expanded el año pasado.
El cineasta podría también estar optando por el registro de estos puentes emblemáticos desde algunos motivos: el nivel de circulación de vehículos (saturación, tráfico), en otros su nivel de accesibilidad (puentes para peatones, motos, autos o trenes), el tipo de geografía que cobija su construcción (la montaña, el mar, un lago), el nivel de relación con el medio ambiente (si cohabita, si es invasivo) y, desde lo más evidente: el tipo de estilo arquitectónico o de tecnología usada para esta ingeniería civil. Sin embargo, el trabajo de sonido ambiental arranca al film de lo puramente observacional, al incrustrar otro tipo de convivencia, marcada por la fauna del lugar, la densidad misma de los espacios o los sonidos lejanos de autos o trenes que patentan estos lugares como meras vías de comunicación, que solo sirven para pasar, mientras los puentes permanecen.
En el Q&A, Benning sostuvo que “mientras hacía la película, me di cuenta de que (los puentes) realmente simbolizan muchas otras cosas además de conectar. Sin duda, permiten el paso de bienes y servicios y contribuyen a nuestro consumo excesivo y al capitalismo. ¿Quién construye los puentes? ¿Dónde no se construyen puentes? Pensé que también era un buen momento para hacer un viaje por Estados Unidos y sentir el pulso de lo que estaba sucediendo en el país bajo estas nuevas condiciones de locura”. Esta visión de lo que hoy es EEUU, con Trump y ICE, asoma también fuera de campo ante la tranquilidad o mesmerismo que produce este clima de observación. Así, los puentes quedan como entes enajenados, liberados de todo aquello que permiten dentro de ese capitalismo que menciona Benning.
Sobre el registro sonoro, Benning sostuvo en el Q&A que la película exige “prestar atención a los sonidos ambientales, y cómo estos describen el espacio. También me preguntaba cómo el sonido de la parte trasera de la cámara se vuelve, en cierto modo, más importante. A veces, el sonido se centra más en la imagen para uno (…) Siempre me ha interesado el espacio fuera de la pantalla, especialmente definido por los sonidos. Se podría ecualizar, pero me gusta que ese tipo de cosas estén ahí. No hice ninguna mezcla. Lo hice todo en Free Mirror y ajusté los niveles, así que, en cierto sentido, mezclé, pero no fui a un estudio de mezcla, así que no lo intervine después”.
EIGHT BRIDGES propone una ética de la mirada donde lo inmóvil no es sinónimo de neutralidad. Los puentes, atravesados por memorias políticas y tensiones económicas, condensan una cartografía particular del país. Benning, fiel a su radicalidad formal, convierte cada plano en una pregunta abierta: qué une realmente una nación y qué fisuras persisten bajo sus estructuras más firmes.
