CANNES 2026: L’INCONNUE (THE UNKNOWN) DE ARTHUR HARARI

CANNES 2026: L’INCONNUE (THE UNKNOWN) DE ARTHUR HARARI

Por Mónica Delgado

En algún pasaje inicial de L’Inconnue, estrenada en la competencia oficial del Festival de Cannes, aparece en medio de una fiesta de reguetón y de disfraces una piñata enorme de la cabeza de Trump, que evidentemente será destrozada por el fulgor nocturno del público. Es un momento insertado para lograr un efecto producto del desborde carnavalesco y como punto de partida (o preámbulo) del mundo oscuro y sin sentido en que se verá inmerso el protagonista, David Zimmerman (Niels Schneider), un joven fotógrafo que se ve atrapado en un embrujo brutal al intercambiar el cuerpo con una desconocida, Eva (Léa Seydoux) luego de un furtivo acto sexual en ese lugar.

La cita a Trump queda en una ligera y actual referencia, que no tiene sostén en lo que sigue de la trama, puesto que luego del acto sexual deviene en una deriva de corte realista tras el intercambio inexplicable de cuerpos. No hay códigos que relacionen este cambio de cuerpos con algunos componentes usuales del subgénero a lo body snatchers, ni del cine fantástico en sí, ya que no hay alienígenas ni experimentos científicos de por medio. Es más, no hay un interés en los personajes por buscar una respuesta lógica a ese suceso mágico o casi oscurantista (muy en la veta visual de Polanski de La última puerta (1999) o de relatos inspirados en La metamorfosis de Kafka) sino  mas bien en encontrar al cuerpo en sí, huidizo, esquivo, inasequible, en una búsqueda del objeto fantasmagórico del deseo que recuerda a algunos pasajes de Venecia rojo shocking (1973) de Nicolas Roeg. Tampoco se está en L’Inconnue en el terreno del body horror, aunque hay ecos a algunos conceptos sobre cuerpos e identidades desarrollados por Cronenberg, ya que la obra deviene más bien en un relato de tipo existencial y de interpelación de género, ya que los hombres se vuelven mujeres y las mujeres se vuelven hombres. Allí Harari activa un mecanismo para la interpretación freudiana, ya que la idea del falo castrado atraviesa la sensibilidad de ambos personajes intercambiados.

Desde una lectura de este tipo, este pasaje entre cuerpos puede interpretarse a partir de la idea de la castración (sobre todo en el personaje de David como alguien que perdió algo desde su genitalidad), como una experiencia simbólica de pérdida y desposesión del lugar imaginario de dominio sobre el cuerpo y la identidad. El falo no equivale solamente al pene anatómico, sino que funciona como signo imaginario de identidad sexual. Harari convierte el intercambio corporal en una dramatización de esa pérdida.

La escena inicial de la piñata con la cabeza de Trump puede leerse como un gesto carnavalesco de destrucción de una figura de autoridad despótica, fascista y de supuesta virilidad hiperbólica. Iniciar la pérdida de la identidad sexual (porque David sigue siendo él mismo en el cuerpo de Eva-Seydoux) suspende jerarquías, desorganiza identidades y anticipa un mundo donde las posiciones estables se deshacen. ¿La cabeza gigante destruida grafica un desmembramiento simbólico del poder fálico? David Zimmerman no pierde solamente “su” cuerpo; pierde aquello que garantizaba la continuidad narcisista entre yo, cuerpo e identidad sexual. El cuerpo aparece entonces como algo que no se posee plenamente. Por eso la escena significativa del coito entre David en el cuerpo de Eva, y de David en el cuerpo de una desconocida resulta contundente para esta intención dramática de Harari.

Por otro lado, Harari no hace un thriller psicológico ni un film de suspenso (a lo Peeping Tom, Blow Up (1966) o Blow Out (1981)) donde se busca a partir de pistas a un ente desaparecido (además un motivo recurrente en varios films de la programación canina como en  Everytime, Fatherland, El deshielo, La perra, Teenage sex and death at Camp Miasma, entre otros films). Lo central es la angustia derivada de la pérdida. Por ello, el nuevo David cae en un trance melancólico: la búsqueda no es científica sino subjetiva, casi melancólica. Cuando el hombre “se vuelve” mujer y la mujer “se vuelve” hombre, no se trata simplemente de un cambio anatómico sino del derrumbe de las referencias imaginarias mediante las cuales cada uno se reconocía como sujeto deseante. Allí aparece la dimensión castradora: el sujeto descubre que su identidad sexual no es un atributo total.

En una entrevista a Arte.Tv de Francia, Harari sostuvo que en el L’Inconnue representa un “intercambio de cuerpos realista, algo que, hasta donde sabemos, nunca se había hecho antes”. Es probable que haya una novedad en este abordaje realista, aunque el cineasta dice que se ha inspirado en films de género que describen las interpelaciones o síntomas existenciales tras ese cambio, como le pasa con Switch (1991) de Blake Edwards , o en It Follows (2014) de David Robert Mitchell. Pese a este sueño por el realismo, este largometraje de Harari no puede eludir la experiencia fantástica de un sujeto que no coincide plenamente con su cuerpo. En este sentido, L’Inconnue se aleja tanto del body horror como de la ciencia ficción explicativa y se acerca a una fantasía existencial de castración. El horror no se debe a la invasión externa, sino al descubrimiento de que el cuerpo puede devenir en algo ajeno (como en El enigma de otro mundo (1982) de Carpenter).

En ese sentido, el film de Harari tiene una excelente primera hora, donde desarrolla esta tesis de los cuerpos perdiendo el control y su identidad sexual desde una puesta en escena basada en el clima nonsense y enrarecido (apoyado en un leitmotiv de Andrea Poggio), para desbarrancarse en una segunda hora más explicativa de la angustia de sus personajes en resignación, donde aparece el cineasta Radu Jude encarnando a un padre de familia con una hija desaparecida. A pesar de ese tratamiento condescendiente de esa segunda hora (repetitiva y enfática, agregando componentes como el de la maternidad o de relaciones familiares ya innecesarios), L’Inconnue es un trabajo estimulante de Harari, de quien esperamos mejores obras con finales menos desafortunados.

Competencia oficial
L’Inconnu
Dirección: Arthur Harari
Guion: Arthur Harari, Lucas Harari
Música: Andrea Poggio, Enrico Gabrielli, Tommaso Colliva
Fotografía: Tom Harari
Montaje: Laurent Sénéchal
Reparto: Léa Seydoux, Niels Schneider, Victoire Du Bois, Radu Jude
Francia, 2026, 139 min